El Papa debería prohibir el sacerdocio, no los homosexuales

By George Payne*

El papa Francisco describió la homosexualidad como “una moda”, e instó al clero a observar su voto de celibato, y dijo, además, que la Iglesia tenía que ser “exigente” al elegir a los candidatos para el sacerdocio. Foto: pildorasdefe.net

HAVANA TIMES – Junto con millones en todo el mundo, he sido un gran admirador del papa Francisco. En cuanto a la teología, estoy totalmente de acuerdo con él en que el Nuevo Testamento cristiano habla de una opción preferencial por los pobres, un llamado radical para abolir la violencia y de un deber moral para proteger a los niños. Desde el momento en que asumió el pontificado, Francisco parecía ser un brillante ejemplo de humildad, hospitalidad y esperanza.

Así que fue con consternación que escuché sus últimos comentarios sobre la homosexualidad en el clero. Durante una entrevista concedida al diario italiano Corriere della Sera, el Papa dijo que ese es un “asunto serio”, que le “preocupa”.

El Sumo Pontífice describió la homosexualidad como “una moda”, e instó al clero a observar su voto de celibato, y dijo, además, que la Iglesia tenía que ser “exigente” al elegir a los candidatos para el sacerdocio. Y que los responsables de entrenar a los sacerdotes deben asegurarse de que los candidatos sean” humanamente y emocionalmente maduros”, antes de recibir la orden. “Por esa razón, la Iglesia insta a que las personas con esa tendencia arraigada no sean aceptadas en el ministerio o en la vida consagrada”.

Palabras pesadas provenientes del líder de 1,200 millones de seguidores en todo el mundo.

Suponiendo que parte de la racionalidad del Papa para sostener esas creencias es su preocupación por el escándalo de abuso infantil que aflige a la Iglesia, es necesario analizar sus comentarios con mayor profundidad.

Como informa el Southern Poverty Law Center, “según la Asociación Estadounidense de Psicología, los niños no tienen más probabilidades de ser abusados sexualmente por sus padres LGBT o sus amigos o conocidos LGBT.

Gregory Herek, un profesor de la Universidad de California, Davis, quien es uno de los principales investigadores de Estados Unidos sobre el tema de los prejuicios contra las minorías sexuales, revisó una serie de estudios y no encontró evidencia alguna de que el abuso sexual de hombres homosexuales contra niños tengan tasas más altas que la de los hombres heterosexuales… los activistas anti-homosexuales que afirman eso alegan que todos los hombres que acosan sexualmente a niños varones deben ser vistos como homosexuales. Pero la investigación de A. Nicholas Groth, un pionero en el campo del abuso sexual en infantes muestra que eso no es así.

Groth encontró que existen dos tipos de acosadores sexuales de niños: los obsesivos y los regresivos. El abusador sexual obsesivo de niños –el pedófilo estereotipado- no puede considerarse homosexual o heterosexual, porque, “a menudo, considera que los adultos de ambos sexos son repulsivos” y con frecuencia acosa a pequeños de ambos sexos.

Los agresores regresivos de niños generalmente se sienten atraídos por otros adultos, pero pueden “retroceder” para enfocarse en los impúberes, cuando se enfrentan a situaciones de estrés. Groth descubrió que la mayoría de los delincuentes en regresión eran heterosexuales en sus relaciones adultas”.

Además, “El Instituto de Prevención e Investigación del Abuso Sexual Infantil señala que el 90 por ciento de los acosadores de niños escogen a sus víctimas en su red de familiares y amigos, y en la mayoría de los casos son hombres casados con mujeres.

Por lo tanto, la mayoría de esos acosadores de niños no son personas homosexuales que permanecen fuera de las escuelas (o las iglesias) esperando para sacar a los pequeños del patio de recreo, como sugiere la retórica de la derecha religiosa.

Al tomar en consideración la investigación psicológica actual, las opiniones del Santo Padre no parecen estar basadas en evidencia científica, sino en un simple prejuicio. Después de todo, el hombre fue criado en una cultura colonizada que trataba a las personas LGBT como antinaturales y en oposición al Dios cristiano.

La sodomía, por ejemplo, fue tratada en Argentina con las formas más severas de castigo, incluida, incluso, la guerra contra los indígenas mapuches, quienes abrazaban abiertamente la orientación sexual de hombres, mujeres, personas transgénero e intersexuales.

