Abuelo sin almuerzo, impactos de las reformas

en la asistencia social

Foto: Bradys Barreras.

Por Darío González (El Toque)

HAVANA TIMES – El apartamento de Ibrahim está en el último piso del edificio. Dan la bienvenida una puerta roída y un timbrecito envuelto en scotch tape. Él siempre abre con su gorra del equipo Cuba de pelota y se disculpa por la demora. A pesar de sus limitaciones para caminar a causa de un edema, suele tomarse unos minutos para organizar un poco la casa antes de hacer pasar a la visita.

La muleta recostada al televisor Atec-Panda y el póster de Beatriz Márquez también reciben a quienes llegan. En su sala, ambientada con la voz de Frank Sinatra, libros y diplomas por sus años de ingeniero pecuario, apenas caben los tres sillones y el sofá. Allí mismo Ibrahim esperaba el almuerzo que le traían a casa como parte del Sistema de Atención a la Familia (SAF), durante los primeros tiempos de la pandemia de COVID-19.

“Yo recibo el servicio del SAF desde que me jubilé en 2016. Cojo el almuerzo de lunes a viernes, solo el almuerzo, porque si te traen la comida junto con el almuerzo se enfría al llegar la noche y para mí calentarla es complicado. Normalmente iba a buscarlo, con un poco de trabajo por el edema en mi tobillo, pero en los primeros meses de cuarentena por suerte los jóvenes la trajeron”, cuenta Ibrahim.

Entre marzo y abril de 2020, primeros meses de cuarentena, comenzó a articularse por estudiantes de la Universidad de La Habana y la Cujae, entre otras instituciones, un sistema de mensajería para entregar los almuerzos del SAF a sus dependientes. Se concibió como método eficaz para disminuir las probabilidades de contagio de este sector poblacional, al evitar que tuvieran que salir de sus casas.

Ibrahim recibió los almuerzos del SAF todo el año, como solución cotidiana en su alimentación. Sin embargo, desde enero de 2021 su realidad se ha visto desdibujada de manera inconveniente para él.

SAF, medio para la manutención de muchos

Antes del primero de enero, fecha en que comenzó la Tarea Ordenamiento, el precio del almuerzo y la comida del SAF estaba sobre una media de 1 CUP cada una. Hasta ese momento eran subsidiados por el Gobierno, como mecanismo de ayuda a los censados (término administrativo para referirse a quienes se benefician del SAF).

Actualmente, este sistema atiende a 76 176 personas, de ellas 47.7 % son jubilados; 21.9 %, casos sociales; 15.9 %, protegidos por Asistencia Social; 7.5 %, discapacitados; 6.8 %, no jubilados; y 0.3 %, embarazadas. Los servicios del SAF antes del ordenamiento monetario eran subsidiados para el 100 % de sus beneficiarios. Ahora quedó subsidiado solo para el 15.9 %, a través de Asistencia Social. Las autoridades insisten en que solamente a ese grupo no le alcanza la pensión para cubrir el costo del SAF y tiene dificultades para llegar a fin de mes con sus ingresos.

El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social rige el Sistema de Seguridad Social en Cuba, el cual opera en dos regímenes: el de Seguridad Social y el de Asistencia Social. El primero se encarga de proteger al trabajador y su familia, ofrece prestaciones monetarias para asumir riesgos ante enfermedad, invalidez total o parcial. El segundo se dirige a personas sin recursos ni amparo familiar y no aptas para trabajar, entre ellos muchos ancianos, a los cuales se les garantiza la suma mínima necesaria para su manutención y gastos del hogar.

El Sistema de Seguridad Social es el encargado de gestionar la inserción en el SAF de quienes lo soliciten mediante el Consejo Popular y sean aprobados. Este programa surgió en 1998 con la finalidad de complementar la alimentación a adultos mayores, discapacitados, embarazadas de alto riesgo y casos sociales. La insuficiencia de ingresos y la falta de familiares en condiciones de prestar ayuda son condiciones que estas personas comparten como grupo de alta vulnerabilidad.

Según los principios de este sistema, ninguna persona quedará desprotegida o desatendidas sus necesidades básicas si queda impedida de trabajar, acorde al artículo 68 del Capítulo II de la Constitución de la República (2019).

La Asistencia Social, dentro del Sistema de Seguridad Social, no atiende a todos los censados del SAF, sino a los casos más críticos en términos de ingresos financieros. Todas las personas amparadas bajo el SAF son beneficiarias de la Seguridad Social pero no necesariamente de la Asistencia Social. Solo se acogen a esta última los censados que declaren que sus ingresos, obtenidos por vía de la pensión, no les alcanzan para costearse los servicios del SAF, canasta básica, tarifa eléctrica y demás gastos.

Ibrahim llegó al SAF por medio del Consejo Popular Colón, a través del Sistema de Seguridad Social. “Una vez que pasé a cobrar la pensión solicité que me insertaran, y por mi condición de impedido físico y baja solvencia económica enseguida me dieron la aprobación. He pasado por todos los comedores del Consejo Popular, desde Zapata y Paseo hasta 23 y 12, ya todo el mundo me conoce”, dice entre risas.

La vía para vincularse al SAF es única, los intermediarios son varios. Las solicitudes pueden llegar al Consejo Popular mediante el delegado, el trabajador social de la comunidad o la dirección de la Unión de Jóvenes Comunistas o el Partido Comunista. Aun así, no todas las personas que optan por este servicio son admitidas. Para quienes les sea denegado el servicio en primera instancia, por no ser considerado altamente vulnerable, existe una lista de espera o escalafón.

Manuel ya no recibe los almuerzos

Manuel tiene 78 años y es vecino de Ibrahim. Asegura que desde que comenzó el ordenamiento (las reformas económicas) le dieron baja del SAF sin haberle comunicado la razón.

Antiguo piloto de la marina de guerra y ávido lector, levanta la ceja como si quisiera dar un consejo y dice: “De por sí, tener a la familia y a los hijos lejos de uno es complicado, pero tenerlos lejos en estos momentos es un divorcio poco placentero para un viejo como yo”.

Poco más del 50 % de los censados son personas de la tercera edad, en medio de un proceso acelerado de envejecimiento poblacional. El incremento de este grupo es de 18.3 % a 21.3 % de 2012 a 2020. Al respecto, el exjefe de la Comisión de Implementación y Desarrollo de los Lineamientos, Marino Murillo, ha expresado: “Una sociedad envejece no porque haya muchas personas de 60 años o más, sino porque no nacen los niños suficientes para que la población se reproduzca. Ese fenómeno, unido al tema de salud con la protección que tienen los cubanos, hace que se agrave la situación porque hay muchas personas con una elevada esperanza de vida”. Además de que no haya suficientes nacimientos, los elevados índices de emigración en la población en edad reproductiva y laboralmente activa representan una fuga permanente.

El ordenamiento monetario, basado en objetivos de mejoras económicas, debería significar una ayuda para los censados del SAF, y por consiguiente para todos los beneficiados. Sin embargo, la cantidad de personas en los comedores SAF ha disminuido, según declaraciones de Marta Elena Feitó.

El bajo índice de comensales muestra un retroceso para el bienestar de muchas personas mayores en condición de censados, ya que estos almuerzos representan la mitad de su alimentación semanal. La ministra asegura que una de las causas identificadas fueron los precios y que con prontitud los ministerios de Comercio Interior y de Finanzas y Precios comenzaron a chequear lo acontecido. “De hecho, hoy hay un grupo de personas, un equipo de trabajo del Mincin que está tocando la situación que tienen los SAF”, agrega la funcionaria.

“El primer día costó 10 pesos y pico, y hubo protesta por ello, la gente no está acostumbrada a pagar esa cantidad, cuando antes era solo 1 peso. En mi caso, pasé de cobrar una pensión mensual de 602 CUP a una de 2 389 CUP. Es cierto que subió, pero no subió diez veces más como pasó con el almuerzo. Para que fuera proporcional, mi pensión tendría que haber subido hasta 6 000 CUP. Antes pagábamos 1 CUP por almuerzo y ahora son alrededor de 10 CUP. No podré darme el lujo de ir a comprar un paquete de hamburguesas de ciento y pico de pesos a la shopping, pero no me muero hambre”, asegura Ibrahim al filo de la primera hora de conversación.

