Josué y La Religión

Por Osmel Almaguer

Josué

HAVANA TIMES, March 23 — Josué es mi amigo.  Tiene 22 años, pero en su rostro se pueden reconocer las huellas de quien ha vivido un poco más aprisa que la mayoría de la gente. Su forma de comportarse deja entrever una especie de ansiedad constante que, los que no le conocen, confunden con demencia.

Él, como todo el mundo, tiene en su niñez las causas de su comportamiento de hoy. Actualmente cumple una sanción penal leve, que le obliga a permanecer sin salir de la provincia por espacio de cinco años, y a trabajar en un lugar que, casualmente, es donde también trabajo.

Allí nadie lo trata como un paria, pues entre sus virtudes está la de saber darse a querer. Se le puede ver leyendo un libro por cualquier rincón, lo que le convierte en alguien con más cultura que muchos de los especialistas del instituto, cosa que habla mal de la superación de los demás, y al mismo tiempo nos enseña que la vida tiene caminos torcidos, que no siempre nos llevan a donde creemos merecer.

Josué: ¿Cuál ha sido tu experiencia con la religión?

Soy el hijo de un hombre que ha pasado más de la mitad de su vida en la cárcel, y no precisamente por motivos políticos, ni altruistas. Mi madre terminó divorciándose de él. Luego se casó con mi padrastro, que para mí es como mi padre.

En ese tiempo unos Testigos de Jehová iban a la casa a predicarle a mi madre. Ambos fueron aprendiendo de las clases que recibían de los visitadores. Un tiempo después se bautizaron como Testigos.

Ni mi hermano ni yo fuimos bautizados, pero crecimos bajo esa educación. Yo era un niño un poco raro, porque además de intranquilo, era capaz de hacer grandes estancias en la azotea, leyendo la Biblia o pensando mientras el resto de la familia hacía vida en la sala de la casa.

En la escuela me portaba muy mal, era el cabecilla de los mal portados, pero también uno de los que mejores notas sacaba. Los maestros le daban las quejas a mi madre, y ella ya no sabía  qué hacer para que mejorara mi comportamiento. Recibí muchas tundas de golpes, también castigos, pero nada.

Ahora, después de grande, me doy cuenta de que mi rebeldía era la respuesta a tanta tensión. Creo que por eso, cuando tuve la oportunidad de irme a vivir un tiempo a casa de unos parientes en Batabanó, mis lazos con esa religión se rompieron definitivamente.

¿Pero no existían Testigos de Jehová entre tus parientes de Batabanó?

No, de hecho, era todo lo contrario. Si ellos me acogieron allá, aparte del cariño hacia mí, era porque estaban en contra de lo que profesaba mi madre. Temían que esa crianza me hiciera daño.

¿Te dejaron ir fácilmente?

Para nada. Recuerdo que las vacaciones anteriores las había pasado allá. Me había ido muy bien, hasta tenía una novia. Cuando tuve que regresar estaba renuente a hacerlo. Ya en casa tuve una crisis. Hasta le hice una carta a mi tía pidiéndole que me sacara de “este infierno,” haciendo referencia a la situación en la que vivía.

La cosa se puso seria. Mi tía presionaba a mi madre, que no cedía. Entonces yo le dije que si no me dejaba ir me arrojaría por el balcón.

Ahora que lo pienso, creo que hubiera sido capaz de hacerlo. Mi madre, asustada, pidió ayuda a los ancianos de su congregación. Tras algunos consejos, le sugirieron que consultara el asunto con Dios, y que rezara mucho. Parece que Jehová le contestó bastante rápido, porque a los tres días yo estaba empacando para irme.

Los años que pasé por allá cambiaron mi vida. Yo nunca había corrido por el campo ni conocía lo que era bañarme en un río, en fin, la libertad. No obstante aquella vida terminó por aburrirme. Había llegado el momento de regresar a La Habana, pero no iría para mi casa, sino para la de mi abuela. Era obvio que no quería revivir momentos pasados, pero tampoco entrar en conflictos con mi familia.

¿Ahí termina tu experiencia religiosa?

Al regresar de Batabanó no tenía otra creencia que no fuera la que había aprendido desde niño, a pesar de no profesar. No obstante, en una ocasión entré en una iglesia cristiana y me acogieron bien. Allí me brindaban la posibilidad de aprender a tocar la guitarra, y además, había muchas muchachas lindas.

En las conversaciones me gustaba entrar y provocar debate. Había leído la Biblia muchas veces, por eso podía cuestionar lo que se decía. La mayoría de aquellos creyentes solo habían aprendido a repetir lo que decía su pastor, por eso cuando yo hacía determinadas preguntas, se quedaban “como pescado en nevera,” con los ojos abiertos y sin ver nada.

De las muchachas te puedo agregar que la mayoría estaba lejos de ser santas. De hecho hubo un momento en el que eran la única razón para que yo continuara asistiendo a al lugar.

