La alta cultura como performance en la academia médica cubana

Yenisel Rodríguez Pérez

Foto: Caridad

En Cuba el programa de estudio de la carrera de medicina incluye poco o nada de Filosofía, Apreciación Artística o Ciencias Sociales. Por tanto los médicos se gradúan con gran desconocimiento sobre cuestiones socioculturales, políticas y económicas que son imprescindibles para el buen desempeño de su futura profesión.

Existen excepciones. Son aquellos estudiantes de Ciencias Médicas apasionados además por las Humanidades. De forma autodidacta se construyen un conocimiento suficientemente sólido sobre temas de la Sociedad y el Arte.

Dicha sensibilidad por los conocimientos humanísticos no logra “contaminar” al resto de los compañeros de estudio ni a gran parte del claustro de profesores, los cuales consideran un excentricismo académico hablar en pleno laboratorio de Anatomía sobre Sócrates, el Renacimiento o las estructuras de dominación.

Pero la cuestión cambia drásticamente cuando llega la etapa posgraduada, sobre todo para aquellos galenos que logran destacarse como profesionales. Condicionado por el prestigio que posee nuestra medicina en el mundo y particularmente en Latinoamérica, quién logre un desempeño talentoso en dicha profesión se verá imbuido en una rutina profesional que incluye encuentros con renombrados académicos extranjeros, visita a universidades de élite, así como la asistencia a numerosos eventos científicos y a sus respectivas cenas aristocráticas.

Un contexto donde los conocimientos médicos no son suficientes para nutrir las expectativas que generan los logros profesionales.

Este contexto de élite exigirá una cuota mínima de “alta cultura.” donde las Humanidades y las Artes jugarán un importante papel, condicionando una inesperada vindicación de éstas por parte de los otrora inquisidores de las Ciencias “blandas.” Algunos logran recuperar el tiempo perdido, y hasta los hay que consiguen incorporar una identificación auténtica con el conocimiento ilustrado.

Pero otros, por desgracia la gran mayoría, a duras penas logran encajar en la farándula de la élite médica envistiendose de un conocimiento seudoilustrado, performance que llega a estamparse en el carácter de los galenos talentosos como seña auténtica.

Muestra de este esnobismo es esa actitud oportunista que implica presumir frente a los pacientes, que asisten a las consultas públicas, una reputación de ilustrado en Artes y Letras.

Un arremetimiento de erudición que apabulla al atónito paciente. ¿Cómo imaginarse que en plena consulta de Ortopedia, y a las dos de la tarde, se recibirá una conferencia magistral sobre la significación histórica del ballet El lago de los Cisnes?

Sería bueno actualizarnos en eso que se da en llamar “la cultura general” antes de consultarnos con algunas de las lumbreras de la medicina cubana. De esta forma, y en el mejor de los casos, lograremos contener el posible desvocamiento culturoso de nuestro talentoso médico.

El milagro se logra si después de recibir el primer bombardeo de información culturosa, logramos profundizar medianamente en el tema propuesto. Puede que el talentoso doctor se repliegue ante nuestra contraofensiva “especializada”:

“¿Cómo…? ¡Ha, que Chopín estuvo enamorado de un novelista llamada Jorge Sand por allá por Mallorca! …Bueno… ¿Mi buen amigo, dónde decía que le dolía…?”

Sí, porque cuando Master Doctor sospecha que sus conocimientos pueden agotarse ante un especializado debate ilustrado, inmediatamente retoma el rol de ilustre profesional de la salud, para dejarnos de esa forma sutil, buena noticia para nosotros, con la palabra en la boca.

Yenisel Rodriguez

Yenisel Rodriguez Perez: He vivido siempre en Cuba, con la excepción de varios meses del 2013 cuando estuve con mi padre en Miami. A pesar de las noventa millas que separan a una ciudad de otra, en ambos sitios encuentro motivos profundos para asumir una militancia política y popular. Mi encuentro con la Antropología Sociocultural hace 8 años atrás, me ha alistado en el compromiso de amor a la diversidad cultural.


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