Hacer trabajo voluntario…voluntariamente

Yusimí Rodríguez

Trabajo voluntario.  Foto: Caridad
Trabajo "voluntario". Foto: Caridad

HAVANA TIMES, 4 de dic. — El domingo 22 de noviembre se conmemoró el aniversario número cincuenta de la realización del primer trabajo voluntario en Cuba.  Aquel primer trabajo se llevó a cabo en la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos y contó con más de 2000 participantes.

El promotor del trabajo voluntario en Cuba fue Ernesto Che Guevara, y lo consideraba un factor económico, ideológico y moral; un elemento importante dentro del sistema de dirección económica desarrollado por él.

Consideraba que en la etapa de construcción del socialismo y comunismo, lo importante no era solo el hecho de tener fábricas brillantes.  El socialismo se estaba haciendo para el hombre integral; el hombre debía transformarse al mismo tiempo que la producción que avanzaba.  El sentía que no se realizaba una labor adecuada si solamente se producían artículos, materias primas, y no se era a la vez productores de hombres.

El Che definía el trabajo voluntario como el que se realiza fuera de las horas normales de trabajo sin percibir remuneración económica adicional. El mismo puede realizarse dentro o fuera de su centro de trabajo.  El sentía que una de las tareas más importantes en el período de transición, unida a la socialización de la propiedad sobre los medios de producción, era la creación de una nueva actitud ante el trabajo.

Voluntario o obligatorio

Durante mi vida como trabajadora y miembro del Comité de Defensa de la Revolución (CDR), me he sentido molesta cada vez que me convocan a un trabajo voluntario.  Me gradué de profesora de inglés en 1999 y en septiembre de ese año comencé a trabajar en un tecnológico.  Fue también en ese momento que me incorporé al sindicato.

Unos meses después de haberse iniciado el curso, la secretaria de esta organización se me acercó para decirme que el domingo “tenía” que ir a la escuela porque había trabajo voluntario. Le dije, medio en broma y medio molesta por el tono de su voz y su actitud impositiva, que si era voluntario no “tenía” que ir.

Mi jefe me abrió los ojos y ella se limitó a ponerme la cara bien seria.  Cuando estuvimos solos, me dijo que si no participaba en los trabajos voluntarios me señalaba en el centro; además esta participación se tomaba en cuenta a la hora de evaluar mi trabajo al final del curso.

Y de esa evaluación dependería mi sueldo el curso siguiente.  Cuando les hice el cuento a mis padres, me regañaron.  Me dijeron que no debía negarme cuando me convocaran a un trabajo voluntario.  Ese tipo de actitud podía perjudicarme en un futuro cuando buscara otro tipo de trabajo.

Cuando una persona solicita empleo  en determinados sectores como Educación Superior, Prensa e incluso Turismo, su comportamiento social es verificado en la cuadra dónde vive.  En esta verificación no basta que la persona no haya tenido ningún problema con la ley, que respete a los demás y sea una persona trabajadora y disciplinada; es preciso saber si pertenece al CDR.

De hecho el encargado de la verificación visita al o la presidenta de la organización para formular las preguntas: ¿Realiza la guardia cederista?  ¿Participa en los trabajos voluntarios?  ¿Tiene buenas relaciones con los vecinos?  Si usted no es miembro del CDR o alguna de las otras respuestas es negativa, las posibilidades de que usted obtenga la plaza que solicita pueden disminuir.  Pero eso no ocurre por lo general.  La gente no quiere buscarse problemas y asiste a los trabajos voluntarios, que en definitiva no se convocan todos los días y tampoco hay que trabajar tanto.

La principal función del trabajo voluntario ha dejado de ser el aporte desinteresado a la sociedad para convertirse en una máscara que hay que usar, una especie de protección.

