Ante todo: coherencia y educación

Por Martín Guevara

Martin Guevara

HAVANA TIMES – Me siento cercano a mi tío en su costado profundo, rico como persona, intelectual de acción, hombre que buscaba dentro y fuera de sí una verdad, el camino de esa piedra extraviada, que luchaba desde niño contra cada obstáculo, que amaba la poesía, las novias bellas y no le daba asco que fuesen descomunalmente ricas, al iconoclasta, al que sentía el dolor del apenado, o la pena del adolorido como propia y consideraba que debía intervenir. En la ajena más que en la propia.

Sin embargo, me resulta distante su contacto y empatía con la violencia, porque rechazo de plano todas las formas de oprimir, sangrar, matar, para alcanzar objetivos políticos, económicos y sociales. Incluso, en los últimos tiempos voy tomando conciencia de que también hay violencia según lo que comemos o con qué nos vestimos y que debería plantearme esa disyuntiva.

Por eso también diré que me resulta muy sospechoso aquellos que llevan  décadas condenando únicamente los casi doscientos fusilados en La Cabaña bajo el mando del Che, sin embargo no abren la boca ante los millones que se han matado de peor manera desde aquel año 1959 hasta hoy: bombardeos sobre civiles, niños, ancianos, ya fuese en Vietnam con el Napalm que se agarraba a la piel hasta llegar a los huesos, o el Agente naranja que somete a un crisol de sufrimientos  y deformaciones físicas perturbadoras, o a Irak, Afganistán, Panamá, causando cientos de miles de muertos civiles, ni condenan las torturas de ese ejército, ya en Abu Ghraib, en Guantánamo, como en donde quiera que vuelen cargados de bombas para masacrar seres humanos. Carece de la más mínima seriedad.

Solo puedo hablar de la violencia de mi tío, de la División 82, de la Royal Navy, del G2, de la KGB, el genocidio fascista español, italiano y alemán, el comunista soviético chino y kampucheano, de la policía racista estadounidense, la represora de cualquier diversidad cubana o soviética, los descuartizamientos y lapidaciones de Arabia Saudí, las masacres de África entre africanos; con aquellos que, como yo, condenan todas estas modalidades de horror y las demás que existen, no únicamente la de unos, mientras se justifica la de otros.

Con esa gente no gasto ni un minuto.

Si se dirige a mí un familiar o amigo de algún fusilado en La Cabaña, yo lo respeto y además lo escucho, porque me interesan las infrahistorias, y en lo que a mí respecta me he conducido con extrema delicadeza cuando he hablado, con expresos políticos cubanos, el solo hecho de que hubiesen pasado 15 o 20 años presos me infunde cierto respeto, acaso en la memoria de los años que pasó mi viejo entre rejas, al margen de la ideología que los adornase.

Y ante todo teniendo en cuenta que lo que lo elevó a la fama en ese mundo que pisó, viajó, donde vertió su sacrificio, no fue su costado menos apreciado, conocido en Miami, sino todo lo contrario, desde su muerte miles de millones de personas han vestido su imagen en camisetas y carteles, por sus actos de entrega a la humanidad.

Algunos me han hablado del discurso de Ernesto en la ONU en el que declaró, de la manera menos políticamente correcta y más chocante acorde a mi filosofía de vida, pero más sincera imposible: “Hemos fusilado, fusilamos, y seguiremos fusilando”

Lo que nunca escuché, no ha escuchado nadie, es a un presidente estadounidense en el mismo estrado de la ONU reconociendo:

“Sí, tiramos Napalm y Agente naranja a millones de civiles, niños, ancianos, mujeres y hombres, torturamos salvajemente soldados y civiles en todas las guerras, matamos millones de personas a bombazos; sí, lo hicimos, lo hacemos y lo seguiremos haciendo”

 

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One thought on “Ante todo: coherencia y educación

  • Dos males no hacen un bien y a mí, como cubano, EEUU no me ha tirado napalm, no me ha fusilado, no me ha exiliado, no me ha arruinado la vida como ha hecho su tío y sus compinches. Así que sí, efectivamente no me gusta el napalm ni el rey de Arabia Saudí pero todo eso sinceramente me queda lejos. En cambio su tío, ¡ay su tío!

    ¡Gracias Fidel!

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