Cerrar los ojos a las paradojas es fatal

Por Dmitri Prieto

Ecos de la X Semana social católica de Cuba: entrevista a Víctor Fowler.

Victor Fowler Calzada

HAVANA TIMES, 6 julio — Víctor Fowler Calzada (La Habana, 1960) es uno de los intelectuales más notables de su generación. Poeta, ensayista, investigador y crítico literario, autor de estudios sobre temas polémicos y diversos -que van desde el homoerotismo en la literatura hasta las relaciones entre las elites intelectuales y la cultura popular-, recibió el Premio de poesía Nicolás Guillén (2008) y (dos veces) el Premio de la Crítica.

Ha impartido conferencias en varias universidades del mundo. Partícipe habitual de eventos literarios, científicos y de casi todos los espacios habaneros de debate, Víctor Fowler vive con su familia en la barriada popular capitalina del Cerro. Invitado a la reciente Semana social católica (que se desarrolló en La Habana del 16 al 20 de junio), intervino varias veces suscitando controversias y aplausos.

HT: Víctor, eres no sólo uno de los más notables poetas cubanos de hoy, sino también un participante activo en los debates actuales sobre temas relacionados con los destinos de la nación. ¿Por qué decidiste participar en la X Semana social católica?

Víctor Fowler: Me invitaron y acepté. La Semana Social Católica, como indica el primero de los calificativos, es un momento cualitativamente diferente en lo que toca a las prácticas de la institución católica dentro de la sociedad. Valía la pena conocer, escuchar, quizás repensar; en todo caso, abrirme a la apertura.

No había participado en eventos similares ni asisto con frecuencia a espacios católicos. Sin embargo, ello no implica que no lea, lo suficiente como para afirmar que esto sí lo hago con frecuencia, a autores católicos. Mucho del catolicismo (hasta donde puedo sentir) está en mi substrato cultural y espiritual, sea éste cual sea.

En todo caso, lo identifico con facilidad en cosas que escribo, digo o hago.

HT: ¿Para ti, qué fue lo más significativo de lo sucedido en la  X Semana social católica?

VF: El respeto.

HT: ¿Por qué el interés de tantos intelectuales por un evento de la Iglesia?

VF: La pregunta tiene algo raro, pues no debiese merecer particular destaque el hecho de que un intelectual se interese por un evento de la Iglesia, aunque asumo que te refieres a la circunstancia cubana. No sé responder por otro; en mi caso, este es un acceso a la vida religiosa (católica) cubana que quiero conocer más: cómo ama.

HT: En la Semana social, muchos participantes tuvieron la oportunidad de llevarse consigo tu último libro de poemas, publicado por una editorial católica. Para uno de los escritores más prolíficos de Cuba, ¿qué significa esa publicación? ¿Qué tienen de especial los medios católicos en Cuba hoy?

VF: El pequeño cuaderno al que aludes, cuyo título es Camino a Damasco (cita implícita que remite al episodio de la conversión de Pablo de Tarso, San Pablo), lo entiendo como un diminuto compendio de dolor, preguntas y búsqueda. Son poemas que, en su mayoría, están dispersos en lo que ya he publicado y que ahora reunidos encuentran su clave más auténtica. Dado que toda escritura debe ir hasta el fondo de su laberinto, atreverse a mostrar la turbulencia que lleva dentro, acepté la invitación a publicarlos que me hicieron los amigos de la revista Espacio Laical.

Esa es, por cierto, la única participación que –desde fecha reciente- he tenido en espacios católicos y ha estado presidida por el diálogo, el amor a Cuba y la sinceridad. Hasta ahora, he colaborado en la revista [Espacio Laical] con una entrevista, un largo artículo sobre el tema “pobreza y palabra” (que habla de nuestro presente), este breve cuaderno de poemas y en el próximo número aparecerá otro artículo largo sobre la cuestión de la esperanza. Puesto que el lenguaje natural de la fe es el de la no-desesperación, escribir aquí es un desafío. El empeño de todos cuantos participan -mediante sus colaboraciones, o en los trabajos ya más de oficio- en Espacio Laical, en poco tiempo han convertido esa revista en una de las mejores que hoy día existen en el país. Lástima que no circule más ampliamente.

HT: Víctor, en el artículo tuyo que mencionas (La libertad paradójica: una exploración de pobreza y palabra) sacas una conclusión incómoda sobre tus recuerdos de la Cuba del pasado, tus vivencias cubanas actuales y un violento suceso que presenciaste durante tu viaje a Colombia.

Dices que cuando añoramos aquel pasado “idílico” (décadas ´50-´60) en que las botellas de leche eran depositadas por las mañanas a las puertas de las casas, y la propiedad –inclusive entre las familias humildes- era respetada, entonces también inconscientemente reclamamos el complemento de un orden represivo donde la “máquina-Estado” y otros factores ocultos sitúan violentamente a cada persona en el “lugar” que “le toca” en la sociedad.

Contrariamente, en la Cuba actual existe lo que llamas una “libertad paradójica” expresada en vandalismo, violencia, irrespeto entre la misma gente, y aparente caos social. Reconozco que esa reflexión tuya puede ser un cubo de agua fría para quienes desean una Cuba tranquila, gobernable y próspera. Entonces, ¿qué hacer? ¿Estamos ante una opción fatal?

VF: No es que eso a lo cual denomino como “libertad paradójica” se exprese en vandalismo, violencia, irrespeto y aparente caos social, sino que tales signos de supuesta descomposición son muestras de una libertad nueva para las grandes masas previamente “contenidas” por el orden represivo anterior. Tales actitudes mezclan impotencia y libertad.

Victor Fowler Calzada

En cuanto al qué hacer: potenciar la libertad, acrecentar los espacios para el estudio, debate y crítica no-policial de las conductas sociales, aumentar las acciones educativas alrededor de las obligaciones y deberes que tocan al ciudadano ante el Derecho, así como generar y “hacer llegar” más justicia social. Cerrar los ojos a las paradojas sí es fatal.

HT: En relación con la pregunta anterior, ¿cómo valoras las intervenciones de quienes en la Semana social católica plantearon que el pueblo cubano debe ser parte imprescindible en un diálogo sobre el futuro de Cuba, y que tal diálogo de hecho ya ocurre en el seno del pueblo mismo? ¿Cómo entonces se superaría la violencia que habita en ese pueblo?

VF: Hay que ser mesurado con esto de la violencia, sobre todo a la hora de atribuirla a ese recipiente común del discurso de los intelectuales: el pueblo. Ese mismo pueblo trabaja, produce, quiere, sueña, es el vecino, el familiar, uno mismo. Ahora bien, una cosa es el diálogo entre intelectuales (siempre con la esperanza de ser convocados, oídos, tomados en cuenta por el Poder) y otra bien distinta (la que prefiero) cuando se habita en un espacio donde las estructuras subsisten gracias a la voluntad y vocación dialógica de las direcciones.  No para los intelectuales, sino para todos.

Asunción plena de lo que significa la condición de sujeto humano y no el destino de vivir como un eterno actor infantilizado. Es posible que el estado de diálogo no sea más que un horizonte en realidad inalcanzable y lo acepto. Pero lo terrible es cuando se impone lo contrario: la percepción de que, dado que no todo puede ser dialogado ni tampoco siempre, entonces lo correcto es la preeminencia del autoritarismo, la violencia, el culto a la personalidad, las órdenes que garantizan silencio social sobre algún tema, el tejido de relaciones entre una nata de intocables, el vaciamiento de la palabra y, finalmente, el daño al espíritu.

HT: Te quisiera pedir que ampliaras tu comentario en la Semana social, de que el perdón es sólo un momento mínimo de algo más largo y difícil: del amor – sobre todo en relación con el futuro de nuestro país.

VF: La idea es sencilla. El perdón es una necesidad cuando ha habido un conflicto largo en el interior de un grupo humano, más ha de ser complementado con la firmeza del amor y esto último es lo que lleva hacia la justicia: el amor. Es lo más difícil -el amor-, pero impide que el perdón resulte sólo una actitud retórica.

En el caso de Cuba, la planeación de alternativas al sistema social que ahora vivimos sólo resultará auténtica cuando se plantee la superación de todos los espacios de justicia social que inauguró el nuevo poder. Dicho de otro modo, no sólo lo que consiguió, sino a quienes les habló (y habla todavía). Y la superación de la justicia no admite zonas, más o menos pequeñas, sino que tiene que ser universal y absoluta (en términos de ubicación geográfica, clase social, género, raza, etc.). Me refiero a algo así como a una política “loca,” pero el amor verdadero es loco y se derrama.

HT: ¿Cómo se relaciona tu creación poética con la fe cristiana?

VF: No lo sé. No lo pregunto. Dejo que sea, porque debo llegar a mi final y allí encontrarme conmigo mismo y las respuestas.

HT: En tu opinión, ¿cuál es la contribución de la Semana social católica al futuro de Cuba? ¿Qué rol debe jugar la Iglesia en ese futuro?

VF: a principal contribución, dado que sólo va a haber un futuro de Cuba desde el punto de vista factual, haber brindado la oportunidad de conversar un grupo de personas que tenían puntos de vista diversos sobre ese futuro. O sea, brindó la oportunidad de desplegar futuros para que finalmente se realice el que vaya a ser. En cuanto al rol de la Iglesia en ese futuro me atrevo únicamente a desear: que esté allí, acompañe, propicie, dialogue, escuche, proteja, ayude, crezca y ruegue por nosotros.

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