He visto trabajos voluntarios dónde la gente se ha limitado a limpiar el frente de sus casas, que además ya estaba limpio, o pararse en la acera con una escoba porque no hay nada que hacer.  Pero el trabajo estaba convocado a nivel nacional o se decidió llevarlo a cabo para saludar determinada fecha. A veces la gente no sabe para qué es el trabajo voluntario, pero lo importante es que los demás los vieron allí.

El Che establecía que por este trabajo, realizado fuera de la jornada laboral, no se recibía ningún tipo de remuneración.  Debió especificar la falta de disposición para hacerlo tampoco debía recibir ningún tipo de coacción o castigo.  Y que tampoco las personas debían esperar algún tipo de tratamiento preferencial por realizarlo.  ¿Porque en ese caso, hasta que punto es voluntario, y sobre todo, desinteresado, ese trabajo?

El documental de Sara Gómez (“Sobre Las horas extras y el Trabajo voluntario) sobre Las horas extras y el Trabajo voluntario refleja el compromiso que sentían las personas con esta práctica en las primeras décadas de la Revolución.  Muchos donaban treinta horas mensuales y más en las fábricas en que trabajaban.

Y por estas horas extras que trabajaban acumulaban méritos que luego podían enarbolar en una controversia por ganarse algún efecto electrodoméstico en sus centros de trabajo.  El documental también refleja que muchas veces estas horas extras representaban un gasto de energía eléctrica que superaba cualquier beneficio obtenido.

También en varios casos se desaprovechaba la jornada laboral por la que se recibía el salario, pero luego los trabajadores hacían méritos con las horas extras.

Muchas mujeres trabajaban toda la semana en sus puestos de trabajo y los domingos dejaban de estar con sus maridos y sus hijos para realizar trabajo voluntario.  Una de ellas cuenta en el documental que las llevaron en un camión a un lugar dónde había unas piedras que les orientaron trasladar a otro sitio.

El siguiente trabajo voluntario consistió en trasladar esas mismas piedras hacia otro nuevo sitio porque en el anterior molestaban.  Se dedicaron a mover estas piedras durante varios domingos hasta que les orientaron finalmente volver a llevarlas hasta el lugar original desde dónde les habían dicho que las movieran la primera vez.  Al final, la mujer sólo pide que no la hagan perder el tiempo.

Hace alrededor de cuatro meses realicé una recogida de basura en Alamar con un amigo artista.  La cantidad de basura que hay en las calles de nuestra ciudad es algo que me preocupa, y siento que no basta escribir al respecto.  A veces es necesario hacer algo.  También me he involucrado en la siembra de árboles ornamentales que realiza un amigo en el municipio del Eléctrico.

Eso no ha sido otra cosa que trabajo voluntario, por el que no recibiré dinero ni medallas.  Ni me interesa.   Me he dado cuenta de que la idea del trabajo voluntario es algo grandioso, más allá de ideologías e intenciones políticas.  No soy una admiradora del Che.  Además no puedo evitar ciertas reservas sobre la idea de producir hombres.

Respeto profundamente la individualidad, la libertad de opción y de acción, incluso la libertad de no hacer nada.  Pero al tomar parte, por mi propia voluntad, en las actividades que he mencionado, he sentido que vale la pena hacer trabajo voluntario, cuando es realmente voluntario y el objetivo es hacer algo útil; cuando no hay miedo ni oportunismo detrás.

Unos días atrás, escuché a una profesora de secundaria básica cuestionar a la madre de un alumno porque este no había asistido a un trabajo voluntario que le “tocaba” el fin de semana. La asistencia y la puntualidad a las clases durante la semana son obligatorias.

En el caso de las actividades de los fines de semana, también.  Pero además al alumno también se le evalúa por su asistencia a estas. No se queje si al final del curso su hijo recibe una mala evaluación, le dijo la profesora a la madre del alumno.

Los argumentos de la profesora fueron bien convincentes y estoy segura de que el alumno no se perderá ningún otro trabajo o actividad obligatoria de los fines de semana. Lo que sí va a perderse, tal vez para toda la vida, es el verdadero significado del trabajo voluntario.

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