Multado por comer en su propio restaurante

Yenisel Rodriguez

Comer en el restaurante particular que uno mismo dirige es también una ilegalidad para el Estado cubano.

Por eso vemos cientos de inspectores por las calle buscando en la boca de los gerentes privados vestigios del arroz frito que se promociona en el menú.

– ¿Pero quién le cocina a usted?- pregunta un inspector a un gerente de un minirestaurant ubicado en la Esquina de Tejas en el municipio Cerro.

– ¡¿Quién me cocina?!- se confunde el gerente.

Algo más suspicaz intercede la madre del gerente que estaba escuchando la conversación desde cerca:

– ¡Yo soy la que le cocina!

Después de marcharse el inspector, todos quedaron consternados. En la mente habitaba un solo pensamiento: ¿hasta dónde puede llegar el control?

-Es la ceguera que produce el egoísmo- nos aclararía en forma de moraleja la protagonista de un viejo cuento ruso.

También en la calle se pueden encontrar inspectores que se dedican a contar cuantos clientes puede atender un barbero en un día. El hecho sucede de esta forma:

Primero el inspector se presenta directamente al barbero. Le pregunta cuantos clientes puede tener en un día de trabajo. Una pregunta innecesaria, pues la cuestión se zanja todo fin de mes en la oficina tributaria más cercana. Aún así el barbero debe responder, debe dar una cifra.

Pocos días después el inspector regresa a la barbería. Esta vez para acechar solapadamente a nuestro barbero. Escondido bajo la sombra que produce el arbusto de la esquina, contará hasta la última persona que visite la barbería.

Si las cuentas no coinciden, el barbero será estigmatizado por el gremio de inspectores. Será multado por no tener cultura tributaria, al igual que aquel gerente que coma en su restaurante.

Un Estado Total es la clase propietaria más opresora de la historia. Con su totalitarismo anula la vida pública de los ciudadanos, exigiéndoles llevar al reducido espacio doméstico aquello que se vive en comunidad.

Por eso los hijos del gerente no podrán probar los dulces que hace la abuela en la cocina del restaurante. Tendrán que esperar a llegar a casa.

Los amigos cercanos del barbero también tendrán que esperar que éste regrese a su casa para poder ser gratificados con un pelado gratis.

De esta forma se va comprimiendo el nudo que tiene obturada a la sociedad cubana. Se reducirá su dimensión hasta que pueda ser cortado de un solo tajazo. Agillotinando la vida pública de once millones de personas.

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.

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One thought on “Multado por comer en su propio restaurante

  • Esto es peor que los cuentos que empiezan con ” tu sabes cual es el colmo del colmo ……… “

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