Un referendo envenenado sobre el Código de las Familias

“La única propaganda que ha tomado las vallas públicas, los spots de la televisión y las portadas de los periódicos va dirigida al SI aprobatorio”. (14ymedio)

Me atrevo a pronosticar que este ejercicio en las urnas dejará un récord de abstenciones y que si se impone el no será tramitado en los medios oficiales como una prueba de “nuestra democracia”

Por Reinaldo Escobar (14ymedio)

HAVANA TIMES – Faltan unos diez días para que se produzca el tercer referendo impulsado por los que llevan más de 62 años gobernando en Cuba. El primero ocurrió en 1976 para aprobar la primera Constitución de la República redactada por el Partido Comunista; el segundo, en 2019, cuando se sometió a la consideración del electorado la Carta Magna que hoy rige; y el tercero, que se realizará el 25 de septiembre de este año para el Código de las Familias.

Excluyo de esta lista la recogida de firmas para aprobar la modificación de la Constitución en el verano de 2002, donde se introdujo el concepto de la irrevocabilidad del sistema socialista. Aquello, una maniobra de Fidel Castro para contrarrestar el Proyecto Varela, no fue un referendo porque no hubo la opción de marcar NO en una boleta rellenada en secreto que se depositara en una urna.

Ninguna de las consultas mencionadas ha estado precedida de un debate donde afloren las disímiles opiniones. Los votantes solo han contado con los argumentos de quienes han elaborado estos textos. Todo lo diferente que hayan podido escuchar o leer los ciudadanos ha estado restringido a algunos templos religiosos y al acceso a las redes sociales y medios independientes que son víctima de permanente censura. La única propaganda que ha tomado las vallas públicas, los spots de la televisión y las portadas de los periódicos va dirigida al sí aprobatorio.

Esto constituye un acto de violencia ideológica equiparable a la que han sufrido y sufren los enrolados en una secta, a quienes se les impone la opinión de un líder. No importa que los postulados impuestos sean nobles o malignos. Lo perverso es la abolición de las opciones.

Los derechos, por mucho tiempo que hayan estado vulnerados, no debieran someterse a referendo. Ni la abolición de la esclavitud ni el voto de la mujer ni el uso de servicios públicos sin discriminación de raza, para poner solo tres ejemplos, han tenido que esperar a que sean aprobados en las urnas. La inclinación que tienen los seres humanos de relacionarse íntimamente y convivir como pareja con otro ser humano solo debiera tener como restricción que no se vulnere la voluntad del otro y que ambos estén en condiciones de ejercerla. Se trata de un derecho.

La inclusión en el Código de lo que se ha denominado “unión de hecho afectiva instrumentada en vía notarial” y que se interpreta como la aceptación legal del “matrimonio igualitario” no solo encuentra adeptos entre la comunidad LGBT, sino en todos lo que se reconocen como librepensadores. Los otros puntos que han sido más disputados son la sustitución del concepto “patria potestad” por “corresponsabilidad parental”, la legalización del vientre de alquiler y el otorgamiento a los menores de edad de una autonomía progresiva que ha sido vista como una amenaza a la autoridad paterna.

El Código de las Familias satisface parcialmente demandas largamente exigidas por algunos sectores de la población y al mismo tiempo alarma a otros. Incluso, hay quienes se contentan con algunos aspectos y se espantan por otros. Las personas con discapacidad, los abuelos o las mujeres que quieren defender el derecho a abortar se verán motivadas a aprobar el Código para recibir sus beneficios, pero tendrán que pagar el precio de aceptar los otros artículos aunque contradigan su formación religiosa, sus costumbres o sus prejuicios.

Para no perder la costumbre, en caso de que el sí obtuviera la mayoría, se expondrá como “una victoria del socialismo, una confirmación del apoyo del pueblo a la Revolución y al legado de Fidel”. Eso también es violencia ideológica.

Ese es un gusto que muchos cubanos inconformes, incluso que están de acuerdo con la mayoría de los artículos del Código, no querrán concederle al régimen. Lo curioso es que quienes están del otro lado, donde militan los incondicionales y abundan los machistas, los autoritarios y los homofóbicos, por disciplina tendrán que “tragarse el sapo” de las concesiones liberales y marcarán una cruz en la cuadrícula del sí.

Me atrevo a pronosticar que este ejercicio en las urnas dejará un récord de abstenciones y que si se impone el no será tramitado en los medios oficiales como una prueba de “nuestra democracia”, nunca como una derrota de la dictadura.

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