Un museo para preservar la memoria audiovisual en Cuba

El Museo de la Imagen y el Sonido en Santiago de Cuba es una institución única en el país. Foto: Cortesía del entrevistado

Entrevista con Demian Rabilero, director del Museo de la Imagen y el Sonido “Bernabé Muñiz Guibernau”, en Santiago de Cuba, único de su tipo en el país.

Por Erian Peña Pupo (IPS)

HAVANA TIMES – Creado en la década del setenta del pasado siglo por el camarógrafo y documentalista Bernabé (Bebo) Muñiz Guibernau, y oficializado como institución el 21 de marzo de 1992, el Museo de la Imagen y el Sonido que hoy lleva su nombre, en Santiago de Cuba, celebra su treinta aniversario con una Semana audiovisual que incluye varias premieres de carácter nacional.

La jornada estrena los cortometrajes Tundra, de José Luis Aparicio; e Insecto, de José Armando Estrada; así como el documental Mafifa, de Daniela Muñoz Barroso. Además presentará los cortos El Rodeo, de Carlos Melián; y La noria, de Daniel Ross; y los documentales Los Puros, de Carla Valdés León; y Mujeres en dos tiempos, de Yasmani Castro.

“Sin ser museógrafo o museólogo, por su intuición y pasión, Bebo creó los pilares sobre los que se sostiene el Museo como un sitio vivo e interactivo. La interactividad no entendida como el botoncito en la pantalla táctil, sino como la relación establecida por el visitante con la institución”, comenta su director Demian Rabilero, también poeta y editor.

Sus diferentes salas exponen objetos relacionados con la evolución de la fotografía, el cine, la radio y la televisión. Además, es un espacio para proyecciones, talleres e intercambios teóricos, que prioriza el objetivo de salvaguardar la memoria y la identidad audiovisual del país.

El legado de Bebo Muñiz

¿Qué distingue al Museo de la Imagen y el Sonido?

Demian Rabilero: Fue creado por el empeño y devoción de Bebo Muñiz, vinculado a nuestra cinematografía y televisión desde la década del treinta del siglo pasado, y con quien hay todavía una deuda, pues faltan estudios sobre su aporte al universo audiovisual cubano.

Tras su muerte en el 2000 y por muchos factores, el Museo se apagó un tanto. Pero hoy, en medio de todas las tormentas, existe una vocación de rescatar y conservar ese legado y esa visión.

Cuando él lo fundó, lo llamó simplemente Museo de la Imagen. Ahora se le ha añadido “y el Sonido”, basados en que este es esencial en el cine y la televisión y así se puede abarcar también la radio (lo cual lo distingue de otros a nivel mundial). De esta manera lo concebía el realizador Santiago Álvarez, amigo de Bebo y cómplice en la gestación del Museo.

Demian Rabilero, director del Museo de la Imagen y el Sonido “Bernabé Muñiz Guibernau”.

Para materializarlo, Bebo logró convencer a muchos, desde el historiador Arturo Agramonte hasta el general Roberto Valdés, capitales en su concreción en diferentes etapas.

Objetos relacionados con la evolución de la fotografía, el cine, la radio y la televisión se exhiben en sus salas… ¿Existen estrategias para la conservación de las piezas —las películas tienen un deterioro más inmediato— y para la interacción tecnológica con el público?

DR: La estrategia existe, lo que no poseemos son los recursos. Hay varias cámaras que necesitan una restauración urgente, pero de nada vale restaurar si luego no puedes conservar. Este año lograremos construir una vitrina que se rompió antes de mi llegada al Museo y donde va buena parte de las cámaras que tenemos en el depósito, luego vendrán las gestiones para restaurarlas.

Guardamos materiales en la bóveda fílmica, algunos de mucho valor, como el documental de Bebo sobre la expedición a Cayo Confites; pero es más complejo y costoso. La directora anterior avanzó en coordinaciones con el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) y la Unión Nacional de Historiadores de Cuba; incluso se digitalizaron algunos materiales, pero llegó la covid-19…

De todas formas, van llegando personas y hemos ido conformando una red para echar a andar los proyectores, digitalizar las fotografías y todo ello por amor al arte, o sea por amor al patrimonio.

