El sueño de Cuba, los cubanos soñando

¿Por qué el posible deshielo de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba puede no cambiar en gran medida la cultura cubana?

Tom Astley*

Foto: Elio Delgado Valdés

HAVANA TIMES — Desde los, de alguna forma, sorprendentes pasos hacia una posible distensión entre el gobierno de Estados Unidos y el continuo proyecto revolucionario cubano durante los últimos días de 2014, lo menos sorprendente ha sido, tal vez, alguna retórica periodística que ha comenzado a filtrarse de nuevo en las discusiones de la Isla.

Se habla de una isla a punto de despertar, un pueblo que se las ha arreglado para dormirse en medio de la invasión de la globalización capitalista. Están las historias serias e idealistas de los Chevrolets y Buicks de los tiempos de Eisenhower, rodando por calles llenas de baches, vallas grandilocuentes y descoloridas proclamando consignas socialistas que, de alguna manera, parecen nostálgicas y pintorescas pintadas a mano en su fervor y despojadas de su poder político en el “mundo real”.

Las más notorias de todas han sido los retratos de las personas. Ingeniosos, imaginativos amistosos, pero de cierta manera atrapados. Atrapados en un mundo que recuerda al escrito por Gabriel García Márquez; un mundo de ensueño; un mundo que amenaza con interrumpir el deshielo de este último iceberg de la Guerra Fría. Cuba está a punto de despertar y de reunirse al resto de nosotros.

Ese tropo de pintar a Cuba como algo cultural, político, tecnológico, un ‘mundo perdido’ es tan común y al mismo tiempo es tan inmediatamente evidente, porque es muy tentador. Sin duda, los espectros antológicos del socialismo cobran gran importancia en Cuba, en una forma extrañamente corpórea, y aún así surrealista, creando una especie de sensación de que uno se encuentra en un mundo paralelo. Esta irrealidad – este sueño- es precisamente la razón por la cual la Isla es un lugar tan fascinante y tan frustrante.

Confieso que he escrito tantas cosas románticas de aventuras cubanas imaginadas; de ancianos, guayaberas y puros; de trabajos de pintura descascarada y el sofocante calor; del aire árido soplando alrededor, apartamentos de art-deco desmoronando; de reclinarse en antiguas sillas mecedoras crujientes, de madera oscura y pesada; del fuerte sonido de madera de la clave; de caballos y bicitaxis haciendo clip clop lentamente sobre las vías del ferrocarril en mi adoptiva ciudad natal de Santa Clara; absurdas historias de personas que roban continuamente y otros que custodian incansablemente las gafas de John Lennon; historias brillantes de guajiros con sus sombreros de paja y botas de goma blancas montando bicicleta bajo el sol abrasador, en el borde de un camino que lleva a ningún lugar. Todo esto es tan evidente. Todo es tan diferente, tan poco influenciado por la ‘modernidad’, tan bellamente autónomo, tan como un sueño.

Foto: Elio Delgado Valdés

Pero esto es solo una superficie de Cuba. Y bajo esta vive otra Cuba real, más conectada.

En comparación con las señales más abiertas (literales) de desarrollo económico en Cuba –los ahora omnipresentes carteles de ‘Se vende’, los paladares cada vez más lujosos, los signos de una revolución tecnológica todavía son escasos y claramente cubanos: estéreos intermitentes encima de mesas de cristal cubiertas de pañitos, radios estéreos de los oxidados carros Moskovitches . Pero no es que la yuxtaposición de lo tecnológico y lo anticuado -una computadora bajo un techo inclinado de vigas de madera- sea tan extrañamente poco común en Cuba que te llame la atención. De hecho, es todo lo contrario.

Para una nación que trabaja, evidentemente, bajo un obligado bloqueo / embargo / cultural y una censura tecnológica, tecnología como los ordenadores domésticos son cada vez más comunes en toda el país. Como tantas cosas en la vida cubana diaria, existen solo por debajo del radar -todo el mundo parece pretender que nadie se da cuenta de las pequeñas rebeliones revolucionarias, los pequeños acercamientos a materiales extranjeros y productos culturales. Estos elementos solo aparecen y ya está. Y su presencia, su creciente presencia, plantea preguntas sobre el mundo de ensueño perpetuado sobre Cuba y los cubanos. Ellos pueden estar en una isla, pero en la mayoría de los casos están íntimamente ligados a los discursos culturales globales. Con embargo o sin él, los cubanos siempre han estado en contacto con los Estados Unidos, de hecho, con el resto del mundo.

Una tecnología en particular que noté ha crecido en importancia, especialmente entre los jóvenes, es la memoria USB y los dispositivos de disco duro externos. Parecen ser accesorios casi generalizados para muchos jóvenes; una especie de carné de identidad alternativo que deben llevar y mostrar en todas las reuniones sociales.

Música, películas, incluso libros electrónicos son descargados de… algún lugar, se distribuyen en fiestas particulares y entre amigos a través de estos medios no oficiales. “¿Han escuchado hablar de este álbum? ¿Tienes tal o más cual película? “, son las preguntas que acompañan estos encuentros de intercambios digitales.

Por supuesto, estas prácticas son quizás tan comunes en otras partes como mundanas, inadvertidas y tácitamente dadas por sentado. Pero en Cuba, donde el acceso a Internet todavía es muy limitado, y persisten aun los mitos del consumo cultural autóctono y la falta de conocimiento cultural exterior, ellos arrojan algo de luz sobre una Cuba contemporánea.

En primer lugar, vale la pena señalar que este fenómeno tiene sus raíces en los sucesivos medios tecnológicos samizdat -desde las inamovibles y ruidosas estaciones radiales extranjeras, hasta las grabaciones hechas en casa para mezclar, para quemar CDs y DVDs–los cubanos han llevado su ingenio innato hacia el mundo cultural para poder mantenerse al corrientede(sobre todo) la música y la cultura estadounidense.

Foto: Elio Delgado Valdés

Aunque estas “estranguladas y enredadas rutas de la difusión cultural” han hecho que sean innegables algunas reinterpretaciones fragmentadas de estas historias musicales y culturales externas, que son historias que se conocen muy bien, bien escuchadas, bien entendidas, es indudable que son parte de un paisaje sonoro cubano multiforme.

En segundo lugar, estas redes microsociales de recopilar, difundir y compartir materiales culturales foráneos han ayudado a fortalecer y a definir un creciente sentimiento de identidad subcultural, principalmente, entre las generaciones posteriores al periodo especial.

La influencia de la música extranjera como resultado de ese trauma político / cultural provocó una especie de renacimiento de la expresión de la música popular cubana, de manera convincente en géneros como el rock y el hip hop.

Hoy en día, los cubanos son más propensos a distinguir entre, y se definen a sí mismos a través de, géneros y afiliaciones de grupo, y estas redes sociales de la comunicación cultural, que se mantienen offline, forman parte de los relatos colectivos específicos de apreciación musical y cultural que estos grupos dicen acerca de ellos mismos, parafraseando al etnógrafo Clifford Geertz.

Paradójicamente, todo esto sirve tanto para conectar a la juventud cubana con una identidad cultural mundial más amplia, disminuyendo las diferencias en el entendimiento cultural, el conocimiento y el aprecio entre Cuba y particularmente los Estados Unidos y, al mismo tiempo, estos métodos de difusión dividen a esta generación en subdivisiones más pequeñas, cuestionando, igualmente, la idea persistente de un colectivo socialista, de una identidad singular.

Así que cuando aparezcan los libros de esta isla de ensueño, una vez más por detrás del persistente humo de un (muy) atrasado socialismo, recordemos que los cubanos tienen, y siempre han tenido una astuta conexión con la narrativa globalizada, especialmente cuando se trata de cultura.

Aunque de manera significativa Cuba puede haber estado atrapada en una pesadilla antológica, abandonada para reparar los espectros de la Unión Soviética y los Estados Unidos antes de que se cerrara la puerta; por lo menos en cuanto a la cultura, los cubanos no viven, y nunca han vivido en un mundo de ensueño propio.Y así, si se derrite el último pedazo de hielode laGuerra Fría, al menos culturalmente, los cubanos pueden no sorprenderse por un despertartan brusco.
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(*) Tom Astley es un lector de HT. “Actualmente escribo un trabajo mucho más largo sobre esta historia de la difusión cultural no oficial en Cuba. Me encantaría saber de cualquier cubano que tenga recuerdos de alguna de estas prácticas y que no le importe conversar conmigo en el futuro sobre mezclas, CD, memorias USB o emisoras de radio – o cómo se enteraron, consumieron o difundieron la música extranjera en Cuba. Mi correo electrónico es [email protected]”.

 


One thought on “El sueño de Cuba, los cubanos soñando

  • el 26 enero, 2015 a las 9:59 pm
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    No entiendo la pregunta que encabeza el texto. Porqué habría que cambiar la cultura cubana con el deshielo de las relaciones?.

    Ademas creo que Tom tenga que ponerse en contacto con un muy buen musicólogo o con uno de la talla de Paquito de Rivera, por ejemplo, para que le cuente “cómo se enteraron, consumieron y difundieron la música extranjera en Cuba”, porque para responderle con propiedad se tienen que montar al triple de los años que lleva el proceso de esta revolución, porque Tom, las raíces y fusiones de NUESTRA música y cultura empezo mucho antes de naciera Fidel, aún “atrapada” y fíjate lo “despiertos” que están.

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