Cuba a través del espejo de la Guerra Fría

Por Courtney Parker*

HAVANA TIMES – Los ojos en la réplica de tamaño natural de Che Guevara, ubicada en el Museo de la Revolución, en La Habana Vieja, Cuba, parecen seguirte a través de toda la sala – no es que yo era propensa a moverme mucho.

Algo en la mirada artificial parecía muy vivo; me quedé fascinada frente a ella mucho más tiempo que otros compañeros de nuestro grupo. Los otros miembros de nuestro equipo de ‘pueblo a pueblo’ se movieron a través de la exposición a un ritmo más turístico, maravillándose aquí y allá, pero permaneciendo, la mayor parte del tiempo, debidamente alejados de lo que veían.

El museo tenía una cualidad de intemporalidad. Los objetos estaban bien conservados; los agujeros de bala esparcidos por las superficies de mármol contribuían a una narrativa mucho más amplia,  como cualquiera de las exhibiciones cuidadosamente curadas.

Hace algunos años también estuve fascinada por la película – basada en los escritos de un Che Guevara joven –Diarios de Motocicleta. Algo muy dentro de mí se agitó por la historia de este privilegiado joven argentino estudiante de Medicina, que inició un viaje a través de las regiones más pobres de América del Sur, y quien por siempre – y de manera radical – fue cambiado por lo que vio.

Lloré durante la escena en la que cruzó a nado el río para unirse a los leprosos en el otro lado. Me envalentoné por sus revelaciones acerca de un partido político indígena… una revolución política… de justicia y unidad.

Por haber crecido inmersa en la propaganda de la Guerra Fría de los Estados Unidos, sabía que su viaje, por supuesto,  había tenido un desenlace extremista, violento y militar durante sus últimos años de vida, pero me sentí conectada con el joven Che, el idealista, un hombre conforme a mi propio corazón romántico impracticable-  tal vez de la misma manera en que muchos jóvenes estadounidenses idealistas se relacionan ciegamente con los padres fundadores de la “libertad y la democracia”, a pesar de ser dueños de esclavos y la matanza de los nativos americanos.

La verdad es que llegué a olvidar mucho sobre la historia de Che Guevara. Y cuando volví a verlo otra vez  años más tarde, ya yo misma había recorrido gran parte de América Latina. Dos viajes a Costa Rica, de esos que cambian la vida, uno rápido a Panamá y a México, y luego otros mucho más profundos documentando la crisis de derechos humanos en Guatemala, Colombia, y más tarde Nicaragua.

Yo también fui transformada por mis viajes. Metida en un traje de idealista, entré en el mundo académico -no en la escuela de Medicina, pero sí en la de ciencia de la salud – determinada a hacer una diferencia. Hice lo mismo que el Che, pero al revés y con mucho menos carisma y estilo.

Cuando regresé de mi estancia en Cuba, al principio escribí un artículo de opinión en el que desconocía el embargo. Y a partir de ahí, mis garras, de manera inevitable, saldrían cada vez que alguien criticaba a Cuba  -ya fuera al Che, a Fidel, el comunismo o el socialismo-  y yo siempre estaba dispuesta a discutir para recordar a todo el mundo sobre los puntos débiles en cuanto a derechos humanos del propio Estados Unidos.

En el momento de la famosa visita de Barack Obama a Cuba, a principios de este año, yo había suavizado un poco. Sabía que Cuba había creado un estelar y humanitario sistema sanitario de Salud Pública en el vacío de la industria capitalista, pero también estaba al tanto de que la capacidad para obtener los suministros necesarios para operar a máximo nivel eran afectados por los límites del libre comercio.

Me entristecía imaginar que los carros antiguos desaparecerían de la Habana Vieja uno  por uno, debido a que sus cuidadores podrían perder potencialmente parte del impulso para continuar su meticuloso mantenimiento en medio de un mercado más “libre”; sin embargo, mantuve la fe de la capacidad del pueblo cubano de cuidar su propia cultura, en cualquier nuevo paradigma que surja.

Después de un turbulento viaje a través de la menos conocida zona de conflicto de Muskitia, en Nicaragua, en febrero de este año, empecé a perdonar a mi país por sus propios defectos.

No fue hasta entonces que me encontré cara a cara con el potencial latente por la brutalidad, la propaganda, la manipulación y la represión que podrían surgir en el otro lado de esta anticuada binaria geopolítica del capitalismo versus socialismo.

Más tarde fui atacada en los medios sandinistas, y ulteriormente en Telesur, por informar sobre los derechos indígenas – e irónicamente, un partido político indígena como aparentemente  había imaginado alguna vez  un joven Che Guevara- yo estaba siendo prácticamente una apologista de izquierda del estado bolivariano.

Esto no significa, no obstante, que ahora soy un apologista del estado capitalista. En honor a la verdad, en este momento no veo ninguna autoridad moral en ninguno de estos dos sistemas, ya que ambos – a nivel internacional – continúan por los caminos destructivos e insostenibles del extractivismo.

Estaba muy decepcionada por los sandinistas, pero nunca perdí mi amor por Cuba. Y aunque me preocupa que Nicaragua se mueva en espiral hacia atrás, en términos de progreso, con el abrazo entusiástico de Ortega hacia el neoliberalismo autoritario, veo a Cuba haciendo algo totalmente diferente.

En la Isla, veo a un compañero de Los Estados Unidos, mano a mano  con nosotros, saliendo de una larga y obsoleta guerra  -dejando atrás la falsa dicotomía que nos mantuvo divididos durante tanto tiempo. La crisis de nuestros servicios sanitarios y la de la salud pública necesitan del liderazgo tutelar de Cuba. Y es momento de compartir, a cambio, nuestra riqueza material, así como los medicamentos.

Estoy muy emocionada con una nueva relación entre los Estados Unidos y Cuba. Mi valoración es que ya es hora de dejar atrás la falsa separación del capitalismo contra el socialismo. Creo que podemos mantener relaciones basadas en el comercio justo y el respeto mutuo. Considero que podemos trabajar hacia las normas universales de derechos humanos, sin dejar de respetar la soberanía nacional.

Valores tales como: la libertad de prensa, el derecho a la asistencia sanitaria, la demanda colectiva de la responsabilidad corporativa, y el respeto por el medio ambiente y los derechos de todos los seres humanos son universales. Y, creo que a través del abrazo mutuo de estos valores, podemos sanar las heridas del pasado y tener una relación al mismo tiempo.

La importancia de un medio de comunicación verdaderamente independiente como Havana Times es algo que he llegado a apreciar más allá de la medida. La presentación equilibrada de noticias y puntos de vistas en este sitio – mientras  otros medios son cada vez más polarizados – es un modelo que el mundo debe tener en cuenta.

Como estudiante de un doctorado en salud pública, me estoy preparando para escribir una tesis sobre las botánicas de América Latina y la salud de los inmigrantes. En este momento, en la región del sureste de los Estados Unidos, donde vivo, tenemos una gran población de inmigrantes latinos que experimentan gran cantidad de barreras hacia el acceso a los servicios generales de salud. Botánicas – las formas tradicionales de curación holística de los locales de América Latina – han ido surgiendo para llenar ese vacío, mientras nuestro gobierno trata de ampliar las opciones de cuidado de la salud a los grupos marginados en general.

No es ningún secreto que los Estados Unidos han permanecido durante mucho tiempo en medio de una crisis de salud sistémica. Actualmente estamos muy divididos como nación sobre la manera de seguir adelante. Parece que estamos tomando el camino largo hacia la cobertura universal de salud que Cuba ha disfrutado durante mucho tiempo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su “Estrategia de Medicina Tradicional 2014-2023” ha trazado algunos objetivos para guiar a todas las naciones del planeta para que sus modelos de servicios médicos y de salud sean más innovadores e integradores.

Cuando estaba en Cuba me di cuenta de que, estado incluso entre la vanguardia de la investigación médica moderna, todavía existe allí un gran respeto por los diferentes tipos de remedios más tradicionales y naturales.

Debido a esto, me gustaría invitar a cualquier cubano con conocimientos, experiencia o interés, que contacte conmigo al correo: courtney.parker.tcc@gmail.com  si puede o se inclinaría a ofrecer alguna perspectiva o información acerca de este tipo de medicina integral y el papel que desempeña está en Cuba. Estoy interesada en investigaciones y colaboraciones a corto o largo plazo.

Mientras tanto, me gustaría animar a todos a continuar apoyando a Havana Times y el periodismo independiente. Miremos a un futuro en el que todos somos capaces de crecer y prosperar más allá de las obsoletas divisiones del pasado.
——
*Courtney Parker es una periodista independiente. Ella realiza un doctorado en Promoción para la Salud y el Comportamiento, en la Universidad de Salud pública de Georgia.

 

9 thoughts on “Cuba a través del espejo de la Guerra Fría

  • “Quien no sea comunista a los 20 anos no tiene corazon , quien lo siga siendo a los 30 no tiene cerebro”

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