Ni Pravda, ni Granma, ni NY Times

Por Martín Guevara

HAVANA TIMES – Hoy no hay dos bloques como cuando surgió esta desconfianza mutua entre Rusia y EEUU y sus satélites, cuando existían tales bloques, en materia de información era sensiblemente peor en el socialista. No solo no se podía estar informado de nada de lo que publicaba la prensa “enemiga”, sino que no se podía ni siquiera mascar un chicle ni comer una hamburguesa, comprar un Ford, viajar al capitalismo, hasta había una tela que reunía las características para ser considerada enemiga: el blue jean, “pitusa” en cubano.

Aquello cuando no era asfixiante era sofocante, TASS daba la orden desde la URSS y Prensa Latina , así como cada agencia de los países del CAME, luego COMECON y afines, tenían que publicar eso y no moverse ni un ápice.

Usemos memoria, claro que hemos visto más manipulación que el espanto de manejo tendencioso de las noticias en esta invasión de Ucrania y las de Irak o Afganistán de Bush, mucha más, hasta límites que hoy parecen distópicos. Por ejemplo, no supimos nada del deterioro del campo socialista europeo, hasta la caída de un día para otro del comunismo en Alemania, Polonia, y hasta que cayó completamente. Sobre las huelgas del sindicato Solidaridad, que eran las mayores en el mundo, nos decían que eran unos pocos exaltados manipulados por la CIA.

Cuando ocurrió el desastre de Chernóbil, en los periódicos Granma y Pravda salió la noticia de que había habido una pequeñita salida de material radiactivo y que solo había afectado a “dos operarios”, lo recuerdo como si lo estuviese leyendo hoy.

Luego a los años cuando me enteré que había sido el peor accidente nuclear, me embargó una mezcla de rabia y pena, pensando en cuantas cosas más nos habrían mentido cada día durante tantos años, supongo que en todas las que fuesen de su interés. De ahí nació que decíamos en Cuba, que la única información verídica del Granma era la fecha. Claro, el bloque que ha salido triunfador de la contienda.

Muchas veces, incluso los generales que participan activamente en guerras, al cabo de los años padecen serias depresiones al enterarse de que fueron utilizados con excusas espurias para fines perversos y con objetivos completamente distintos a los declarados.

En Las Malvinas, hasta el mismo día de la rendición de las tropas argentinas, la prensa vendía que Argentina iba ganando, que los ingleses estaban casi derrotados. El propio Hitler, a la vez que mandaba a la población a las cloacas y túneles de Berlín, donde poco más tarde, de la manera más cruel ordenó sacrificarlos, mandaba a publicar que aún cuando Alemania estaba haciendo sacrificios notables y notorios, sin embargo, estaban ganando la Guerra, cuando ya, literalmente, habían perdido todo.

Lo mismo ocurrió con Rusia en Afganistán, y Estados Unidos en Vietnam, cuando tras sacrificar la vida de dos millones de vietnamitas a bombazos, tiros, Napalm, agente naranja, mientras corrían hacia los pocos helicópteros que no habían abandonado la zona devastada, su prensa decía a su opinión pública que todavía se podía ganar, aunque hay que decir, que en todo caso, esa fue la guerra mejor contada, en la que se llegó a un punto álgido de excelencia periodística, más agracias a la lucha y emancipación de los periodistas que a licencias de imparcialidad informativa de los medios. También cabe decir que en Nueva York ya no había casi medios de prensa que apoyasen la guerra, por el desfile de bajas norteamericanas y en esa instancia, por el desprestigio universal generalizado.

Cada sociedad es sensible a diferentes estímulos emocionales, en Cuba para que la población, semillero de las milicias, mantuviese la moral alta apoyando el envío de tropas a Angola, Mozambique y Etiopía, hacían hincapié en el hambre y las condiciones de vida paupérrimas de sus pobladores y la crueldad de sus explotadores.

En EEUU, lo que no pueden mostrar nunca los medios, son soldados estadounidenses retornando a casa en ataúdes, las imágenes de los cajones bajando de aviones han girado más de una vez a la opinión pública en contra de una guerra que al principio aprobaban, las imágenes de niños alcanzados por el Napalm hicieron mucho más daño fuera de los Estados Unidos que dentro.

En Rusia, al revés que en EEUU, desde las descomunales batallas de la II Guerra Mundial,  teniendo su clímax en Stalingrado y Leningrado, que se saldaron con resistencias míticas, mostrar a los muertos caídos en combate aumenta el compromiso del pueblo, aunque menos de la tropa. Allí lo que no es recomendable es mostrar la resistencia de la tropa enemiga y menos de gente común del pueblo.

Pasó en Afganistán, Chechenia y podría ocurrir en Ucrania si se alarga más de lo recomendable la guerra y Zelensky da la apariencia en las redes y medios de ejercer una resistencia numantina. Precisamente por la Historia de grandeza del Ejército Rojo en la resistencia, no en el ataque, para el ruso común la grandeza radica en resistir, para el estadounidense  pedestre, en “patear traseros”.  Ostentan la Historia inversa, su punto fuerte es invadir, nunca fueron invadidos. Cada país tiene su talón de Aquiles y los medios lo conocen muy bien.

Por otra parte, el primer sacrificio que se lleva a cabo en todas las guerras, desde el inicio de los tiempos, es la subsistencia de la verdad.

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