Nicaragua: Los liderazgos juveniles y la unidad en la acción

La tarea de los liderazgos para recuperar la certeza de una salida democrática

Por Harley Morales-Pon (Confidencial)

HAVANA TIMES – En este punto de la crisis en Nicaragua los análisis políticos escasean y hasta cierto punto cansan. Lo que está pasando desde 2018 se describe simplemente con la palabra dictadura. Así han actuado estos regímenes históricamente. Lo que es necesario en este momento es decidir si la incertidumbre va a ser el día a día de las y los nicaragüenses o si habrá un camino esperanzador hacia la democracia. Esto último es tarea de los liderazgos.

Hay que tomar en cuenta varias cuestiones que llevan a pensar que la condición más importante  para derrotar al régimen es la reactivación de un bloque opositor amplio, plural y multisectorial dirigido hacia la acción. Primero, aunque la memoria nos lleva a 2018, el año de la insurrección de abril, la lucha es completamente distinta. Las probabilidades de levantamientos espontáneos son casi nulas. Segundo, aunque la gente, tanto en Nicaragua como en el exilio, ha perdido la esperanza en la oposición en su objetivo de dirigir la lucha, es importante reconocer el rol de la Alianza Cívica y la Unidad Nacional, así como la capacidad organizativa instalada que estas tienen y su reconocimiento frente a la comunidad internacional.

Por último, y tercero, lo cierto es que no hay ejemplos de movimientos cívicos que hayan derrotado a una dictadura como la de Ortega. Los más grandes ejemplos de caídas de regímenes totalitarios fueron consecuencia en su mayoría de cambios en el plano internacional. De igual forma, Estados Unidos ha cambiado su política exterior con respecto a Latinoamérica y no posee recetas de cómo derrocar dictaduras totalitarias por la vía cívica, si acaso se espera del norte la solución.

Incluso, por más que las sanciones del departamento de Estado o las resoluciones de la OEA suban la moral de algunas personas, haciéndolas sentir acompañadas, lo cierto es que no cambian la correlación de fuerza a lo interno y tampoco generan esperanza en las y los nicaragüenses, cansados de pleitos internos en la oposición y decididos a seguir sus vidas a pesar de la dictadura. La tarea está en los liderazgos.

En este punto hay que dejar el cinismo político que muchas veces ha acompañado en estos últimos años a quienes hemos estado organizados en movimientos opositores. Y es que muchos sabemos quiénes han tenido y tienen la suficiente fuerza política para dar pasos hacia la unidad o derrumbarla. Por un lado, la Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN) es un fuerza decisiva por el simbolismo de sus integrantes como son los presos políticos Lesther Alemán y Max Jerez, su posición en la Alianza Cívica y su cercanía con el sector privado. Por otro lado, los liderazgos juveniles de la Unidad Nacional Azul y Blanco, tales como Amaya Coppens o Yaritza Rostrán, por su simbolismo en la resistencia estudiantil y en las cárceles de la dictadura, su credibilidad frente a la opinión pública y su capacidad organizativa.

Pero sobre todo, porque estas organizaciones significan un punto de unidad entre los demás actores, distanciados muchas veces dentro del espectro político nicaragüense. Si estos grupos trabajan como una bisagra, la unidad será posible.

¿Qué hacer por ahora?

    -Unidad entre los liderazgos de las organizaciones de jóvenes: AUN y Juventud de la UNAB. Esta unidad debe ser construida lentamente a través de la creación de espacios de diálogo y construcción de visiones comunes.

    -Llamamiento a que los sectores de la Alianza Cívica y Unidad Nacional se acerquen a compartir el proyecto de unidad de la juventud. Sin la creación de una plataforma amplia con liderazgos decididos prevalecerá el miedo y la incertidumbre, la unidad es el llamamiento que definitivamente harían Juan Sebastián Chamorro o Félix Maradiaga.

    -Activación de las bases territoriales de ambas plataformas, construidas en primera instancia con fines electorales, a construir organizaciones seguras en redes y en colaboración. La articulación entre la acción política interna e internacional es condición necesaria para derrotar a la dictadura.

    -Existen dos países de gran presencia de exiliados nicaragüenses cuyas diásporas tienen un gran peso en la difusión de mensajes en redes sociales, apoyo humanitario a organizaciones sociales y políticas en Nicaragua y presencia en foros internacionales en pro de denunciar la violación de derechos humanos: Estados Unidos y Costa Rica. Por tanto, es fundamental esfuerzos para la inclusión de sus verdaderos representantes en el proyecto.

    -Es decir, hay que construir liderazgo colectivo  para el trabajo interno en internacional que se articule a una sola voz y acción por Nicaragua.

    -El sector privado es un tema que genera mucho desánimo, sin embargo, es fundamental que el camino de la unidad a construir para lograr la democracia, sus representantes y su accionar sea percibida de manera positiva por un sector que teme mucho de los cambios políticos abruptos. Al sector privado, y sobre todo a los grandes capitales, hay que incentivarlos al camino colaborativo hacia la libertad con las cámaras del COSEP y empresarios independientes. El sector privado sabe que incluso el derecho a la propiedad privada está en peligro.

No es una sorpresa que las agendas de la cooperación internacional no siempre se adecúan a los ritmos y maneras de actuar de quienes dirigen la lucha, pero también es cierto que éstas juegan un rol fundamental en acercar y apoyar a quienes directamente accionan como activistas contra el régimen. Lo fundamental es que las agencias enfoquen sus esfuerzos, no por forzar la unidad, sino por fomentar espacios de diálogo y entendimiento.

Este no es el momento de las disputas políticas en el seno de la oposición propias de un régimen de competencia democrática. Los grupos deben ser conscientes que en este punto no sólo está en juego la vida y el bienestar de millones de nicaragüenses, sino también la existencia misma de dichos grupos. Hay que unirse para recuperar la vida política. Hay que recuperar la certeza democrática.

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