Flower Power contra el cambio climático

Por Manipadma Jena

HAVANA TIMES, 29 sept. (IPS) — La oficina de Gazalla Amin, a las afueras de la capital del norteño estado indio de Jammu y Cachemira, huele a lavanda, aroma que emana de un montón de flores secas ubicadas en un cuenco en una esquina del salón.

La fragancia no tiene nada de extravagante ni de femenino. A los cuarenta y tantos años, esta médica de profesión irrumpió en el sector agrícola, que en este lugar dominan los hombres.

Amin se puso al frente de agricultores endeudados, pobres y derrotados por las incertidumbres climáticas y la pérdida de cultivos, y pregona con el ejemplo alternativas agrícolas viables.

Tradicionales cultivadores de maíz de los distritos de Baramulla, Bandipora y Pulwama ganan apenas 110 dólares al año, por hectárea.

Ante la irregularidad de las lluvias, la nieve, la humedad y la variabilidad de la temperatura, los pequeños agricultores endeudados por repetidas malas cosechas venden sus tierras a promotores inmobiliarios rapaces y abandonan su profesión ancestral.

“Pero no tienen por qué hacerlo”, arguyó Amin. Pueden plantar arbustos de lavanda en lo que se conoce como “kandi”, tierras cultivables de secano y semi-áridas.

“Una hectárea de lavanda puede generar el equivalente a 4.000 dólares al año, el cultivo tiene una vida de 20 años y requiere un mínimo de insumos. Además casi no necesita pesticidas y no resulta atractivo al ganado”, explicó.

Los agricultores pueden comprar árboles jóvenes, a 10 centavos de dólar cada uno, a Amin o a viveros estatales o privados.

“Más de 90 por ciento de las plantas medicinales y aromáticas del mercado se consiguen silvestres y, dos tercios de ellas se cosechan con medios destructivos”, según un documento del gobierno federal dedicado al asunto.

“Las partes más altas de las montañas de Cachemira son un precioso refugio de valiosas plantas medicinales. Las comunidades de pastores pahari y gujjar las identifican con facilidad”, observó Amin.

“Los comerciantes suelen usar los servicios de los pastores para obtener las plantas de forma ilegal y destructiva”, apuntó. “El cultivo ayudará a evitar la piratería y preservar la biodiversidad”, añadió.

La incursión de Amin en la agricultura medicinal es un típico caso de iniciativa empresarial. “Aun siendo médica traté de estar atenta a las oportunidades de mantenerme cerca de la naturaleza”, explicó.

Una reseña sobre plantas medicinales y lavanda la llevó hace ocho años al Instituto de Medicina Integral y terminó comprando un árbol joven de lavanda a las tierras familiares en el distrito de Bandipora.

“La lavanda no es autóctona de Cachemira, pero ama su suelo y su clima”, indicó. En los primeros dos años, la media hectárea cultivada se expandió a nueve y luego a otras tres granjas en los distritos de Bandipora, Baramulla y Pulwama.

Amin dejó su trabajo y se mudó al campo, lo que incentivó a otros agricultores a aventurarse en cultivos medicinales y aromáticos de bajo riesgo y gde ran rendimiento como estrategia para paliar las consecuencias del cambio climático. Su exitosa experiencia personal le sirvió para invitar a otros granjeros a conocer sus tierras.

En 2009 creó la Cooperativa de Cultivadores de Plantas Medicinales y Aromáticas de Jammu y Cachemira con 30 agricultores, y ahora tiene 300 miembros. Todos reciben material y capacitación sobre técnicas de cultivo y reciben con ayuda estatal.

“Lo mejor es que los pequeños agricultores pueden comercializar y hasta exportar su producción a través de nuestro comercio centralizado y a un precio justo”, añadió.

Abdul Rahman, de 50 años, de la aldea Doodh Pathri, a 42 kilómetros de Srinagar, cultivó en 2010 una hectárea de lavanda y este año aumentó a 2,5.

Ghulam Shah, de 60 años, cambió las rosas que cultivaba, porque consumían mucha y agua y requerían pesticidas, por lavanda en sus tres hectáreas.

Las cosechas colectivas aumentan desde 2009. Ese año, Amin creó una planta de destilación de aceites aromáticos de medio millón de dólares, con un préstamo del gobierno federal. Las instalaciones reciben suficientes flores para funcionar durante la temporada de mayo a diciembre.

Consciente de las posibilidades de incentivar el sector agrícola, el estado lanzó ese mismo año una misión nacional sobre plantas medicinales con un fondo federal de 1,3 millones de dólares, a la que seguido un plan de acción de 1,5 millones en 2010.

La misión está a cargo de organizaciones de autogestión y de agricultores como la de Amin.

Además, ella estableció vínculos dentro del país y con Gran Bretaña, y su empresa Fasiam Agro Farms vende aceites esenciales de lavanda, rosa y geranio bajo la marca “Pure Aroma”.

A principios de este año, el gobierno estatal reconoció el aporte de Gazalla Amin al desarrollo empresarial en el sector agrícola con el premio “agricultores progresistas”.

“No había antecedentes sobre ese modelo empresarial, aprendí rápidamente a través del ensayo y el error”, respondió al ser consultada por las dificultades que tuvo que afrontar al montar su negocio.

Ser mujer en un ambiente agrícola masculino “fue un poco difícil al principio”, reconoció.

“Logramos producir cinco toneladas de aceite de lavanda en 2010, pero tenemos posibilidades de exportar más de 1.000 al año”, señaló A. S. Shawl, presidente la rama en esta ciudad de la empresa IIIM, pionera en ese cultivo del valle de Srinagar hace dos décadas.

Amin, quien ahora produce un quinto del aceite de lavanda de Srinagar, busca otros cultivos para los agricultores de Cachemira.

Con ese fin, analiza con cuidado el informe “Situación Mundial de la Medicina 2011”, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que señala que el comercio internacional de medicamentos tradicionales representó 83.000 millones de dólares en 2008.

La OMS pronostica que con un crecimiento anual de entre 15 y 25 por ciento, el comercio de plantas medicinales y aromáticas ascenderá a cinco billones de dólares en 2050.


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