El tiempo de las delfinas en Argentina y Brasil

Por Marcela Valente

HAVANA TIMES, 24 enero (IPS) — El alto nivel de aprobación de sus antecesores en el cargo les allanó el camino a la presidencia. Ahora, Cristina Fernández y Dilma Rousseff afrontan el reto de gobernar los dos países más grandes del Mercosur y claves para la integración latinoamericana.

La asunción el 1 de este mes de Rousseff como presidenta de Brasil completó la dupla con Fernández, en el gobierno de Argentina desde diciembre de 2007, para mostrar las cualidades del liderazgo femenino, de avanzar hacia la igualdad de género y de profundizar la democracia en una región tradicionalmente machista.

“Las dos deben enfrentar el desafío de ser quienes son, y al mismo tiempo competir con sus antecesores, dos líderes de peso”, dijo a IPS la politóloga brasileña Mónica Hirst, de la privada Universidad Torcuato Di Tella, de Argentina.

Sus trayectorias son distintas, pero el reto las une. Tanto Fernández, del ala centroizquierdista del Partido Justicialista (peronista), como Rousseff, del izquierdista Partido de los Trabajadores, fueron precedidas por presidentes que culminaron sus respectivos mandatos con altísima popularidad y fueron elegidas como delfinas.

Esa circunstancia que les facilitó el triunfo electoral, las fuerza ahora a mantener y expandir los logros de la gestión anterior, enfrentar los nuevos problemas que surjan y hacerlo todo bajo la sombra de lo logrados por dos líderes muy populares.

Néstor Kirchner, el esposo de Fernández que falleció en octubre pasado a los 60 años, culminó su gobierno con 70 por ciento de popularidad, mientras que Luiz Inácio Lula da Silva marcó un récord en Brasil con 87 por ciento de aprobación al finalizar sus dos mandatos consecutivos de cuatro años cada uno.

Rousseff lo dijo al asumir. Lula fue “el mayor líder popular” de su país y “la tarea de sucederlo será un desafío”. Ella prometió honrar el legado y la osadía de él, que “hizo posible” que por primera vez una mujer llegue a ser presidenta de Brasil.

Ahora ambas están solas en la escena. Ellas marcan el rumbo, deciden las políticas, eligen colaboradores. Si logran un buen gobierno, habrá otras.

Lo anticipó Rousseff: “vine a abrir puertas, para que muchas mujeres en el futuro puedan ser presidentas”.

El 31 de este mes, las dos se reunirán en Buenos Aires en el marco de la primera gira externa de Rousseff como mandataria. Entonces la imagen de dos presidentas juntas comenzará a ser un hecho más natural que excepcional.

Para la experta argentina Natalia Gherardi, las presidencias femeninas en los dos países socios mayores del Mercosur (Mercado Común del Sur), que se completan con Paraguay, Uruguay y Venezuela en proceso de adhesión plena, brinda “una excelente oportunidad de mostrar cualidades del liderazgo femenino y trabajar en forma coordinada para avanzar en la agenda de las mujeres”.

No obstante, Gherardi advirtió que para que exista esa articulación primero tiene que haber una política de género consistente en cada uno de los países, y en ese sentido consideró que es mucho lo que cada una debería hacer “para erradicar estereotipos que son muchos aún y están muy arraigados”.

Con 233 millones de personas entre los dos países, Argentina y Brasil albergan a 60 por ciento de la población sudamericana y ocupan 62 por ciento de la superficie. Sin dudas, son las dos economías más grandes de la región.

La llegada de ambas mujeres al gobierno puede contribuir a la igualdad social y de género, a la profundización de la democracia y a poner en cuestión el estereotipo del machismo latinoamericano que comienza a mostrar algunas fisuras, sostuvo Gherardi, directora del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género.

Ellas son concientes de esa expectativa que hay sobre sus administraciones.

Al conocer el triunfo de Rousseff en segunda vuelta, Fernández la llamó por teléfono para felicitarla. “Bienvenida al club de compañeras de género”, le dijo la argentina destacando la trascendencia de la elección.

Fernández lo sabe por experiencia. Rousseff deberá lidiar con prejuicios ya clásicos. Si una mujer gobernante es coqueta puede ser tildada de frívola, si su tono es suave puede ser considerada débil y si su voz es firme será la “dama de hierro”.

En eso, las nuevas presidentas podrán acumular un largo anecdotario. A Fernández se la suele criticar el exceso de celo que pone en su arreglo personal y a Rousseff se intenta rebajarla por lo contrario.

Las trayectorias de una y otra son diversas, aún cuando tienen elementos en común. “Vienen de culturas políticas muy diferentes, pero yo soy de la idea de que la diversidad suma más que la simbiosis”, destacó Hirst.

En su opinión, “ambas tienen antecedentes de lucha por la democracia y una preocupación por la necesidad que tienen sus países de reforzar los instrumentos jurídicos que permitan profundizar su compromiso con los derechos humanos”.

Pero mientras Fernández es “más conocedora de los vicios políticos por su experiencia como parlamentaria, Rousseff tiene una clara noción de lo que es la estructura del Estado, las ventajas y amarres del aparato burocrático”, explicó.

Efectivamente, Fernández llegó a la Presidencia tras haberse desempeñado como legisladora provincial primero y luego como diputada y senadora en el Congreso Nacional. Nunca había sido alcaldesa ni gobernadora o ministra.

En cambio, Rousseff casi comenzó a trabajar en el Poder Ejecutivo. Fue ministra de Minas y Energía del gobierno de Lula y luego jefa de la Casa Civil, un cargo desde el cual se convirtió rápidamente en la mano derecha del primer mandatario de izquierda de Brasil.

Hirst está convencida de que las relaciones entre los dos países más grandes del Mercosur se van a profundizar con las dos mujeres al frente de los respectivos gobiernos.

“Son dos mujeres de una misma generación, con gran compromiso político y van a crear una química para trabajar bien sin competencias personales, más allá de las que devienen de la relación bilateral”, vaticinó.

Para Hirst, la coincidencia “es un hecho muy positivo, porque representa un nuevo capítulo de inclusión, de avance sobre la desigualdad y la discriminación del pasado. Es una nueva etapa de civilización en nuestros países”.

La politóloga lamentó que la simultaneidad no hubiese alcanzado también a la chilena Michelle Bachelet, quien gobernó su país entre 2006 y 2010 y ahora está al frente de ONU Mujer, el nuevo organismo especializado de la Organización de las Naciones Unidas.

“Es una lástima, sería fantástico un ‘ABC’ comandado por mujeres, quizás ocurre si Bachelet vuelve a la Presidencia”, dijo.

La chilena, también primera presidenta de su país, terminó su mandato con un nivel de aprobación cercano al de Lula.

Fue esa popularidad que la hizo merecedora de la oferta de ponerse al frente de la flamante oficina de la ONU, otro asiento destacado en el sistema político internacional ocupado por una mujer proveniente de América del Sur.



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