Si bien el papa Francisco puede ser un erudito jesuita, cosmopolita en muchos aspectos y un influyente embajador de la paz mundial, cuando se trata de honrar y abrazar a los homosexuales y a la homosexualidad, es un subproducto arcaico de una ignorante visión del mundo.

Sin embargo, tal vez el Pontífice tenga algo en mente. ¿Por qué detener a los homosexuales? ¿Por qué no excluir, también, a los heterosexuales del sacerdocio? ¿Por qué no a los blancos y negros? ¿Y qué hay de los viejos y jóvenes también? ¿Y los capacitados y los discapacitados?

Cuando uno se detiene a contemplar las innumerables formas en que los sacerdotes han ocasionado daño a la humanidad, creo que el Papa no debería rechazar solamente a los homosexuales. ¡Debería imponer una moratoria para permitir que cualquiera se convierta en sacerdote! No más obispos y arzobispos; No más pastores y ministros; tampoco más rabinos, imanes y papas.

Lo que el mundo necesita desesperadamente es un pensamiento más libre. Esas posiciones de autoridad religiosa, de manera inevitable, sean ellos conscientes o no, conspiran para renunciar al poder y a la responsabilidad de los individuos.

A cambio de ese robo de propiedad intelectual, regularmente exigen obediencia ciega e incluso las formas más grotescas de veneración. Las consecuencias sociales para la libertad personal y la libertad de pensamiento son obvias.

¿De dónde vienen las fatwas (sentencias religiosas), sino de los líderes religiosos? ¿Cómo empezaron las Cruzadas, sino con edictos de los superiores de la Iglesia? ¿Quién tendría el poder de ordenar un suicidio en masa como Jonestown, sino un pastor carismático? ¿Quién anima a los jóvenes a levantar las armas y a luchar por Dios y por su país? ¿Quién les promete la vida eterna si pagan sus cuotas? ¿Quién impide que se usen los condones en África, lo que resulta en la propagación continua del VIH / SIDA? ¿Quién sanciona la mutilación genital y otras formas de sufrimiento corporal bajo el disfraz de leyes de pureza?

Como escribió Michel Onfray en The Atheist Manifesto: “Que extraña es esa excisión -la circuncisión femenina, con varios idiomas usando el mismo término para ambos tipos de mutilación- de niñas pequeñas que espanta en el Occidente, pero que no provocan desaprobación cuando se realiza en niños pequeños.

El consenso sobre el punto parece absoluto. Pero pídale a su interlocutor que piense acerca de la validez de ese procedimiento quirúrgico, que consiste en eliminar, sin consentimiento, una parte sana del cuerpo de un infante, por motivos no médicos –esa es la definición legal de… mutilación”.

Onfray también dijo: “La religión es como la magia. Todo tiene que ver con trucos”.

No más trucos, papa Francisco. No más hocus pocus. No más miedo. No más discriminación camuflada como moralidad. No más enseñanzas con el terror. No más catecismo, si eso significa que se debe hacer que los hijos de Dios se sientan menos bellos y dignos, solo por su composición genética. ¡No más mentiras desde el púlpito!

Para ser franco: pido que mantengamos a todos fuera del sacerdocio. No nos detengamos con los homosexuales. Yo reclamo instituir una prohibición universal de la autoridad religiosa de una vez y por todas. Si usted, papa Francisco, es tan humilde y servicial como se presenta, haga algo para mostrarle al mundo que usted es un verdadero sin igual.

Deja su manto. Baje de su posición de Eminencia y manténgase con la gente como uno más de ellos. No hay nada acerca de ser Papa que te haga más o menos capacitado para servir a los pobres, defender a los niños y detener la guerra. Entonces, ¿para qué ser un Papa? ¿De qué sirve ser un Papa, si es para reclamar la superioridad sobre los demás? ¿De qué sirve ser un sacerdote si no categorizamos a las personas por graduaciones de dignidad?

Papa Francisco, no se detenga con los homosexuales, continúe hasta que haya prohibido a todas las personas del sacerdocio. Si hace eso, todavía la Iglesia puede ser salvada.

*George Cassidy Payne es un escritor independiente, activista de justicia social y consejero sobre violencia doméstica. Vive y trabaja en Rochester, New York.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *