Una especie en peligro de extinción

Luis Enrique González Muñoz

HAVANA TIMES – Siempre se ha dicho que Cuba es un museo rodante, debido a todos los automóviles de la década del cincuenta, del pasado siglo, que todavía se mueven por nuestras calles.

Hace más de dos décadas, esos almendrones, como se les conoce por la vox populi, lideraron una parte del transporte urbano que responde al servicio de taxis colectivos particulares. Ya sea en muy buen estado unos y otros no tanto, lo cierto es que jugaron un papel importante en el transporte de personas en toda la capital cubana.

A mediados del año pasado, el Mitrans adoptó una serie de medidas para los dueños de esos sexagenarios vehículos que incluía rutas, tramos, una tarifa fija algo más barata que lo precios establecidos por los choferes y, sobre todo, el problema con el combustible y las licencias a pagar.

Sobre ese último inciso me comentó un chofer que tenía su licencia operativa desde 1994, y la situación le obligó a entregarla. Pues el monto del total a pagar a la ONAT, sumando la licencia mensual, el diez por ciento de los ingresos brutos bien calculado, comprar las piezas a sobreprecio por la falta de una tienda especializada donde adquirir esos insumos a precios más asequibles, no le daba la cuenta, y tuvo que dejar de ejercer lo que después de algo más de dos décadas le dio el pan que llevaba a la boca.

Hoy en día hay mucho menos de esos taxis colectivos en la calle.  Se extrañan claro que sí, pues nos aliviaron más de una vez a cualquier cubano que necesitaba moverse apresuradamente, ya sea para resolver problemas o simplemente tratando de llegar más temprano y robarle tiempo al tiempo.

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