Mis breves encuentros con Fidel Castro

Por Elsy Fors Garzón

Fidel Castro y el delegado de Fiji en el Salón de Protocolo del Consejo de Estado (Mayo, 1974)
Fidel Castro, Elsy Fors y el delegado de Fiji en el Salón de Protocolo del Consejo de Estado (Mayo, 1974)

HAVANA TIMES — La primera vez que oí hablar de Fidel Castro fue cuando estudiaba en Estados Unidos, yo tendría unos 13 años y fue con motivo de la entrevista realizada por el destacado periodista estadounidense del New York Times, Herbert Matthews, en plena Sierra Maestra.

Ya en Cuba, adonde regresé en 1958, estudié Secretariado y en septiembre de 1960, con apenas 16 años, ocupé una plaza en el Negociado de Certificaciones de la Universidad de La Habana. Pasado un mes, hizo falta una secretaria de actas en la Junta Superior de Gobierno y la vorágine de trabajo del grupo que elaboraba la reforma universitaria, sueño de Julio Antonio Mella, me hizo coincidir con las frecuentes visitas de Fidel Castro a la Colina.

Fidel llegaba a la Universidad para poner el termómetro a la realidad de la calle, a través de las opiniones de alumnos, profesores y trabajadores del alto centro de estudios, donde él mismo alguna vez fue parte de la rebeldía estudiantil.

Crisis de los Misiles

Corría el turbulento otoño de 1962 y yo trabajaba, entonces, como secretaria del presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), José Rebellón.

En ese difícil período cuando se cernió sobre Cuba la amenaza de una conflagración nuclear, el pequeño espacio ocupado por las oficinas de la FEU y el Salón de los Mártires, donde se celebraban los consejos de la FEU, se convirtió prácticamente en un puesto de mando del Comandante.

Habló e intercambió con todos los que allí estábamos la difícil situación creada por Estados Unidos por el despliegue en Cuba de misiles soviéticos, ayuda aceptada por la Isla, luego de ser invadida en abril de 1961 por mercenarios cubanos armados y entrenados por Washington, además de actos de sabotaje y agresiones a objetivos en las costas cubanas.

Quizás por primera vez se conocieron allí los 5 puntos planteados por Cuba al entonces secretario general de la ONU, U Thant, para lograr la paz deseada. De allí partió a las conversaciones con el canciller soviético, Anastas Mikoyan, quien viajó a La Habana con ese motivo.

Afortunadamente para los estudiantes y trabajadores como yo, que fuimos partícipes de esos momentos históricos no solo para Cuba, sino para la humanidad, fotógrafos que acompañaban a Fidel nos incluyeron en sus imágenes.

Juicio a un traidor

En realidad, la primera vez que crucé palabras con el Comandante fue después del juicio seguido a Marcos Armando Rodríguez (más conocido como Marquitos), delator probado de cuatro líderes estudiantiles: Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado y Joe Westbrook, conocidos como los mártires de Humboldt 7, lugar donde fueron masacrados aquellos participantes en el fallido atentado el 13 de marzo de 1957 al dictador Batista en el Palacio Presidencial.

Todos están vestidos de verde olivo o de milicianos en la presidencia de la FEU, escuchando a Fidel sobre eventos de la crisis de octubre, 1962.
Todos están vestidos de verde olivo o de milicianos en la presidencia de la FEU, escuchando a Fidel sobre eventos de la crisis de octubre, 1962.

Por la conexión de Marquitos con el Partido Socialista Popular (PSP), el juicio se vuelve asunto delicado para la estabilidad política del país, ya que el PSP formaba, junto al 26 de Julio y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, las facciones integrantes de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI).

Para la primera vista del juicio, mi amiga periodista de Radio Reloj, Graciela Hernández, me pidió la acompañara para coger versiones taquigráficas de las declaraciones, exactitud requerida por su repercusión en las esferas políticas de la nación. La audiencia se celebró el 13 de marzo de 1964.