Debido al rechazo de muchas personas, poco a poco me fui haciendo amigo de otros marginados como yo. Por eso hoy por hoy conozco a “lo peor” de la Habana Vieja. A veces me encontraba en la iglesia con gente que había pasado su vida arrebatando carteras y cadenas de oro en las calles, ocultando sus tatuajes y cicatrices con ropa decente.

“Bróder, ahora he encontrado la luz,” me decían, e intentaban conversar de religión conmigo, pero a mí no me caen bien los que aceptan los dogmas con sumisión.

¿Por qué crees que hay tantas personas, incluso delincuentes, entrando en la religión?

Hay de todo. Está el que necesita creer en algo. La vida está muy dura, y la iglesia ayuda espiritual y materialmente. Pero también hay otros que van a ocultar sus pecados mundanos detrás de una Biblia. Hay otros que entran porque sus padres creen. Los que toman la religión como negocio o pasaporte para abandonar el país.

¿Cómo ves la relación de los Testigos de Jehová con el resto de la sociedad?

Te puedo responder a esta pregunta a través de mi propia experiencia. Cuando pequeño me pasaron cosas muy fuertes en ese sentido. Hay principios de los Testigos, que impiden, por ejemplo, hacer transfusiones de sangre, o ingerirla, ya sea cruda o elaborada.

Se supone que en ella está el alma de la persona (o el animal), por eso no debemos comernos la sangre de otro, pues sería como comernos su alma. Una transfusión sería lo mismo.

Una de las veces que más afectado me sentí fue el día que me paré en la tribuna del matutino de la escuela usando pañoleta. Mis padres me lo tenían prohibido. Yo recitaba un poema y me iba muy bien cuando, de pronto, se apareció mi madre. Enmudecí. De súbito le pasé el micrófono a mi compañera de al lado. Ese día no recibí golpes ni castigo, aunque ninguno de los dos hubiera surtido efecto en mí. A los golpes ya estaba acostumbrado, además, tenían un límite, porque al fin y al cabo, para incrementarlos hubieran tenido que matarme. Y de los castigos te puedo decir que se parecían bastante a mi vida cotidiana:  estar encerrado, sin TV, leyendo la biblia, etc.

¿Por eso te alejaste de Jehová?

Sí, había muchas cosas que no me funcionaban. Creo que hasta quedé un poco traumatizado. Eran muchas las contradicciones con el resto de la sociedad, y eso creaba una tensión enorme en mí, que no estaba preparado, debido a mi juventud.

Y en cuanto a las relaciones de pareja dentro del contexto religioso, ¿qué me puedes decir?

Mientras estuve en mi casa nunca tuve novia. Recuerdo que en la escuela muchos compañeros se burlaban de mí, pues los Testigos no pueden tener novias. Entonces era cuando más se interesaban las niñas en mí. Me mandaban cartas o me lo decían al directo, y yo intentaba evadirlas. Una vez tuvo que ir mi madre a la escuela para pedirles a los maestros que “la ayudaran” con ese asunto.

Cuando salí al “mundo real,” me costaba más trabajo que a los amigos conseguir novia. A esa hora uno se vuelve tímido, y es como empezar de cero.

¿Aún crees?

Creo que cada cual tiene que creer en algo. Puede ser en Dios, en Yemaya, o en el sol, como lo hacían los egipcios de la antigüedad.

Yo me he construido mi propio sistema de creencias, que me funciona, porque además, sería imposible deshacerme totalmente de una doctrina que me fue inculcada por mucho tiempo. La educación en la niñez es algo que marca.

Háblame de tus sueños

Ser un músico exitoso. Me gusta mucho el bajo, pero cuando he tenido dinero para comprar uno, no lo he hecho. Estoy seguro de que, en cuanto me sea posible, lo compraré. Quiero superarme en muchos sentidos. Viajar. Conocer otras culturas. Tener muchos buenos amigos, y una mujer que quiera realizar sus sueños, o al menos intentarlo, junto a mí.

Un comentario sobre “Josué y La Religión

  • He leido este articulo.el cual me da mucho sentimiento y al mismo tiempo siento ravia .de como unos padres (una madre ) puede imponer a un hijo cosas tan terrible (como la creencia de los TESTIGOS DE GEHOVAS)para mi son las personas mas ignorantes que he conocido y mas persistentes en hablar de cosas que a otras no les interesan >Casi siempre quieren que unos los escuche a la fuerza .si vas a un mercado .te los encuentras a la parte de afuera con sus papeluchos repartiendolos “A lo que ellos le llaman Predicar”.No dejan que sus hijos conozcan a sus novias o novios >LOs casan inmediatamente .pues segun ellos no pueden existir relaciones sexuales antes del matrimonio .LOS HACEN UNOS DESGRACIADOS EN SU VIDA..casi ningun hijo de un testigo llega a estudiar nada .Resumiendo para mi es lo peor que existe en la humanidad y despues de todo esto .ignoran la bandera y el higno las cosas mas maravillosas que tiene un pais .Ignoran a Nuestra VIRGEN DE LA CARDAD DEL COBRE .LOs DESPRECIO una y…

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