Una misión en la Habana

Caridad

Cojimar, La Habana

Hay una boda al lado de mi casa, después de un largo y tortuoso batallar de la novia y el novio, luchando contra malévolos familiares y vecinos, lograron cumplir su más brillante objetivo en la vida: vestirse de blanco y estar juntos bajo el mismo techo.

En los altos de mi casa una jueza se encarga de impartir lo que ella (y un grupo de personas) llama Justicia. A veces la escucho con sus gritos histéricos que pretenden hacer ver a los demás cuan equivocados están en sus miserables vidas.

Mi vecino, que a veces sale a pescar, ha decidido salvar al mundo montado en un submarino mientras realiza auténticas maromas y lucha contra el Dueño Universal del Mal. La del último piso ha encontrado la paz ideal en una comunidad donde todos respetan entre sí sus modos de asumir la sexualidad.

Selena, la del edificio de al lado, se enternece ante unos niños muy disciplinados e inteligentes que obedecen en todo a sus padres, la familia y, encima de eso, tienen poderes sobrenaturales.

Ese es el mundo privado de mis vecinos. Han dejado de ser ellos – si alguna vez lo han sido – para tomar la piel de los personajes que tienen frente a ellos, los que pasan en la tele o en los dvd que compran o se pasan de mano en mano.

Así que los que hoy estaban casándose mañana estarán en un submarino o luchando contra un poder invisible. Y los que se enternecían frente a chicos especiales por sus superpoderes, por la noche no tendrán más remedio que golpear a los que tienen en casa.

Así le pasa a Selena, la del edificio de al lado. Hace un par de horas estuvo cantando en el karaoke que hicieron en la boda de los muchachos que estuvieron muchos años luchando contra la sociedad, (y hasta contra la naturaleza) para poder vestirse de blanco.

Selena estuvo en esa boda y, por primera vez en su vida, se sintió totalmente feliz. Por unos minutos tuvo un micrófono en la mano y cantó para todo el barrio.

Siempre canta para todo el barrio, pero sin micrófono y desde la sala de su apartamento. Esta vez hay amplificación y una hermosa pareja vestida de blanco, todos se sienten románticos, así que no les molestará demasiado el modo desafinado de cantar que tiene Selena.

La aplauden.

Pero un par de horas después todo ha terminado. No hay música, ni recién casados que nos haga pensar que sí es posible llegar a ser felices algún día.

El submarino ha cumplido su misión dejando al pescador tan pescador como siempre; la jueza ha terminado de humillar a los que tiene delante y volverá al día siguiente a su trabajo a escuchar las órdenes de un jefe déspota.

La comunidad perfecta ha expulsado a la que vive en el último piso, que nunca se atreve a dar los Buenos Días a nadie.

Selena encuentra que, por más que lo intente, no va a ser una hermosa cantante y su hija continuará insistiendo en ser malcriada, rebelde, insoportable, nada de superpoderes por el momento.

Pero todos están seguros que mañana, cuando regresen de sus trabajos o lo que sea que hagan para poder comer, una nueva misión los estará esperando, un nuevo hermoso chico estará dispuesto a todo por hacerlos feliz, una cándida muchacha se mostrará dócil y erótica para beneplácito de todos; se sentirán jueces, poderosos, invencibles y hasta eufóricos…

Caridad

Caridad: Si tuviera la oportunidad de escoger cómo sería mi próxima vida, me gustaría ser agua. Si tuviera la oportunidad de eliminar algo de lo peor del mundo borraría el miedo y de todos los sentimientos humanos prefiero la amistad. Nací en el año del primer Congreso del PCC en Cuba, el día en que se celebra el orgullo gay en todo el mundo. Ya no vivo al este de la habana, intento hacerlo en Caracas y continúo defendido mi derecho a hacer lo que quiero y no lo que espera de mí la sociedad.


4 thoughts on “Una misión en la Habana

  • el 26 julio, 2011 a las 6:58 am
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    julio, amigo mío, yo lo que no entiendo es cómo queriendo salir de la matrix siegue estando dentro de ella después de negarla, me explico: ella juzga -según me parece- la sociedad en que vive, pero paradójicamente lo hace con los mismo valores que le enseñó ésta. Entonces estaría aplaudiéndola después de desaprobarla. A qué merefiero; pues al bien y el mal. Según me parece ella ve mal esas cosas que critica, pero por qué no se sale del bien y del mal que esa sociedad también le enseñó. Lo que me parece a mí es que para tomar una postura contraria a algo no hay que ver necesarimanete aquello de lo que se rehúye mal.

    Entonces según lo anterior llegamos a que es una cuestión, por así decirlo, de gusto en la que la elección no implica nada más que eso mismo, la elección. Entonces; por qué elegir una cosa en vez de otra; por qué tal en vez de cual. Dicho de otro modo, ¿Por qué rehúir de la sociedad acutal en vez de abrazarla?

  • el 25 julio, 2011 a las 11:21 pm
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    bueno, luismi, estoy de acuerdo contigo en que yordanka caridad es una (como muchisimos mas) inadaptada… pero respecto al mundo que ella esta analizando. como todo en esta vida, se trata de elegir que queremos y ambicionamos, ella decidio no querer lo mismo que los que las rodean. eligio no ser parte de la Matriz, no depender de mundos externos construidos por otros que siempre se van a necesitar mas y mas. sarcasmo ves, lo respeto, en mi caso en sus palabras veo tristeza (ademas de otras imagenes), que es lo mismo que me embarga cada vez que pienso en la realidad actual de Cuba.

  • el 25 julio, 2011 a las 1:09 pm
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    Otrodiferente es una cuestión cívica; yo pensaba igual hasta que un compañero de trabajo -de la minería- me persuadió con brillantes razonamientos de que es necesario por lo que sigue: Si dos personas se juntan, viven bajo el mismo techo, etc. y obtienen ciertas riquezas materiales, como casi nada es eterno, cuando al uno le moleste la otra y a la otra el uno y haya que separarse porque se ha vuelto insoportable la convivencia ¿A cómo tocamos? He ahí donde entra el matrimonio civil -me decía mi amigo proletario-, creo que tiene razón porque cuando hay amor todo es cariñitos y mimos pero cuando se jode la cosa hay que -generalmente- partir la naranja por la mitad. Ya sabes el resto del procedmiento; tal es la finalidad del casamiento civil. El de la iglesia es -actualmente en su mayoría- de orden tradicional cosa muy buena, porque sin las tradiciones no seríamos nada.

    En cuanto al artículo de Caridad, veo cierto sarcasmo en sus palabras. Me gustaría que la autora me contestara por qué tiene esa lucha contra la forma de ser de su entorno. ¿Por qué tan inadaptada? Me da tremenda curiosidad.

  • el 23 julio, 2011 a las 5:38 pm
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    Yo le pregunto …si üpara Amar ! …..hay que Firmar algun papel!

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