En la segunda vista del juicio, realizada el 23 de marzo, Marcos Rodríguez fue hallado culpable de traición y sentenciado a muerte por fusilamiento, dictamen que fue cumplido el 19 de abril de 1964, cuando se conmemoraron siete años de los hechos de Humboldt 7.

A raíz del juicio, Fidel visitó la Universidad y cuando vio a Graciela, le pidió su opinión de lo dicho en el juicio y la sentencia del tribunal. El momento quedó impreso en una foto, memorable para mí, porque a pesar de no salir en la instantánea, Fidel hizo un paneo con su vista y me señaló: “Tú también estabas allí”, a lo que asentí y Graciela explicó que yo la había ayudado tomando notas taquigráficas de las declaraciones.

Además de su envidiable verbo, Fidel también goza de una retentiva fotográfica.  Una vez que abre una ficha en su cerebro, difícilmente olvida una cara o conversación sostenida.

En la cima de Cuba

Los afanes exploradores de mi niñez encontrarían el máximo desafío en un viaje organizado por el Comandante en Jefe Fidel Castro al Pico Turquino, en noviembre de 1965.

La razón de esta excursión fue la primera graduación de médicos después de la Revolución. A este acontecimiento fuimos invitados los estudiantes de Ciencias Políticas de la Universidad de La Habana y el Instituto de Ciencia Animal (ICA), recién creado entonces por Fidel para el desarrollo ganadero del país.

Ambos colectivos habían sido invitados por Fidel a la graduación de médicos, realizada en el punto más alto de la geografía cubana.

Con 21 años, sin entrenamiento físico previo y demasiadas libras para enfrentar la tarea, me impulsaba, sin embargo, la determinación de vencer todas las dificultades, y más aún, con Fidel al frente del bisoño contingente.

El trayecto fijado hasta el Turquino partió de Las Mercedes, poblado cercano a Bayamo, hoy provincia de Granma, en las estribaciones de la Sierra Maestra, al oriente de la Isla. Le siguió Alturas de Mompié, donde pernoctamos para seguir el segundo día hasta La Plata, sede de uno de los puestos de mando de la guerrilla rebelde entre diciembre de 1956 y finales de 1958.

En La Plata esperaba Fidel, estimulando a los caminantes con la noticia que habían llegado en helicóptero helados de la flamante fábrica Coppelia. Esto nos pareció tan extraordinario como avistar un oasis en medio del desierto.

El grupo de avanzada, en el que increíblemente me encontraba yo, debía llegar antes del anochecer a la Aguada del Joaquín, donde habían montado unas casas de campaña. El Comandante Fernando Vecino, hoy asesor del Presidente Raúl Castro y exguerrillero, me reconoció por mi trabajo en la FEU y, viendo mi andar lento y penoso por el resbaladizo ascenso, acudió en mi ayuda.

“Vamos a practicar alpinismo, me dijo, y tú verás cómo subes la loma en un santiamén”, amarrándome una soga a la cintura y jalándome desde arriba. Nos enfrentamos a dos trillos bien marcados, pero en direcciones opuestas.

Él y su acompañante pronto examinaron las huellas en ambos caminos y dijeron que, sin duda, el de la derecha mostraba las largas pisadas de Fidel. No me quedó otro remedio que seguir, y en el campamento, para mi sorpresa, todos preguntaban, como si fuera yo un gran personaje, si ya  había llegado “la gordita”.

Al tercer día alcanzamos la cima del Turquino, presidido por el busto de José Martí, nos agrupamos todos, Fidel, jefes, estudiantes y soldados para retratarnos en el emblemático lugar.

Fidel departiendo con un grupo de periodistas que cubrían la cumbre de la ONU sobre desarrollo social en Copenhagen, 1995.
Fidel departiendo con un grupo de periodistas que cubrían la cumbre de la ONU sobre desarrollo social en Copenhagen, 1995.

