Brasil opuesto a opciones militares para crisis de Libia

Por Fabiana Frayssinet

HAVANA TIMES, 4 marzo (IPS) — Con una postura contraria a la militarización de la crisis libia y favorable a salidas negociadas sin intervenciones extranjeras, concurre Brasil a la reunión con India y Sudáfrica que se realizará el lunes 7 y el martes 8 en Nueva Delhi.

En la cita ministerial, dentro del Foro de Diálogo India, Brasil, Sudáfrica (IBSA), los tres países que además comparten asientos en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), analizarán sus propuestas de reforma de ese órgano y la situación mundial a raíz de la ola de revueltas sociales árabes y la amenaza de una intervención militar en Libia.

Una fuente del Palacio Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, hizo a IPS un resumen desde Brasilia de los ejes de la posición del gobierno brasileño: “Necesidad de evitar militarización y agravamiento de la situación, deseo de que se encuentre una salida negociada, serena, sin intervenciones externas”.

Este mismo viernes 4, el canciller Antonio Aguiar Patriota dijo que “Brasil considera que el debate sobre la propuesta de establecimiento de una zona de prohibición de vuelos en el espacio aéreo libio, o acerca de cualquier iniciativa militar en aquel país, sólo tendrá legitimidad en el marco estricto del respeto a la Carta de la ONU, en el ámbito del Consejo de Seguridad”

En un comunicado leído durante una rueda de prensa en Beijing, donde concluyó una visita oficial a China, Patriota añadió que su país “privilegiará la diplomacia, el diálogo y la negociación en el encaminamiento de la situación de tensión, en que haya riesgo de conflagración o cuadro de violencia”.

La posición de la potencia latinoamericana es la primera gran voz disonante que se alza contra los anuncios de Estados Unidos, apoyados por países clave de la Unión Europea y de la Liga Árabe, de que si el líder libio Muammar Gadafi persiste en mantenerse en el poder, están abiertas varias opciones militares de intervención.

Entre ellas, la de la creación de una zona de exclusión del espacio aéreo libio o incluso una invasión militar, si la situación llega a deteriorarse de forma que genere una catástrofe humana, dijo el jueves 3 el presidente estadounidense, Barack Obama. “Gadafi tiene que irse”, añadió con marcada contundencia.

La voz de Brasil se oye después de que Gadafi, según dijo a medios locales el embajador brasileño en Trípoli, George Ney de Souza Fernandes, mencionó la posibilidad de aceptar una comisión internacional observadora en su país, para verificar la situación humanitaria por la represión del régimen, que ha ocasionado miles de muertos, según fuentes periodísticas y opositoras.

Esa propuesta cita especialmente como miembros a participar en esa comisión a Brasil, la Unión Africana y la Conferencia Islámica, si bien las fuentes de Itamaraty aseguraron no haber recibido ninguna invitación oficial al respecto.

Paralelamente, en Caracas, se realizó este mismo viernes una reunión de cancilleres de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), para analizar la iniciativa del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de crear una misión mediadora internacional en Libia.

Esta iniciativa sería apoyada por Gadafi, según aseguró Chávez tras dialogar con el líder libio, aunque antes uno de sus hijos la había desestimado, al igual que Estados Unidos, Francia e Italia, entre otros países.

Para Williams Gonçalves, especialista en relaciones internacionales de la Universidad Estadual de Río de Janeiro, el mejor papel que Brasil puede desempeñar es precisamente el de “comportarse coherentemente con la tradición y con su objetivo programático de contribuir a la democratización de las relaciones internacionales”.

Sobre todo “defendiendo una solución negociada entre las partes y, fundamentalmente, hacer valer su presencia en los foros internacionales para colocarse a favor de la autodeterminación de los pueblos, lo que equivale a decir colocarse contra las intervenciones militares”, dijo a IPS.

Pero el internacionalista manifestó su pesimismo en cuanto a que un foro como el del IBSA pueda contribuir de algún modo a frenar la violencia en que degeneró el alzamiento popular en Libia.

Ese Foro de Diálogo tiene entre sus objetivos intensificar la concertación política y evaluar el diálogo sectorial trilateral y la cooperación prestada a terceros países. Creado en 2003, reúne a tres potencias emergentes de continentes distintos, con sociedades multiculturales, multiétnicas y democráticas, según destacan entre sus principios.

“La crisis política en Libia está muy avanzada. Los norteamericanos
(estadounidenses) ya decidieron intervenir en el proceso porque temen el colapso de la producción petrolífera de Libia y la desorganización del mercado de ese producto”, sentenció Gonçalves.

Si bien el nuevo gobierno de la presidenta Dilma Rousseff ha mantenido las directrices de política exterior de su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva (2003-enero 2011), “se observa un reajuste de la manera de llevar tales directrices a la práctica”, agregó.

“Por eso no es de esperar que la diplomacia brasileña tome cualquier iniciativa que contraríe el consenso que los norteamericanos y europeos formaron sobre la necesidad de abreviarse la crisis mediante la rápida deposición de Gadafi”, opinó.

No obstante, Gonçalves considera que los acontecimientos en el mundo árabe pueden generar un papel más activo y efectivo de las potencias emergentes en decisiones que actualmente están restringidas a ámbitos como Washington, el Consejo de Seguridad o la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

“Creo que el mundo árabe ve con buenos ojos cualquier iniciativa de los grandes países de la periferia de contribuir a la pacificación y al perfeccionamiento de sus instituciones políticas”, sostuvo.

El académico ve como buen comienzo que Brasil, India y Sudáfrica no tengan “tradición ni objetivos colonialistas”, sino que, por el contrario, “lucharon contra las metrópolis europeas para obtener su independencia y luchan todavía contra las injusticias del orden internacional”.

Ese pasado de colonias hace que los países del IBSA “sean mucho más sensibles a los problemas políticos de los árabes” y estén “principalmente interesados en un orden internacional donde no haya lugar para intervenciones extranjeras en la vida de cada país”.

Durante una reunión anterior en Nueva York, el 11 de febrero, los jefes de la diplomacia del IBSA enfatizaron la necesidad de una reforma urgente en el Consejo de Seguridad, que amplíe sus miembros permanentes y no permanentes, para dar una mayor participación a los países del Sur en desarrollo.

La cancillería de Brasil lucha por un asiento permanente en ese Consejo, al igual que India y, más tímidamente, Sudáfrica. Los tres países suman una población de casi 1.400 millones de personas y un producto interno bruto de más de 3,2 trillones de dólares.

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