A Ortega hay que responderle a la altura de su desafío

Caricatura por Manuel Guillen / La Prensa

Por Raúl K. Bautista

HAVANA TIMES – Días después de la farsa electoral del 7 de noviembre del 2021, algunos periodistas escribían que, a través de esa acción, Daniel Ortega se había “asegurado su cuarto mandato consecutivo.” Esta afirmación coincide con las conclusiones de algunos expertos internacionales, quienes consideran que no habrá ninguna reacción internacional contundente para hacer que el régimen Ortega-Murillo se tambalee, que continuará actuando con total impunidad y que su reciente relación con China le asegurará la ayuda económica y política necesaria para sobrevivir por cinco años más, o de manera indefinida.

Debemos ser pragmáticos y considerar que ese curso es probable. Ese sería el peor escenario para el pueblo nicaragüense. Para elaborar estrategias de resistencia e impedir que la dictadura logre sus propósitos, ese puede ser el punto de partida para el análisis. Pero, primero, tenemos que reconocer que somos actores políticos y agentes de cambio social y junto al pueblo, que ya en repetidas ocasiones ha demostrado su determinación de sacar a la dictadura Ortega-Murillo del poder, podemos cambiar la historia. Para lograrlo, necesitamos el apoyo decidido de la comunidad internacional.

Con cada paso que Ortega y Murillo han dado para afianzar su poder, han cavado más hondo y han hecho más difícil la posibilidad de una solución pacífica a la crisis sociopolítica, poniendo en peligro incluso su propia supervivencia.

A nivel internacional, lo único que Ortega se ha asegurado es que una amplia mayoría de la comunidad democrática internacional lo considere ilegítimo. Un usurpador del poder, un paria. Como manifiesta la resolución de la Asamblea General del 7 de noviembre del 2021 de la OEA: las elecciones en Nicaragua “no fueron libres, justas ni transparentes y no tienen legitimidad democrática.”

Ortega no cuenta con ningún mandato, ni democrático, ni “revolucionario”. No tiene legitimidad para gobernar. Como ya no podía mantener su fachada democrática, se declara abiertamente al lado del bando autoritario al cual siempre ha pertenecido, presenta su solicitud para salirse de la OEA, saca a patadas a Taiwan y abraza a Xi Jingping y al Partido Comunista de China, con el cual dice compartir una “afinidad ideológica.”

Como han señalado 40 excancilleres latinoamericanos, en una carta impulsada por IDEA Internacional, hay que ir más allá de las palabras y suspender a Nicaragua de la OEA si no acepta un dialogo que conduzca a nuevas elecciones y no libera a los presos políticos.

Ya Ortega cruzó la principal línea roja y se auto reeligió a través de una farsa electoral. También se cerró decisivamente a las negociaciones que solicitan la OEA y la Unión Europea que conlleven a reformas electorales y un dialogo que permita realizar nuevas elecciones presidenciales y parlamentarias. Y no va a cambiar hasta que sea forzado a hacerlo.

Se niega, además, a liberar a los presos políticos y ya reinició los juicios para declararlos a todos culpables y sentenciarlos a 10 o 15 años de cárcel e inhibirlos de optar a cargos públicos. Evidenciando así, una vez más, que su verdadero propósito es dañar de manera permanente la integridad física y psicológica de los principales líderes políticos y cívicos que tiene Nicaragua en la actualidad. Es una forma de matarlos en vida y eliminarlos como adversarios políticos.

Si no se reacciona de manera efectiva, dice la expresidenta costarricense Laura Chinchilla, “el costo será altísimo” para los nicaragüenses y también para la “estabilidad democrática regional”. Llegó la hora de poner a Ortega en jaque. El conjunto de naciones democráticas debe de tomar la decisión política de golpear al régimen Ortega-Murillo de manera contundente. Y este es el momento oportuno.  

Como ha señalado el eurodiputado Javier Nart, las sanciones individuales únicamente han causado “incomodidad” a la pareja dictatorial. Lo fundamental, dice Nart, “es que tengamos una actuación política con consecuencias económicas determinantes y determinadas”, en contra de la pareja dictatorial, su familia y sus colaboradores.

Daniel Zovatto (IDEA Internacional) ha propuesto cerrarle a la dictadura todo acceso a financiamiento de los organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, BID y BCIE) y sancionar enérgicamente al ejército. Voces desde Europa y América Latina instan a la comunidad democrática a cerrar y negar cualquier posibilidad de crédito de instituciones y programas de desarrollo.

La Administración Biden tiene en sus manos la Ley RENACER, que cuenta con un inusitado apoyo bipartidista en el congreso estadounidense y amplio respaldo internacional, lo cual le permite coordinar y liderar la implementación de mayores sanciones y otras presiones políticas y diplomáticas con los gobiernos de Canadá, Gran Bretaña, la Unión Europea y países de América Latina y El Caribe.

Suspender a Nicaragua del sistema interamericano, excluirlo del sistema financiero internacional, cerrarle toda ayuda y crédito para el desarrollo, aislarlo más política y diplomáticamente, adoptar sanciones económicas contundentes y hacer uso de todos los otros innumerables mecanismos del poder suave y duro, exceptuando la opción militar, que tiene la comunidad democrática, para desgastar, desestabilizar y forzar la caída del régimen Ortega-Murillo u obligarlo a negociar una transición democrática no son injerencia en los asuntos internos de un estado, ni apoyar opciones imperialistas.

Ni siquiera se le puede llamar “regime change” (cambio de régimen), se trata principalmente de la “responsabilidad de proteger”. Como expresó Kofi Annan (exsecretario general de la ONU) en 2005: “Cada Estado tiene la responsabilidad de proteger a su población del genocidio, los crímenes de guerra, la limpieza étnica y los crímenes contra la humanidad”. Y la comunidad internacional tiene la responsabilidad de proteger a la población afectada, principalmente cuando esa población se ha manifestado repetidamente en contra de un régimen déspota y ese régimen ha usurpado el poder.

Es apelar, como han señalado reconocidos analistas políticos, diputados, cancilleres y expresidentes y exvicepresidentes del hemisferio occidental y Europa, a los mecanismos con los que cuenta el sistema interamericano y que forman parte de los acuerdos y convenios firmados por el Estado de Nicaragua y que deben aplicarse para que se cumplan las cláusulas de protección de la democracia.

Esas son las acciones de respaldo urgente que necesita el pueblo de Nicaragua en su lucha en contra del despotismo y el autoritarismo. También se requiere un apoyo firme a la oposición, principalmente a los sectores que todavía representan el “espíritu de abril” y buscan la unidad en la acción en contra de la dictadura. Como también ha expresado Daniel Zovatto, “a Ortega hay que responderle a la altura de su desafío”, si la comunidad internacional hace lo suyo, los nicaragüenses se encargaran del resto.

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