Que Cese la lluvia en Venezuela

Foto reportaje por Caridad

Deslaves e inundaciones en Venezuela.

HAVANA TIMES, 10 dic. — Hace unos meses atrás, en febrero o marzo, todavía los venezolanos miraban esperanzados a las nubes, queriendo extraer de ellas el agua que tanto necesitamos. Hubo cortes de energía eléctrica, incendios forestales, escases de agua en las viviendas.

En ese momento nadie imaginó que en menos de 8 meses las cosas cambiarían radicalmente, que entonces mirarían con desespero al cielo, rezando para ver el sol en vez de los grises nubarrones que no han parado de soltar toda la lluvia que se ausentó por más de un año.

En Venezuela una buena parte de las viviendas están construídas sobre montañas, sobre todo en la zona norte del país. NO siempre los constructores de las casas han tenido en cuenta el peligro que esto conlleva, la realidad es que estos son “terrenos de nadie” y los que no tienen muchas posibilidades económicas ven en estas zonas una gran oportunidad para tener donde vivir.

Más allá del detalle económico, las montañas aquí están por donde quiera, es difícil esquivarlas; y cuando las lluvias – indetenibles por semanas – comienzan a reblandecer la tierra, comienzan a desmoronarse como si fuesen un escenario artificial. Pero no lo son.

La gente del estado de Vargas recuerda con temor los deslaves de hace más de 10 años, esta vez no han tenido la misma intensidad, quizá porque el gobierno ha ido tomando algunas medidas para evacuar ciertos sectores con mayor peligro de derrumbe. Pero muchas personas se niegan a dejar sus pertenencias, prefieren correr el riesgo de perderlo todo.

En Miranda es otra la situación, pues no hay tanto peligro con el deslave como con las inundaciones. Muchos barrios han quedado totalmente bajo las agua, un paciente en un hospital me cuenta que su casa está bajo agua, él está albergado en otro sitio más seguro. Una madre de 6 niños – no rebasa los 25 años- está envuelta en una toalla que alguien le dio, todo lo perdió en la crecida del río, que ocurre por tercera vez en dos días.

Por suerte hasta los hoteles – que son propiedad privada – han ofrecido sus habitaciones para los que han perdido sus casas o corren el peligro de perderlas. El Palacio de Miraflores también ha prestado su rinconcito para los damnificados.
A la salida de los mercados podemos obtener un libro a cambio de entregar un poco de alimentos para los que están albergados. Por diversas vías el gobierno y el pueblo en general reúnen agua, comida y ropas para los que lo han perdido sus casas.


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