El viaje de Guantánamo a Baracoa

Fotorreportaje

HAVANA TIMES — Salimos de la Terminal de Ómnibus de Guantánamo en la madrugada en un camión particular, de esos en que la mayoría de los viajeros vamos de pie y bien apretados, diría yo que para beneficio del bolsillo de los dueños del vehículo, solo alcancé beber un café caliente para amortiguar el sueño y continuar hacia mi destino.

En el camión en que nos transportábamos había de todo, sacos repletos amarrados hasta la boca, cajas, gallinas, en fin, me daba la impresión que mi destino iba a ser hacia un lugar del campo y no para la ciudad de la cual ya había escuchado hablar en la que incluso se desarrollaba el turismo.

Me acurruqué a un extremo, cerré mis ojos y me creí profundamente dormido.

Con el murmullo de los viajeros y el vaivén de los baches, entreabrí mis ojos y para sorpresa mía, un amanecer increíblemente maravilloso y único.

Escuché de algunos que íbamos por Yateritas, una de las playas de la zona Sur de Guantánamo, creo que la única.

A decir verdad, el viaje comenzaba a tornarse interesante y casi sin pestañar, saqué mi cámara fotografica, regalo de familia, y comencé a tomar fotos de todo aquello que ante mi sucedía y hoy comparto con ustedes.

Este fue sin dudas un viaje como ningún otro. De hecho las fotos hablarán por mí.

Me contaron de los encantos de Baracoa: su río miel, el cañón del Yumurí, el Yunque y otros, pero omitieron la parte del viaje por toda la franja costera Sur.

Subiendo la loma La Farola, famosa obra arquitectónica del siglo pasado, confieso que me sorprendió algo inesperado, pues ya antes habíamos dejado atrás algunos carteles de aviso en la carretera, refiriéndose a continuar el viaje con suma precaución por las pendientes y curvas peligrosas que nos acontecían todo el camino.

En fin, entre mareos y otros malestares que comencé a experimentar, fue imposible realizar más fotos.

Cuentan los viajeros que me rodeaban, que para este tipo de viaje lo ideal es traer siempre en el bolso al menos un limón.

Lo cierto es que mucho me mejoré luego de olerlo varias veces, pero cuando vine a levantar la cabeza, ya habíamos llegado a nuestro destino. Aún así, este fue un viaje como ningún otro.

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