Referendo revocatorio: ¿Por qué Venezuela sí y Cuba no?

Foto: Juan Suárez

Por Ronal Quiñones

HAVANA TIMES – Aunque parece que al final no se va a dar, en Cuba hubo mucha expectativa con la posibilidad de realizar un referendo revocatorio contra el presidente venezolano Nicolás Maduro.

Este lunes, el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela informó que no se activará el sufragio tras recolectar únicamente 42 mil 421 firmas, de las 4,2 millones necesarias a nivel nacional.

La oposición alega que el gobierno no dio tiempo para recolectar las rúbricas, pues según lo establecido debe anunciarse la fecha con al menos 15 días de antelación, y ahora todo se redujo a unas 12 horas para intentar decidir en las urnas si Maduro culmina su segundo mandato de seis años en 2025.

Entrando en Cuba, y más allá de que aquello prospere o no, la pregunta que ronda es: ¿Por qué Venezuela sí y Cuba no? La respuesta es clara: porque nuestra Constitución no contempla ese recurso democrático.

De acuerdo con la Constitución venezolana, tras cumplirse la mitad del periodo de mandato del jefe de Estado, un mínimo de 20 por ciento de los inscritos en el padrón electoral puede solicitar la convocatoria de un referendo revocatorio.

En el caso venezolano, se necesitaban poco más de cuatro millones de firmas, mientras que en Cuba serían aproximadamente la mitad.

Ya sabemos que legalmente no está establecido, pero la pregunta ahora sería: ¿prosperaría un revocatorio contra Díaz-Canel?

De entrada, con el clima de pánico que existe en la isla, es complicado que dos millones de personas pongan en blanco y negro su nombre y apellidos para solicitar la democión del presidente.

Si a esto agregamos que el país se encuentra en pleno proceso de “limpieza”, con muchos líderes opositores encarcelados y un éxodo semi-oficial bastante notable, todo se complica aún más.

Esto último es una estrategia bastante vieja de los dirigentes cubanos para salir del personal más incómodo. Se hizo a principios de la Revolución, con los sucesos del Mariel en 1980, y con la crisis de los balseros en 1994, y ahora se retoma con la vía Nicaragua.

Sí, porque no quepa duda que esa repentina decisión del “compinche” Daniel Ortega de eliminar los trámites de visado se tomó en La Habana, y busca precisamente que todos los que no apoyan a Díaz-Canel abandonen la isla.

Aunque el proceso migratorio nunca se ha detenido, estos han sido los momentos en los que se tornó masivo, y el trasfondo político es evidente.

Por eso incluso si existiera la posibilidad de un revocatorio o un plebiscito, es difícil que se obtenga la mayoría si quienes deberían decidir con su voto ya no están en Cuba para ejercer su derecho.

No dudo que a manera de lavado de imagen hasta se proponga esa posibilidad, concientes los gobernantes de que no hay opositores suficientes como para derrotarlos en las urnas. De todas maneras es un riesgo al que quizás no se atrevan, pero honestamente creo que pudieran hasta ganar.

Evidentemente, si esto se hace y salen ganadores, nadie los sacará del poder en este siglo, porque si en medio de todas las violaciones de derechos humanos que se han cometido y se siguen cometiendo el resto del mundo mira de manera impasible, luego que “democráticamente” demuestren el supuesto respaldo popular, la vida seguirá igual, como decía la canción.

Por eso se pide desde muchas partes que la gente no se vaya, pero hay que entender a los que sufren a diario los atropellos, los que fueron marcados como parias, los que perdieron sus fuentes de ingreso, y hasta los que simplemente están hartos de pasar tanto trabajo para sobrevivir.

Cuando tu salario se te va como agua entre las manos para resolver apenas lo mínimo indispensable, cuando para conseguir algo tan básico como un pan tienes que pasarte horas haciendo cola, cuando para desplazarte tienes que invertir buena parte de tu tiempo, o cuando no puedes expresarte libremente, es casi imposible no pensar en buscar otros aires.

Y nótese que en este último párrafo no estoy hablando de los opositores estigmatizados, ni de los encarcelados por protestar, me refiero al resto de la población, exceptuando a los dirigentes y quienes tienen prebendas, o sea, a la mayoría del pueblo cubano.

Pero si quienes deben guiar a ese pueblo salen del país (por supuesto, por razones entendibles también), esa masa atemorizada no tendrá el valor suficiente de dar la cara para que haya un cambio real.

El tema es bien enrevesado, porque está el derecho de quienes deciden abandonar el barco, aún a sabiendas de que eso va contra el bien colectivo. Al final, debemos entender que cada cual debe velar por sí mismo, y la vida es una sola.

La desesperanza ha sido precisamente una de las principales armas de este gobierno para mantenerse en el poder, la impotencia de las masas para intentar el cambio, el conformismo y el miedo a empeorar las cosas por expresar descontento. Esto se ha visto recientemente incluso con familiares de personas juzgadas por los incidentes del pasado 11 de julio, que han salido por la televisión nacional justificando las condenas a sus familiares.

Todos saben que es una minoría, y esos familiares seguramente son de los que provocaron disturbios, pero duele igual que los manipulen de esa manera para lavar la imagen de unos procesos marcados por la injusticia en su gran mayoría, y unas condenas excesivas.

Por eso las fronteras de Nicaragua seguirán invitando a la partida definitiva, y la sangría no se detendrá hasta que el gobierno se sienta nuevamente con la mayoría en sus manos, que no es sinónimo de apoyo.

Cuando llegue ese momento veremos como esa puerta se cierra de la misma manera abrupta en que se abrió, y quizás hasta nos enteremos que habrá revocatorio en Cuba.

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