Un compañero en la tercera edad

Graiela Ruiz Fundora

By Ivett de las Mercedes

HAVANA TIMES – Llegar a los 64 años con una buena calidad de vida, en compañía de la persona deseada y con nuevos proyectos, no es algo muy frecuente. Los ancianos en Cuba sobreviven con mil necesidades para resolver el día a día, y además son víctimas de prejuicios sobre su vida útil, su entendimiento y hasta su sexualidad. Graciela Ruiz Fundora, vive en la Habana del Este y desde hace cinco años es una persona feliz.

HT: ¿Cómo conociste a tu pareja actual?

Graciela Ruiz Fundora: A Rolando lo conocí hace varios años; él iba por las casas vendiendo  yogurt. Cuando falleció mi esposo viajé a España y pasé un año con mi familia. Al regresar a Cuba nos volvimos a encontrar. Me lo topaba en el mercado, la iglesia y cuando iba de compras a la tienda.

Lo que más me atraía de él era su mirada, a veces tierna, a veces triste. Lo cierto era que a no ser por sus espejuelos amarrados con alambres y su forma de vestir tan descuidada le hubiera robado un beso. Cada vez que nos encontrábamos me hacía un giño y sus ojos resplandecían tras los cristales. 

Inesperadamente me abordó un día en la sala de mi casa mientras yo iba por el dinero para pagarle el yogurt. A mi edad no se puede estar noviando en los parques, así que lo invité a almorzar la semana siguiente. 

Realmente estaba interesada en él,  pero no me veía en una relación con un hombre casado. Poco después supe que él había terminado su matrimonio hacía mucho tiempo, aunque seguía viviendo en la misma casa con sus hijas y la exesposa. Para mi sorpresa, cuando regresó a la semana siguiente parecía otro hombre.

HT: ¿Que sucedió ese día?

GR: Llegó a la hora planificada. Oloroso, sonriente, con muy buen aspecto. Nos sentamos a conversar  y las palabras brotaron solas. De pronto sentí una gran confianza, como si nos conociéramos de siempre. Era algo muy extraño. Estaba encantada con su aliento, y cuando me rozó el brazo sentí un calor que nunca antes -ni de joven- había sentido.

En esa comunión le abrí el alma: le conté todo lo sucedido con mi esposo, el viaje a España, el fallecimiento de mi hijo, y le adorné un  poco la esquizofrenia que padezco desde hace años. Por su parte, él me contó de su corazón enfermo (su marcapaso), de su divorcio sin concluir y de sus dos hijas. Todo fue muy agradable. Cuando terminamos de almorzar escuchamos música y nos dimos un beso en la cara.

Graciela y Rolando de viaje para la playa.

HT: ¿Pensaste en algún momento tener una relación a la tercera edad?

GR: No lo imaginé, pero la realidad es que estaba muy sola.  La casa se me hacía inmensa. Cuando apareció Rolando no sospeché que él sería mi compañero, las cosas se fueron sucediendo por sí solas. Ahora es el hombre de la casa y de mi vida. No sabría vivir sin él, es atento y muy cariñoso.

Está al tanto de todas mis necesidades. Nos llevamos muy bien. Mi familia de Cuba está maravillada con nosotros, con lo que somos como pareja. Hay gente que siente envidia por nuestro amor y la armonía en que vivimos, yo los entiendo. Somos muy felices, fíjese si es así que no pienso ir más a España. 

HT: ¿A qué te dedicas?

GR: Soy jubilada. Trabajé en Ediciones Cubanas de oficinista, también de mecanógrafa y economista. Tengo una chequera de 200 pesos mensuales. Gracias al dinerito que me manda mi hermana puedo darme algunos gustos; casi siempre salimos a pasear, nos tomamos una cervecita, yo fumo mucho, eso no me puede faltar y tomo bastante café.  Rolando también tiene su jubilación y además trabaja de custodio.

HT: ¿El fallecimiento de tu hijo fue por causas naturales?

GR: No, fue un accidente automovilístico. Él vivía conmigo, pero había ido a visitar a la familia en España. Solo tenía 25 años cuando falleció.  Mi hermana hizo lo posible para que me mandaran una indemnización, pero nada iba a consolarme. Eso fue en el año 99, en ese momento me sentí perdida, estuve un mes hospitalizada en el psiquiátrico, con el tratamiento fui mejorando, pero aún hoy no me pueden faltar los medicamentos. 

Graciela and Rolando

HT: ¿Qué les puedes decir a las mujeres que temen comenzar una relación a la tercera edad?

GR: Las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres a cualquier edad. Si ellos pueden, ¿por qué nosotras no? Antes la mujer era esclava  de la casa, yo soy esclava del amor, limpio si quiero, cocino si tengo ganas, y si no me voy con Rolando a comer pizas bien abrazaditos y por la sombra.

HT: ¿Qué enfermedad padeces?

GR: Soy esquizofrénica paranoide, pero tomo mis medicamentos con disciplina. Debuté con la enfermedad por situaciones con el padre de mi hijo.  A veces sufro recaídas, por suerte tengo a  Rolando que me cuida como la niña de sus ojos. Hay momentos que lo imagino con otras mujeres y me vuelvo loca de celos. En ocasiones le he recogido hasta las ropas, pero él no me hace caso, me abraza, me llena de mimos y poco a poco recobro la cordura.

HT: ¿Cómo defines tu vida después de conocerlo?

GR: Mi vida es ahora como siempre quise que fuera, salvo la pérdida de mi hijo, claro. Muy pocas mujeres saben lo que es estar en armonía, sentarse junto a su pareja a ver la televisión, compartir un refresco o un café tomados de la mano, hacer tiempo para escuchar música, ir juntos a la iglesia, reír por las calles, ser bienvenidos en casa de los amigos y en la noche tener un cuerpo que abrazar, no un cuerpo cualquiera, sino el del compañero para la vida. 

 

 


One thought on “Un compañero en la tercera edad

  • el 26 octubre, 2018 a las 9:12 am
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    Amar nunca tendrá edad, porque el amor no tiene edad, valga la redondancia.

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