Un museo para la nación cubana

¿Cómo ingresan nuevas piezas a los fondos del Museo?

DR: Estamos ajustados de presupuesto, así que la excepción sería la compra. En estos dos últimos años hemos recibido varias donaciones importantes. En una época en que la premisa de muchos es vender, otros nos han donado desde cámaras hasta una filmina con muñequitos rusos.

También hemos incrementado los fondos bibliográficos. Más difícil ha sido con las instituciones, que a veces botan lo que para ellos fue solo un medio básico, pero para nosotros es patrimonio.

Premieres y presentaciones audiovisuales caracterizan la jornada por el 30 aniversario del Museo

¿Cuáles son los objetos más importantes o más difíciles de encontrar, esas rara avis que dan orgullo a los museos y llaman la atención por algún motivo?

DR: Tenemos una cámara que es posiblemente la más pequeña de la era analógica, y una de las primeras cámaras de cine, y la moviola donde se editaron los 500 primeros números del Noticiero Icaic Latinoamericano, o varias de las primeras cámaras de televisión llegadas a Cuba.

Por supuesto que es bonito poder tener una cámara que haya pertenecido a Rafael Lezcano (que la tenemos), o a Korda (que no). Pero a estas alturas rehúyo del fetichismo del objeto y una cámara doméstica conectada a fotografías hechas por personas sin notoriedad pública en su hogar, puede tener un impacto a veces superior en el espectador (por lo que evoca emocionalmente ) que una fotografía realizada por un profesional de prestigio.

Hacia esa dirección apuntan los estudios que realizamos para una futura curaduría, sin abandonar esencias fundacionales como el coleccionismo.

Memoria e identidad son dos términos importantes para el Museo…

DR: Somos un museo para la nación cubana. Manejar estos términos requiere rigor y estudio, no puede haber margen para la improvisación. Lo importante es la vida y la gente; este nunca fue un museo para élites, sino siempre inclusivo, vivo, dialéctico.

Nada puede ser más difícil que crear un museo

Actualmente están realizando una serie documental con el título El Museo de Bebo

DR: Es una serie modesta tecnológicamente, filmada con mi celular, un IPhone 6 al que se le agota la batería rápido. Es una especie de investigación sobre los orígenes y las etapas del Museo en el que recopilamos anécdotas y rastreamos documentos.

La otra opción era dejar que se perdieran determinados testimonios porque no se contaba con la tecnología. Se han hecho cuatro capítulos; no pongo excusas pero ahora está detenida…

En el aniversario treinta del Museo van a estar presentes antiguos trabajadores y colaboradores de Bebo y será una oportunidad de oro para filmar el capítulo cinco de la serie, dedicado a la inauguración del Museo en el sitio actual, de la que, por fortuna, tengo imágenes donde incluso aparece Santiago Álvarez.

La serie puede verse en el canal de YouTube del Centro Provincial de Patrimonio Cultural de Santiago de Cuba. Y la dirijo yo, claro. 

¿Cómo se inserta el Museo en el ámbito cultural de Santiago de Cuba?

DR: A veces uno desmaya y cree que no ha logrado nada. Pero cuando miro atrás, a octubre del 2018 cuando comencé a trabajar como especialista principal, y a marzo del 2020 en que me nombran director, uno se percata de que hay un trabajo y de que a nivel humano se crece.

Hoy podemos ya proyectar nuevamente y hemos hecho talleres de documentales, ofrecidos por gente tan humana que no cobra ese servicio, como Daniel Diez Castrillo, fundador de la TV Serrana y defensor nuestro, o cineastas jóvenes como Alejandro Alonso y Daniela Muñoz Barroso.

Hemos incrementado nuestros fondos. Realizamos una Peña los terceros jueves de cada mes, muy exitosa, donde los jóvenes son elemento activo y primordial y comparten su poesía, la música, actúan…

Los sueños se van cumpliendo y, cuando todo se tranca, recuerdo lo que me dijo mi jefe directo, Suitberto Frutos: “Nada puede ser más difícil que lo que hizo Bebo: crear un museo”

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