Ibrahim no deja de hablar. Narra los hitos en su juventud: la muerte de su madre cuando tenía 25 años, cómo quedó solo con su padre y logró graduarse de Ingeniería Pecuaria, y atribuye el mérito a partes iguales, entre la Revolución y él. Recuerda el campo socialista y Gorbachov, el éxodo migratorio de Camarioca, habla de los hijos que se fueron años después. Insiste en que en su época las prostitutas eran diferentes, “eran gente decente”, dice. Y vuelve al aumento de precios del SAF.

Nuevos precios, otros retos

Los precios del SAF pasaron de representar aproximadamente el 5 % de la pensión a ser el 12 %. Este aumento sigue la lógica de eliminación de subsidios y gratuidades. Marino Murillo ha dicho que se hace con una intención de avance: “Para tratar de ir eliminando precios diferentes para el mismo producto. En los SAF se mueve una cantidad de recursos importante; no puedes, por ejemplo, poner una libra de pollo a 60 centavos y que valga 20 pesos en otro lugar”.

Muchas personas perciben que la pensión, pese a haber subido, no es suficiente para adquirir los almuerzos y comidas con sus nuevos precios. El Gobierno ratificó que quienes sientan que sus pensiones no les alcancen para vivir, debido a los precios recién implementados, pueden acogerse a asistencia social, la cual garantiza la adquisición de servicios SAF a precios que sean asequibles para sus bolsillos, dicho de otra manera, nuevamente subsidiados.

Tanto Marino Murillo como Marta Elena Feitó han llamado a la tranquilidad de las personas de mayor vulnerabilidad y aseguran que nadie quedará desprotegido. Si no les alcanza la pensión, deben enviar la solicitud a asistencia social y en el plazo de tres días serán aprobados. Sin embargo, en materia de asistencia social, solo puede acogerse a poco más del 15 % de los censados al no existir un presupuesto inagotable para ello (divididos básicamente entre censados del SAF, ancianos en círculos de abuelos, embarazadas de alto riesgo, así como personas con discapacidades severas y bajos ingresos a su vez).

La limitada capacidad de cupones para asistencia social puede generar controversia, demora y poca seguridad en los trámites que deben hacerse tras enviar la solicitud, en aras de poder costearse la comida del SAF.

La reforma monetaria comenzó a implementarse a principios de año, pero los medios oficiales insisten en que su estudio tomó un tiempo considerable, [por lo menos 10 años].

“Como te dije ahorita, es verdad que la comida ha subido de precio, y también es verdad que con mi pensión me alcanza para comprarla a pesar de haberse encarecido; pero no es solo el tema de los precios, es también el de la calidad del servicio. La elaboración de la comida no suele ser tan mala, pero la proteína es poca, entre hueso y pellejo a veces no hay casi pollo. Por lo regular, viene junto al potaje y el arroz”, afirma Ibrahim mientras encoge los hombros.

Otros ciudadanos del Consejo Popular Colón, como Luis, de 85 años, jubilado y excombatiente, comparten este criterio. Creen que el problema no es solo la subida de los precios, sino la depreciación permanente de la calidad de los servicios. Muestra su inconformidad con el SAF y con la atención que recibe como anciano de poca solvencia económica. Augura que su final está cerca, pero dice que no quiere partir de la manera en que vive hoy.

“No me parece correcto que hayan subido los precios de la comida, primero por la poca variedad y segundo por la mala calidad con que está viniendo. Yo fui combatiente, ¿y de qué me vale toda la vida que he dado por el proceso revolucionario para que ahora no se me dé la atención debida? Una atención mínima es lo que pido, y eso empieza por una buena alimentación. El tema es básicamente la calidad, pero arriba de eso no es correcto tener que pagar ahora 300 CUP al mes por una comida que no es comida. Yo no aspiro a tener el Capitolio, solo a tener un bloque del Capitolio, vaya. Aspiro a tener una atención debida, acorde a la vida que yo he dado por mi país”.

Así habla Luis mientras regaña a las personas que descansan en la entrada de su casa durante una cola de la tienda en dólares de al lado, a la que él nunca ha entrado por no tener esta moneda.

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