La batalla de ideas en Cuba

Fernando Ravsberg

Alfredo Guevara. foto: cubadebate.cu

HAVANA TIMES, 1 julio — “Nunca jamás recomendaré a nadie prudencia; te recomiendo que combatas. Que expresen, que luchen, que acepten correr riesgos. Porque esta vez los riesgos serán de otro carácter, y serán una contribución revolucionaria dentro de la Revolución.”

Quien habla así a los jóvenes cubanos es Alfredo Guevara, un intelectual de muy alto nivel, fundador del Instituto de Cine de Cuba, posee la Orden de la Legión de Honor de la República Francesa y la Medalla de Oro Federico Fellini de la UNESCO.

Desde la universidad luchó contra la dictadura de Batista, vivió con Fidel Castro el Bogotazo, fue quien le entregó los primeros libros de marxismo al futuro líder cubano.  Después de 1959 promovió de algunos importantes debates éticos y estéticos en Cuba.

Hace un mes habló en una conferencia con los estudiantes de periodismo que fue transcrita en Internet.  Una intervención sumamente interesante que reseño ahora, después de confirmar que éste fue el contenido real de sus palabras.

Reconoció Guevara que Cuba vive “una crisis que es de carácter político y moral (…) lo más terrible es la vacuidad. Lo más terrible es ir caminando por la calle y no saber si la gente con que me cruzo son muertos-vivos o personas reales.”

Agregó que “las cosas que vivimos en la vida cotidiana son demasiados duras, demasiado amargas, a veces nos lastiman tanto en la vida y en la vida de nuestras familias, y es lógico que se desarrollen ciertos rasgos de insensibilidad, de desesperación y de rechazo.”

No tuvo pelos en la lengua para afirmar que “el Estado ha sido por muchos años el refugio de todos los… —no quiero calificar tan duro, voy a decirlo, pero fíjense que lo digo con amor— ha sido el refugio de todos los vagos y de toda la gente que no sirve para mucho.”

También cuestionó la actividad actual de los comités del Partido Comunista. “Nos reunirnos para mirarnos las caras y decirnos no sé qué cosa y nos bajó esto y no subió aquella otra cosa y después nos vamos para la casa y damos por resuelto todo.”

Acepta que sus contemporáneos no comprenden la era digital, sin embargo niega que haya un conflicto generacional, se trata de “un conflicto terrible que tienen los jóvenes y los jóvenes como yo también. Es el conflicto que existe entre el inmovilismo, la rutina, la inquietud y el tiempo que pasa.”

Les propuso a los estudiantes cambiar el rumbo sin abandonar el socialismo “tenemos que escoger otro camino, este y otro camino, pero que nos llevará algún tiempo, como Estado y como vanguardia revolucionaria, si es que lo seguimos siendo.”

Afirmó que “aquellos a quienes les toca, están listos para dar el paso,” pero sostuvo que las soluciones deben ser encontradas entre todos y propuso “crear think tanks, es decir grupos de reflexión y análisis, de diseño de potenciales para aprovechar así el talento que hemos creado y que anda por ahí, a veces sirviendo en las cafeterías.”

Sin embargo, parece descartar de cualquier diálogo con la disidencia y el exilio, “lo que no se puede aceptar es la contrarrevolución, porque la contrarrevolución activa es aceptar el suicido,” les dijo a los estudiantes.

Aceptó la aplicación de un modelo chino pero matizado para no sacrificar generaciones de cubanos, “ya bastante nos hemos sacrificado nosotros, no digo nosotros que tenemos esta edad, sino todos los que siguen, ustedes.”

Dijo que la prensa cubana “es muy pobre, no es convincente” y se preguntó “dónde están esos paradigmas en nuestro periodismo; no sé los profesores que estén aquí cuánto trabajo pasarán para citar un paradigma contemporáneo en el periodismo.”

Reconoció que no todo es culpa de los periodistas porque para que pueda surgir un nuevo periodismo “tienen que desaparecer todos los estúpidos, todos los imbéciles y todos los ignorantes que ocupan hoy cargos. Hay que luchar por eso.”

Sin embargo, su visión de esta profesión parece también muy politizada, cuando sostiene que “solo desde la militancia —que es así como llamo a la pasión y a la parcialidad apasionada— se puede hacer, para mí, verdadero periodismo.”

Las declaraciones de Alfredo Guevara, Silvio Rodríguez, Esteban Morales, Pedro Campos y muchos otros intelectuales muestran un cambio político y psicológico fundamental, por primera vez en medio siglo los revolucionarios cubanos exponen públicamente sus críticas sin sentir que por ello están “colaborando con el enemigo.”

El debate sale de “los canales correspondientes” y la desaparición de la sacrosanta unanimidad no ha provocado el caos ni el fin de la unidad. Por el contrario, si continuara ampliándose podría marcar los primeros pasos hacia una verdadera “batalla de ideas” sobre el futuro de la nación.

Publicado con la autorización de BBC Mundo.

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