La utopía y los kilómetros

Haroldo Dilla Alfonso*

Cartel de distancias. Foto: Erasmo Calzadilla

HAVANA TIMES, 12 marzo — A la salida de Alamar, sobre la Vía Blanca, hay un cartel que indica que Matanzas está a 86 kilómetros y Varadero a 186. Lo vi en una foto que me envió un amigo y que ahora encabeza este artículo.

Miré la foto un buen rato, tratando de imaginar la razón de esas cifras tan discordantes que colocan a Varadero a 100 kilómetros de Matanzas, cuando todos sabemos que si tomamos la excelente carretera panorámica que une a ambas ciudades, la distancia es de poco más de 30 kilómetros.

Me incliné a pensar que fue un error de alguna persona que tuvo que ver con el cartel, y de ahí para arriba. Pero, para hacer las cosas más complicadas, me otorgué una licencia divagadora e imaginé que la información había sido manipulada ex profeso por alguien que consideró la pertinencia de otro camino, más largo y trabajoso.

Pues efectivamente, hay una posibilidad de hacer ese recorrido por unos 186 kilómetros, más o menos. Si a la altura de Peñas Altas, en lugar de tomar la vía costera, nos adentramos por la añeja y angosta carretera central, pasamos Gelpi, Limonar y Coliseo; y en Jovellanos torcemos al norte hasta Carlos Rojas y Cárdenas. Y de ahí, a Varadero, siempre teniendo cuidado con la peligrosa curva del cementerio que todos los cardenenses vinculan con algún accidente aparatoso y fatal.

Es un recorrido, cuando menos, aburrido, escoltado por planicies de tierra roja repletas de cañaverales y pueblos tristes. Es además, largo y peligroso.

Si alguien quiso indicar este camino para llegar a Varadero, hizo algo realmente estúpido, pero no inusual en Cuba, donde en los últimos 50 años se han escogido los caminos más largos, severos y tortuosos como una forma de probar a los caminantes.

Y de producir una suerte de selección artificial de súbditos templados (como el acero) en las mayores adversidades, pero capaces de continuar imaginando una marcha indetenible hacia la utopía.

Entonces la utopía, como hoy sus rastrojos, hizo del largo y tortuoso camino una de sus divisas. Para alcanzar algo había que pasar trabajo, pues lo que se obtenía fácilmente, aún cuando fuese inobjetablemente fácil, no merecía ser considerado virtuoso.

Conozco una anécdota muy ilustrativa. En los tempranos 60 ––cuando aún se podía hablar de una revolución— estuvo en Cuba un sociólogo inglés que asesoraba el desarrollo de un sistema de poblamientos rurales que —dos metas loables— facilitara la provisión de servicios básicos y redujera la dispersión de la población campesina.

Cuando presentó sus resultados a la comisión estatal encabezada por Osvaldo Dorticós, este le preguntó la razón por la que los asentamientos estaban ubicados cerca de los principales nudos viales y poblacionales.

El experto le explicó que era una manera de conseguir los propósitos al menor costo, pues ello suponía ahorros sustanciales en las inversiones infraestructurales.

Narra el sociólogo que el presidente subalterno no lo dejó terminar la explicación. Simplemente le recordó que la validez de una obra revolucionaria se medía por el mayor esfuerzo para conseguirla.

“Todo aquí hay que hacerlo, espetó, con el mayor esfuerzo”. Lo que obviamente implicó el desperdigamiento de las comunidades por un vasto territorio sin más justificación que el arrebato ideológico de unos nuevos dirigentes que ofrecían la austeridad plebeya como el ethos de la nueva sociedad.

Es el problema de las utopías. Se imaginan a sí mismas fundando algo, cambiando radicalmente al mundo, sin entender que los principales cambios en el mundo han sobrevenido por procesos metamórficos que han usado muy discretamente sus utopías.

Los seres humanos nunca hemos podido prescindir de ellas, y creo que seguiremos elaborándolas en el futuro. Pero coincido con Karl Popper en que cuando se superponen a sus sostenedores, cuando cobran vida propia, o cuando se atascan en las vías de la historia, producen, como el sueño de la razón en los caprichos de Goya, monstruos insaciables.

La utopía en Cuba —y esa brutal acumulación originaria de moral que produjo— sirvió por igual para hacer una campaña de alfabetización que para fusilar muchas personas sin garantías mínimas; para promover una intensa movilidad social de las mayorías que para meter en las ergástulas de la UMAP a cuanta persona fuera considerada extraña a sus propósitos; para abrir la puertas de una educación masiva de buena calidad que para frustrar a los educandos que terminaron largándose del país o sumiéndose en una resignación aniquiladora.

Es la historia que todos vivimos de una u otra manera: ejercicios militares incomprensibles, trabajos voluntarios costosos e improductivos, ropas monocolores y zapatos rígidos, escuelas en el campo que perjudicaban a todo el mundo, túneles faraónicos de concreto en una ciudad que se cae a pedazos, alimentación aburrida y asignada, toda una gimnasia política que llegó a su paroxismo en los 90, cuando Fidel Castro intuyó que solo le quedaba la retórica y un enemigo: el imperialismo.

Y que convirtió al cansancio y a la extenuación en mecanismos de dominación política.

