Tomando una cerveza Heinekin en Cuba

La pobreza humilla, la versión cubana lacera el alma

Por Osmel Ramírez Álvarez

Cubanos
Cubanos. Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Estaba en el sanitario cuando leí en un trozo de periódico, (que aguardaba ser usado como papel sanitario), una noticia peculiar. Era el diario Juventud Rebelde, uno de los más importantes del país y órgano propagandístico de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Por supuesto que es oficial como toda la prensa en Cuba. Con fecha 10 de junio un periodista llamado René Tamayo León anunciaba que la cerveza Heineken había sido rebajada de precio.

Pero no fue el simple hecho de la rebaja el que motivó este artículo. Lo peculiar es la forma en que el periodista inicia su comentario al respecto: “Mi economía nunca me ha dado para tomarme una (…), por lo que tuve que llamar a algunos amigos para que me confirmaran a cuánto estaba anteriormente”. Según describe estaba a 1.60 CUC y ahora cuesta 1.20 CUC (1.85 – 1.38 USD)

Nada sorprendente a simple vista porque aquí todos sabemos que 1.60 CUC equivale a 40 pesos cubanos; y que para ganarse semejante capital un obrero medio en Cuba debe trabajar más de dos días. Pero el hecho de que un periodista oficialista de un periódico nacional, uno de los más importantes del país, no gane suficiente para una cerveza y lo reconozca en su artículo, es bochornoso.

Inaudito tanto el hecho de que suceda como la circunstancia de que sea reconocido; máxime si es en el encabezamiento de una noticia donde se anuncia una rebaja de precio para nada importante. Forma parte de las cortinas de humo que lanza el gobierno para simular mejorías y esconder fracasos. Da vergüenza reconocer estas cosas, pero son parte de la más cruda realidad. Exhibimos ante la OMS una mortalidad infantil casi nula, ¡una proeza enorme!, y no podemos venderle al pueblo una cerveza al alcance de su bolsillo (ni mil cosas más que ahora no son objeto de este análisis).

En este eterno verano que es Cuba es una tortura exhibir en un refrigerador transparente las cervezas y los refrescos helados; y mientras uno les pasa por al lado buscando el detergente o el aceite (compras sumamente necesarias e ineludibles que nos roba todo lo que ganamos), la garganta se nos reseca aún más por las sensaciones que produce observar su atrayente imagen.

Pero comprarlas es prohibitivo, ¡ni pensarlo! Al lado tuyo una familia dichosa (porque tiene parientes en el norte o uno de sus miembros está cumpliendo misión), saca una tarjeta de crédito “mágica” y como si no le doliera nada semejantes gastos, entre compra y compra, empiezan a pedir gaseosas para los niños y cervezas para los mayores. Ahí la sed de los “sin CUC” que los observamos “boquiabiertos” se vuelve insostenible y tienes que abandonar la tienda aunque no hayas revisado todo lo que querías.

Incluso porque si andas con tus hijos, ellos que son inocentes y no saben cómo funciona la cosa, se ponen a pedirte “de eso que están comprando esa gente” y no hayas que excusa darles. Es gracioso pero aquí se estigmatizó el pasado capitalista con la imagen de los pobres observando en las vidrieras las mercancías soñadas que les resultaban inalcanzables y terminamos en ese mismo punto por el camino del socialismo radical.

La pobreza humilla. Pero la pobreza del cubano lo hace aún más: lacera el alma. En la mayoría de los países hay millones de pobres con bajo poder adquisitivo, como nosotros. Eso lo sabemos. Pero la causa de su pobreza les imposibilita de sufrirla a conciencia, al menos no tanto como nosotros. Una persona marginada, con bajo nivel cultural, viviendo en condiciones insalubres desde que nació, hijo de padres de igual condición, asimila su pobreza como algo normal y la sufre en lo material, pero no en lo sicológico.

Sin embargo la gran mayoría de los cubanos no somos marginales y tenemos un nivel cultural relativamente alto, más allá de las deficiencias de nuestra educación. Estamos preparados para la prosperidad pero vivimos en la más indignante pobreza. Es por ello que nuestro peor sufrimiento es en la psiquis. Si a una persona preparada se le compara con un “indio con levita”, los cubanos seríamos “blancos con taparrabos”. La expresión es racista y por ello condenable, pero más allá de su significado literal está el mensaje analógico que quiero trasmitir.

Un cubano ejerce una profesión en Cuba y gana entre 50 y 100 veces menos que cualquiera que haga su trabajo homólogo en República Dominicana o Panamá, países de nuestra área. Ni siquiera comparo con Europa o los EUA. El salario cubano está deprimido 25 veces con relación a 1989, porque más o menos el poder adquisitivo de un peso cubano de entonces era el de un CUC ahora. Pero incluso si el gobierno cubano decidiera pagar el salario de todos los cubanos en CUC y en el supuesto de que eso no provocara inflación, aún tendríamos los salarios más bajos de Latinoamérica y el caribe.

Lo peor es que ningún otro país del área hizo una revolución ni instauró el socialismo supuestamente para tener la sociedad más justa; ni esos pueblos fueron despojados por el estado de todas sus riquezas para que haya más justicia e igualdad. Suena a engaño y a fracaso. Lo peor es que por el camino que vamos ni en el 2130 habrá mejoría justa para los cubanos.

Está claro que con el socialismo radical y el sistema estatal centralizado, no mejoraremos. Ni hay futuro ni esperanza por el camino que vamos. Se impone cambiar el rumbo hacia un derrotero que nos lleve a una sociedad más justa y democrática, con una economía dinámica, productiva y eficiente. Siguiendo este ejemplo, solo así podremos tomarnos un día una cerveza Heineken o de producción nacional sin depender de una remesa; o de que un padre o una madre se separe por años de su familia, explotado en el extranjero por su propio gobierno.

Es un gran reto que demanda grandes cuotas de civismo, tolerancia y buen juicio. Es mucho el sacrificio de nuestro pueblo y son grandes sus necesidades: razón de sobra para no cejar jamás en el deber sagrado de empujar hacia ese cambio, tan necesario como inevitable.

10 thoughts on “Tomando una cerveza Heinekin en Cuba

  • Excelente, es así!

  • He tratado de entender la pobreza acá en México. Definitivamente, es diferente de la pobreza en Cuba. Acá un pobre se conforma con muy poquito, el conformismo es la clave de la pobreza mexicana. hablo de la pobreza urbana, la pobreza campesina casi no la conozco. Tener unos tenis o ropa de marca, un celular grandote, ir a un restaurante de vez en cuando, tener internet, subir fotos al face, son paliativos que hacen sentir que uno no es pobre o al menos no le das importancia porque todos los que te rodean están igual.
    Una diferencia con la pobreza cubana es el acceso a bienes que en otros países están al alcance sin tanto problema. Otra, es que hay mucha gente educada en Cuba y que apenas sobrevive con lo que gana. Eso es lo que ,como dice Osmel, lacera el alma. la conciencia de saber que eres pobre y que va a ser muy difícil salir de esa condición. Acá ese tipo de conciencia casi no existe, se disfraza.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *