No combatir las influencias extranjeras, sino asimilarlas

By Verónica Vega

HAVANA TIMES – El Ciervo Blanco es un espacio alternativo donde el público puede disfrutar de una música que no va a encontrar en la Televisión Cubana.

Con un boletín en Facebook y una peña que se realizó por 5 meses en la azotea de una casa particular en la Habana Vieja, se propone investigar y divulgar los antiguos y nuevos paganismos y, en general, todo lo que es magia, mitología y religión.

El espectador puede ver videos de una belleza espectacular, donde artistas de diferentes rincones del planeta defienden esa búsqueda interior, que no ha podido aplastar con todo su escándalo y luces centellantes la tecnología, o la industria de la música con sus cánones prefabricados de mujeres-objetos y ritmos de laboratorio.

Enrique Rosales, licenciado en Comunicación Social y maestro emergente, es el padre de este ciervo o venado que solo el poder de la magia pudo darle acceso a Cuba, territorio minado de reguetón. Seguirlo implica trascender las fronteras de la desinformación, la burocracia, el estatismo, la apatía, descubrir que no estamos, no somos, ajenos al mundo.

¿Por qué “El Ciervo Blanco”?

Primero por el título de un libro ruso que me leían de niño. Y ya siendo maestro de primaria preparé una colección de cuentos y leyendas de varios lugares del mundo donde apareciese un ciervo, para dedicársela a mis alumnos.  Muchos de esos estudiantes son los que ahora me ayudan con el proyecto. Cuando propuse la idea ellos mismos me dijeron ¡profe, ¿se acuerda de El Ciervo Blanco?!

Creía que la figura del ciervo tenía una simbología asociada

Y la tiene. En casi todas las tradiciones el ciervo era el nexo entre el mundo terrenal y el espiritual. Siempre que un cazador o un viajero lo perseguía, terminaba viviendo una aventura de otro mundo. Y lo curioso es que no está solo en la mitología nórdica o en la celta, sino en muchas otras culturas. Incluso en la afrocubana tenemos el cuento Akeké y la Jutía, de Miguel Barnet, en el que Ossaín menciona al venado blanco de Olofin.

¿Cuál fue el origen del proyecto?

El equipo

Todo empezó por Enya. Nos impresionó mucho Enya y por lo menos yo me quedé pensando: ¿habrá más? Y buscando en YouTube, sabes que cuando accedes a un video, al lado te ponen materiales relacionados. Y así fui descubriendo más y más… supe que hay un montón de gente defendiendo sus ritmos ancestrales, sus culturas, y mezclándolas con ritmos modernos.

Y como ya había reunido tanta cantidad y veía la reacción de la gente cuando se las mostraba, pensé: si existen tantas peñas para defender expresiones de arte, incluso menos meritorias, ¿por qué no crear una para difundir esta?, que no es solo música, porque el new age, el folk, la música celta, la música étnica, todo lo que es worldmusic, está muy relacionado con rituales, prácticas mágicas, con lo más autóctono de los pueblos que las generan. Son tradiciones que inspiran a músicos, pero también los practicantes de esos ritos hacen arte cuando los realizan.

¿Los miembros o participantes se consideran paganos o neopaganos?

No, no somos creyentes. Nos gustan estas tradiciones, unas más que otras, pero no practicamos ninguna religión. Entendemos que para muchas personas es una fe, un estilo de vida en el que fundan sus vidas, y eso nos maravilla. Es decir, conocerlo, disfrutarlo, incluso, participar hasta cierto límite. De hecho, nosotros recreamos muchas ceremonias, ritos, pero no hacemos proselitismo o propaganda religiosa. Lo mostramos solo como cultura, como arte.

¿Por qué ese interés por tradiciones tan distantes a lo que aquí se difunde oficialmente?

Yo me considero un antropólogo frustrado. Y también sufro cuando veo que se pierden tradiciones, o que la gente las ignora, las pasa por alto. En toda la cultura pop que ahora está en auge hay muchos elementos maltratados, abusados por un interés comercial. Y justo porque eso me duele, nuestro propósito es devolverles su valor legítimo, su sacralidad. Y sí nos interesa que el público, una vez que los conozcan, los respeten, los miren desde otra óptica. Por ejemplo, cuando empezamos el proyecto había mucha gente entusiasmada con la música nórdica, celta, y me decían: “Pero nunca hables de África, del tema afrocubano”, y es que lo rechazan, lo consideran vulgar, sucio. Y no me parece justo. Creo que como cultura es tan hermosa como las demás.

¿Esa reacción no tendrá que ver con una saturación, por la forma en que se ha propagado aquí la religión afrocubana?

Sí, sí. Con la saturación y con el mal uso, con la deformación que hay de ella.

¿Les interesa defender la base ética de las religiones cuya música y ritos difunden?

Defendemos, especialmente, las bases éticas de algunas como el druidismo celta, el asatru islandés o la wicca, (las más conocidas, pero no las únicas) que proponen una relación más íntima con la naturaleza y un conocimiento más profundo de nuestra humanidad, en estos tiempos de enajenación tecnológica.

Peña peganismo nórdico.

Eso suena bastante hippie, pero no es tan simple. Tiene que ver más que nada con la necesidad imperiosa de practicar el ecologismo y evitar la desaparición de las culturas autóctonas a causa de la globalización y el consumismo. Como toda obra humana, esas religiones tienen aciertos y desaciertos. Algunas promueven doctrinas nacionalistas y racistas que condenamos, por supuesto, pero la mayoría se decanta por la tolerancia y el pacifismo. Y sabemos que detrás de este movimiento pagano generado mundialmente también hay intereses, porque la industria capitalista sabe convertir la cultura popular en cultura de masas, pero nos agrada su propuesta de autoconocimiento y de ser espiritualmente independientes.

¿Cuáles son los riesgos sociales de ignorar o mutilar el pensamiento espiritual del ser humano?

Creo que lo más triste es que a largo plazo una cultura entera se pierde, que los individuos se enajenen y desconozcan sus orígenes. Y cuando se pierden las raíces o si estas se distorsionan demasiado, creo que dejamos de ser “algo” para convertirnos en nada.

Mira, cuando hicimos la primera peña, era octubre y se acercaba Halloween. Supimos que la prensa cubana lo criticaba bastante por ser una fiesta extranjera y supuestamente ajena. Entonces llamamos a nuestra celebración “Samhain”, que era su nombre original entre los celtas. Aquí todo lo que se sabe es que en Halloween la gente se disfraza, y es lo que más hacen los jóvenes, imitando a personajes que han visto en las películas o en la cultura pop. Pero nosotros descubrimos que en nuestras tradiciones tenemos un repertorio y un vestuario increíble. Y si los jóvenes salieran a la calle disfrazados de personajes de la mitología cubana, tendríamos un desfile de miedo digno de cualquier Halloween.

Lo importante no es combatir esas influencias, porque es un hecho que ya están insertándose, sino asimilarlas. Por ejemplo, en Camagüey se hace El Aquelarre, un desfile de brujas. Ellos han logrado aplatanar el Halloween, hacerlo suyo. Artistas y artesanos producen obras con ese tema.Nosotros dimos una conferencia sobre las brujas cubanas, que existen, y tienen que ver con la migración canaria y muchos otros aspectos de nuestra cultura contemporánea.

Lo que en Cuba se difunde como nuestra herencia religiosa es la cultura española y africana, pero en la parte aborigen, a pesar de lo efímera, ¿hay algún sustrato espiritual que se ha ignorado? 

Yo pienso que sí. Y he tenido noticias de que en el oriente del país hay comunidades de areitos que viven todavía esa espiritualidad. Creo que la presencia de esa cultura no fue tan efímera nada y hay autores que lo han estudiado. Feijoo lo esboza un poco en Mitología Cubana, pero hay libros dedicados al tema. El problema es que mucha de la información que existe no se publica y si se publica no se difunde.

Quemada gallega

¿Cómo se podría interesar a las nuevas generaciones por esa parte perdida de Cuba?

Pienso que mi proyecto y otros parecidos están haciendo bastante. Y si las instituciones tuvieran interés y menos miedo, se pudiera mostrar mucho más. Por ejemplo, Dialfa promueve la literatura fantástica hecha en la Isla. Y entre esos autores hay quienes se han inspirado en tradiciones autóctonas. Lo que sigue fallando es la promoción. Creo que por ese miedo ancestral que hemos tenido de parecernos al capitalismo, de usar sus técnicas de marketing y publicidad, nos hemos vistos privados de tantas cosas, incluso propias. En el evento Behique me conmovió conocer al autor del Diccionario de la Mitología Cubana, que ya tiene cierta edad y con las fuerzas que le quedan está defendiendo eso: nuestra mitología, que es mucho más inmensa y descomunal de lo que imaginamos, e igualmente desconocida.

Pero yo veo una especie de despertar, de reacción contracultural espontánea…

Sí, está pasando, pero es muy tardía, y muy lenta. También creo que corremos un riesgo grande y es el de terminar pareciéndonos a esa sociedad de consumo que tanto criticamos. Porque muchos quieren hacer eventos multitudinarios, espectaculares, llenar grandes espacios. Y creo que de lo que se trata es de llegar a la esencia de las cosas. Queremos solo lo más colorido, porque lo más profundo nos cansa, nos aburre.

¿Por qué crees que en Cuba ha sido tan maltratada la fantasía?

Por lo mismo que hablábamos: por considerarla como algo extranjero, ajeno. Y por una voluntad política con una mentalidad muy cerrada que ignoró esa parte espiritual tan necesaria. El criterio que había era que la fantasía era un recurso de la gente cobarde, que no quería comprometerse y participar del proceso que se estaba viviendo.

¿Y quiénes piensas tú que se interesan por la fantasía?

Personas con un espíritu muy libre, que no nos conformamos con lo que vemos y creamos mundos y buscamos más allá de la realidad si es posible. Por eso muchos se han sentido inconformes, no han resistido la censura y terminaron emigrando. A veces sí siento que realmente hemos sido un poco cobardes, porque en lugar de huir, se puede hacer mucho con poco, sé que es un cliché, pero en Cuba ha dado resultado. Ese mismo amor por la fantasía y a pesar de la censura, me lo inculcó la televisión cubana.

Aquí con muy pocos recursos se hizo la serie de aventuras Shiralad, que fue una épica maravillosa, y los cuentos de Había una vez, en la que  tres palos hacían una puerta, no había ni paredes y todo lo demás lo ponía mi imaginación. Pero había ganas de hacer, y creo que se puede seguir haciendo.

¿Para los seguidores de El Ciervo Blanco, hay esperanza de que la peña vuelva?

¡Sí! Gracias a la librería Alma Mater que ahora nos acoge, estaremos ahí el 27 de enero, a las 10 am. La dirección es Infanta esquina a San Lázaro.

Havanatimes le desea al Ciervo Blanco que siga cruzando fronteras visibles e invisibles, y abriendo caminos para los buscadores y consumidores de lo más auténtico creado por el hombre, sea credo, arte, o actitud de vida.

 

2 thoughts on “No combatir las influencias extranjeras, sino asimilarlas

  • Como soy poeta amo la fantasia, quiero ir a la peña Ciervo Blanco, esas culturas me interesan mucho. Me encanto el libro Hercules y yo, y las Colinas huecas, donde se recrean esas culturas. Es cierto que la cultura afrocubana se ha vulgarizado desde todos los sentidos, pero adonde dejamos nuestra influencia china, francesa, etc. Muchacho inteligente el entrevistado, además de saber lo que dice. Gracias por este trabajo Vero.

  • Un soplo de aire fresco entre tanta porquería convertida en mainstream. Felicidades…

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