Hoy pocos hablan de utopías. El propio Partido Comunista apenas menciona la palabra socialismo. La revolución se ha convertido en una suerte de caja de pandora que incluye todo y por eso no significa nada.

Solo unos pocos izquierdistas doctrinarios siguen hablando de la utopía, como una perfecta excusa para mirar al vacío sin prestar atención al mundo real en que malviven. Para poder seguir confiando en una regeneración socialista y revolucionaria de lo que nunca fue socialismo y hace mucho tiempo dejó de ser revolución.

Pero en este tema, estimado lector, cada cual debe cargar su propia cruz. Y, por si acaso viaja usted rumbo a esa utópica península de Hicacos, no se deje confundir por el cartel y siga por la vía costera.

Al fin y al cabo los principales instigadores de los largos y tortuosos caminos, como nos sugiere el cartel de Alamar, hace mucho tiempo aprendieron a usar los atajos que los están llevando al disfrute de los nada discretos encantos del mercado desde la atalaya del poder político incontestado.
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(*) Publicado originalmente por Cubaencuentro.com.


4 thoughts on “La utopía y los kilómetros

  • el 14 marzo, 2012 a las 7:44 pm
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    Es importante resaltar que los fusilados fueron jusgados por los tribunales especiales que se establecieron. Los que fueron condenados a fusilamiento eran policias torturadores que sacaban unas y ojos en las estaciones de policia o asesinaban jovenes revolucionarios a sangre fria y luego los lanzaban en cunetas o en cualquier esquina. Eran bandas armadas por USA que sembraban el terror en las montanas donde quemaban escuelas y ahorcaban jovenes alfabetizadores y campesinos con alambre de puas. Eran soldados que pasaban por los pueblos de la montanas asesinando a civiles por ser posibles colaboradores rebeldes.
    Eran guardias rurales que asesinaban y maltratanan a los campesinos que se oponian a la dictadura o simplemente luchaban contra la opresion del terrateniente de la zona.
    Es necesario conocer esto. Por que lo ocultan? A quien quieren enganar?
    Es historia ademas que antes y durante del proceso se les trato bien y aun a los que fueron fusilados la revolucion los trato mas humanamente que el trato despiadado que ellos le dieron a sus victimas.
    El pueblo enerdecido pedia justicia para los asesinos.
    O se olvidan como sacaron los ojos de Abel Santamaria al este no proporcionarles informacion y luego se los mostraron en un plato a su hermana tambien detenida como metodo de tortura.
    Donde estaban los partidos politicos y USA en ese momento.
    No es justo jusgar una parte y ocultar la verdad.

  • el 14 marzo, 2012 a las 7:54 am
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    Los ideiologos que andan merodeando las paginas webs no solo carecen de la verdad sino tambien de la capacidad para disfrutar lo simpatico. Pero son tan adustos y desmemoriados. Ningun ajuste de cuentas de legal justifica los fusilamientos, sobre todo si no hubo garantias procesales. Eso ha sido una parctica usual de la dictadura castrista, y todavia en 2003 andaban fusilando tres joevenes negros sin un juicio adecuado y sin razones. Fue un crimen. Y de todas maneras ningun estado tiene derecho a disponer de la vida de las personas. Luego leo lo que dice el periodista y me parece que no discute si los edeificios eran buenos o malos, sino la manera como se concibieron y los gastos que supusieron. Con defensores como este chico no creo que el gobierno cubano avance mucho. No tienen miaja

  • el 13 marzo, 2012 a las 9:56 pm
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    Usted toma una anecdota de una persona sobre la construccion de poblados campesinos y le da toda credibilidad para apoyar su tesis diciendo que asi se crearon miles de pueblos desperdigados por toda Cuba.
    Compadre ademas podrias agregar que son poblados de edificios o modulos de casas de concreto fundido. En estas comunidad se crearon escuelas, policlinicos,dentistas, teatros, centros de cultura y se les llevo el servicio de electricidad y agua potable a personas que vivian en su gran mayoria en bohios de piso de tierra, sin ningun servicio basico. Para estos 3 millones de cubanos aproximadamente este hecho fue ver cumplida una gran utopia para ellos y para mas de la mitad de la poblacion de america latina.
    Dices que existieron fusilamientos sin garantias minimas pero creo debes explicar que los fusilados fueron asesinos y torturadores demostrados y identificados por sus victimas en esos procesos. Que ademas fueron asesinados y desaparecidos por ellos alrrededor de 20mil cubanos durante la dictadura batistiana.
    Los otros miles de soldados no presentaron problamas de ningun tipo.
    Que los fusilados que integraron los 200 grupos guerrilleros armados por USA en las montanas eran tambien culpables demostrados de asesinar a campesinos, maestros, alfabetizadores o otros civiles familiares de milicianos. Estos ademas de asesinar y sembrar el miedo se dedicaban a quemar escuelas y casas ampesinas. Conozco a algunos de ellos que solo sufrieron prision y estan aqui en USA pues no se le demostro hecho de sangre. Asi como a miles de os invasores de Giron.
    Creo que cuando hables de estos temas tambien debes aclarar que eran asesinos los fusilados.

  • el 12 marzo, 2012 a las 4:40 pm
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    jajaja, mucho que me rei, socio tu te inventas un articulo filosofico de cualquier cosa, felcidades

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