La graduación de los médicos fue al día siguiente. Además de los graduandos y algunos profesores, investigadores del Instituto de Ciencia Animal y estudiantes de Ciencias Políticas, me felicitaba de estar allí.

Esa tarde, escuchamos largos relatos de la lucha en la Sierra Maestra por Fidel y acotaciones de Celia.Todos ensimismados en torno al Presidente, sentados en hamacas, fuimos sorprendidos por las sombras de la noche y presentí que serían días imborrables para los presentes.

Entre los diálogos que compartimos en esa ocasión, alguien le comentó jocosamente a Fidel que yo andaba en moto por La Habana, y me dijo a modo de confidencia, “ellos te tienen miedo, pero yo no, yo sí me monto contigo”.

Investigaciones sociales

Dos años después del Turquino, quejas de la población llegadas a la dirección del país desde Guantánamo y Pinar del Río, dieron lugar a que Fidel encargara a la Universidad hacer una investigación social e indagar sobre ese malestar.

Un contingente de unos 50 estudiantes partió primero para la ciudad de Guantánamo, donde había denuncias ciudadanas. Al llegar notamos que los locales nos rehuían, hasta que se regó la noticia que éramos enviados de Fidel para atender esas quejas. No tuvimos tiempo ni  medios para atender a todos los que se acercaron, pero sí se resolvieron los problemas planteados.

Al decir del profesor uruguayo Sergio Benvenutto, quien dirigió nuestro trabajo, “Aquí no hay que averiguar por qué emigraron los que lo hicieron, sino por qué permanecen aquí los que se quedaron”, debido a abusos tales como los de sacar gente de sus casas a medianoche en Caimanera y Boquerón por haber sido delatados como contrarrevolucionarios.

También llegaban dirigentes y militares de la provincia a los establecimientos de víveres y se llevaban arroz, frijoles destinados a la población por la carta de racionamiento, hecho que los tenderos  excusaban diciendo que vendría una entrega posterior para cubrir el faltante.

Pero quizás lo más chocante para nosotros fue conocer que en Guantánamo había células de tendencia trotskista, que poco después de 1959 ya estaban desactivadas por falta de seguidores. Sin embargo, a los hijos de esos personajes, ya en edad laboral, no les daban trabajo.

Las investigaciones sociales que realizamos por iniciativa de Fidel, además de la de Guantánamo, incluyeron el pueblo de San Andrés de Caiguanabo, Pinar del Río, en Minas de Matahambre de la misma provincia y otra en Banao, Sancti Spiritus. De todas pudimos conocer posteriormente el cambio favorable que se operó en la solución de los problemas que presentaban.

En San Andrés se hizo el estudio, porque la secta de Testigos de Jehová en esa región interfería los planes de enseñanza y de la salud que desarrollaba la Revolución. Es sabido que los Testigos rechazan ser trasfundidos de sangre y sus creencias no les permiten honrar los símbolos patrios como la bandera y el himno nacional.

Una tercera investigación sobre problemas sociales fue la realizada en 1967 en Banao, provincia de Sancti Spiritus, en un plan agrícola manejado por mujeres, la mayoría con problemas de conducta, rechazadas por sus familias y maltratadas en general por la vida.

La violencia entre las trabajadoras del plan agrícola, el uso de métodos penitenciarios por los directivos de la granja, también mujeres, aconsejó trabajar el campo junto a ellas, pero ir contándoles cómo era otra la vida fuera de allí, que la mujer era respetada y tenía oportunidades para su desarrollo social e intelectual.

Aún cuando el resultado de nuestra investigación no se publicó, supimos que los métodos cambiaron radicalmente y que Banao dejó de ser casi una cárcel para ser una institución que emanaba comprensión y sembró en aquellas mujeres nuevas esperanzas para enfrentar la vida.

