Receta para pintar demonios

Por Amrit

Tiburrones
Tiburrones

HAVANA TIMES, Feb.  8 — Miguel creyó que al ser aceptado en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) iba  a librarse por fin de la maldición de ser un pintor autodidacta, que no puede exponer en las galerías autorizadas para la venta.

Jamás imaginó que una vez declarado legalmente “Artista Plástico.” una vez que su nombre estuvo asentado por fin en el Registro del Creador, lo cual lo autoriza legalmente a comercializar su obra, otras extrañas barreras se levantarían…

Luego de experimentar la alegría de que su trabajo fuera valorado por un jurado de profesionales donde él no tenía “amigos.” ni socios” ni alternativa alguna para atenuar el rigor de la selección, (que siempre, con todo lo que se pueda decir a favor de la honestidad del jurado, será subjetiva) a esa satisfacción  de haber triunfado sólo con el mérito de las largas horas dedicadas a reflejar en cartulinas y lienzos lo que él llama “su relación con Dios.” y después de ultimar los detalles burocráticos para poder colocar su obra en las pocas galerías  comerciales, inició el ansiado recorrido, con sus papeles en el bolsillo y la esperanza como horizonte.

En la primera galería, la especialista, luego de ver el lienzo que desplegó ante ella, le dijo que volviera a finales de diciembre, después de terminada la feria FIART, en las que iban a estar inmersos por el momento.  Al regresar en la fecha indicada,  y luego de haber montado la pintura que iba a exponer, la misma especialista, muy amable, le informó:

“En una reunión se nos dijo que hay que empezar a devolver trabajos porque no se venden.  Déjame tu teléfono…”

Cualquiera sabe lo que significa una llamada en suspenso, perdida en la inconsistencia del tiempo y ¡peor!, en el inmediato reclamo de la supervivencia.  Rehusando mirar todo lo que atraía a su mirada (y su estómago) a lo largo de la calle Obispo, donde pululaban las ofertas gastronómicas, (las mejores en divisa, por supuesto), Miguel llegó a la segunda galería sólo para enterarse de que la iban a convertir en una joyería.

“Dejarán expuestas algunas pinturas, pero todavía no se sabe cuáles”, comentó, indiferente la especialista.

“¿Y cuánto tardarán en saberlo?”

Por toda respuesta, la especialista se encogió de hombros.

Pero la vida no es del todo gris si hay todavía una galería en el horizonte.  La tercera y la última.  Aquí, la especialista, con expresión desdeñosa, hizo que el pintor desplegara el lienzo, al que apenas miró, y dijo en tono displicente:

“Tráeme un disco con varias imágenes para yo seleccionar un tema.”

A Miguel, la idea de repetir una pintura para complacer las demandas de una galería no le causaba una particular alegría, pero podía hacerlo, así que se sentía animado al regresar por Obispo, y  a pesar del ruido de su estómago que el ligero peso de un helado  no consiguió callar, e invirtió sus últimos centavos dólar en un CD para portar las imágenes de sus obras.

En el siguiente encuentro, la especialista, luego de reconocerlo,  dijo (en el mismo tono displicente):

“Como yo te dije, no estamos aceptando trabajos porque se va a remodelar la galería.”

“Pero usted no me dijo eso –balbuceó Miguel, y aturdido le mostró el CD y una hoja con su currículo– me dijo que le trajera varias imágenes, que usted me encargaría un tema.

La especialista tomó el CD, miró el currículo (con idéntica infernal displicencia),  y preguntó:

“¿Pusiste tu teléfono, no?”

Por supuesto que hasta la fecha, no lo ha llamado nadie.  Pero lo que parecía inexplicable tomó otro inesperado matiz al contarle su experiencia a unos amigos, también artistas plásticos.

“Es que las cosas no se hacen así…  –le reprocharon– Si quieres exponer en esas galerías tienes que hablar “aparte” con la especialista, darle “algo” o decirle que si se vende la pintura ella se quedará con un porciento.”

“¿Un porciento, además del que ya cobra la galería?”

“¡Pero, claro! ¿Y de qué va a vivir la especialista? Es así como se hacen las cosas.  Y si quieres hacer una exposición en una galería importante tienes que darle “algo” al especialista y luego tirar la casa por la ventana: imprimir buenos catálogos, conseguir a alguien que te anuncie por la televisión, por supuesto que esos contactos también se pagan…

A Miguel le pareció sumamente raro eso de empezar por el final, pues si expones para vender porque te hace falta (dinero y reconocimiento) ¿cómo pagar  costosísimos catálogos? ¿Cómo aprender a sobornar cuando uno cree en la sinceridad?

Le pregunté si después de esto seguirá pintando ángeles y respondió  que sí.  Pero si yo fuera él, aunque sea por una vez pintaría un cuadro donde se vea la Habana repleta de demonios, o mejor aún: una Cuba que se están comiendo los tiburones*.

*En el argot popular en Cuba se le llama “tiburones” a los comerciantes inescrupulosos, esos que abusan de la necesidad del cliente. * In Cuban slang, “sharks” are unscrupulous merchants who take advantage of their customers.

One thought on “Receta para pintar demonios

  • Mientras se seguira pagando favores la corrupcion no terminara nunca, lo que tiene que hacer Miguel es sacar un permiso para vender sus cuadros en los mercados de artesania que me parece que es donde la gente va mas, no en las galerias p’q saben que todo cuesta mas

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