El Fidel de Fiji

Son muy diversas las labores de un periodista. En otra ocasión, los dirigentes de la CTC pidieron a mi agencia personal con conocimiento de idiomas para acompañar a líderes sindicales de todo el mundo invitados a los actos por el Primero de Mayo de 1974.

Me tocó atender un dirigente sindical de las Islas Fiji en el Pacífico, de apellido Tora, primera persona de ese territorio en visitar Cuba. Después  funcionario de la Federación Sindical Mundial, Tora era llamado por medios de prensa de su país como el “Fidel del Pacífico”, por haber participado en la lucha por la independencia de Malasia.

Desde su arribo, insistió una y otra vez en conocer al presidente Fidel Castro, ya que él no podía abandonar Cuba sin haber saludado al líder.S us más de seis pies de estatura y exuberante peinado rizo al natural puesto de moda entre los afroamericanos,impresionaba a todos.

Finalmente, llegó el día de la recepción final en el Palacio de la Revolución, donde estaría Fidel y mi huésped rebosaba de alegría. Un miembro de protocolo me indicó que nos pusiéramos al final de un pasillo que seguiría el Presidente, saludando a su paso a los invitados y así lo hicimos, con la advertencia a Tora que su entusiasmo no lo llevara a abalanzarse ni hacer ningún gesto brusco cuando se acercara la figura objeto de su admiración.

Todo empezó de maravilla, cuando él se identificó y Fidel le dijo que Fiji se conocía por ser “la azucarera del Pacífico”. El líder cubano siguió hablándole y sentí una voz detrás de mí diciendo, “traduce, niña” y Fidel, al oír la frase, repitió burlón “niña, traduce, traduce niña”, por lo que todos rieron y yo, apenada,  reanudé mis deberes de intérprete.

Y es que el más profesional de los traductores e incluso estadistas y periodistas que han enfrentado a Fidel, se han sentido sobrecogidos por el líder, anulando todo plan preconcebido, y fui víctima del hechizo.

El autor uruguayo-cubano Daniel Chavarría describió muy gráficamente en sus memorias ese fenómeno de magnetismo. Su obra Y el mundo sigue andando (La Habana, 2008) recoge  los efectos de la personalidad de Fidel sobre los que le rodean.

Chavarría relata que, invitado a una cena en honor de una Feria del Libro de La Habana, Fidel llegó luciendo inusualmente envejecido y con evidentes señales de cansancio. Solo en la medida que pasaban las horas, creció el brillo y la locuacidad del jefe de gobierno.

Con el tiempo, Chavarría dice dar crédito a una teoría que oyó de boca de científicos vietnamitas y españoles sobre la capacidad del organismo humano para absorber la energía existente en la atmósfera.

Aseguran que organismos privilegiados pueden captar con mayor eficiencia esa energía, almacenarla y transferirla a otros. Concuerdo con el escritor, quien atribuye esa facultad al magnetismo y vitalidad movilizadora de grandes líderes.

Años más tarde, hice coberturas en el exterior a las que Fidel asistió, como a la Cumbre de la ONU sobre Desarrollo Social en Copenhague y su única visita a Corea del Norte, donde se desplegó el más auténtico y espontáneo recibimiento popular al líder cubano.

15 thoughts on “Mis breves encuentros con Fidel Castro

  • Jajaja. Los comentarios estan mejores que el panfleto. Feliz fin de semana

  • Que cada cual se exprese según le haya ido en el guateque…

  • Casi tengo un orgasmo.

  • Lo que duele es ver tanta chicharronería barata a estas alturas

  • Qué te duele, entidad anónima… No tener nadie a quien saludar o no tener nada original que aportar?…

  • Saludos, Elsy……..!cuanto tiempo! para tragarme esta guayaba amarga, a ver si con el pudin de mentiras eres mejor.

  • Saludos, Elsy…¡Cuánto tiempo! (A ver cuándo me como uno de tus pudines)

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