Snoopy & Sus Amistades

Leonid Lopez

I like to imagine myself as Snoopy accompanying his friends.
Me gusta imaginarme a mí mismo como Snoopy acompañando a sus amigos

Siempre fue muy vital para mí tener amigos. Al poco tiempo de llegar a Japón había conocido ya a un grupo de amigos de mi esposa. Luego me di cuenta de que eso era raro pues las personas aquí no acostumbran a tener muchos amigos.

Lo normal es tener unos pocos y verlos con muy poca regularidad y previo aviso de al menos una semana antes. Entonces consideré a mi esposa privilegiada y enseguida no pude evitar las comparaciones con Cuba.

El primer pensamiento superficial me dijo que en Cuba era muy fácil mantener relaciones con grupos de gentes y visitarlos sin previo aviso y hasta contar con ellos para resolver algunos problemas.

Unos momentos después pensé con mas calma y me d.C. cuenta de que yo me había pasado muchos años buscando un grupo de amigos, no solo conocidos a los que debes favores o vecinos complacientes, sino gente que pudiera sentir cerca de mí, comprometidos con mi vida, que valoraran mis aspiraciones y dieran amparo, sin prejuicios, a mis mas oscuros deseos.

Dicho grupo de amigos solo lo pude encontrar a los 29 años. Ahora tengo 35 y todos estamos regados por el mundo. Este pensamiento que igualaba Japón y Cuba, en la dificultad para encontrar amigos y mas para mantenerlos, comenzó a clausurar las puertas de imaginar a Cuba con la nostalgia que se recuerdan los paraísos perdidos.

Debía por esto sentirme triste pero esta nueva idea me alegra. Me da esperanza saber al fin que los paraísos vienen de mi talento, mi esfuerzo y mi amor. Que los paraísos no son el fruto de ninguna mente alucinada que los construye a su imagen y semejanza y los hace siempre inalcanzables. Ahora construyo mi pequeño paraíso donde soy el dueño de cada fruto.

Todo esto pensaba. Pero entonces me faltó algo: los amigos. Por lo pronto podía contar con los de mi esposa. Me limitaba sobre todo mi casi total desconocimiento del idioma, así que esto me dió ánimos a aprenderlo en una escuela. Al empezar a entender un poco la lengua entonces vino otro gran problema.

Mis formas de manifestar amistad, todas mis ideas acerca de lo que es ser un real amigo y hasta las razones que me animaban a buscar estos, aquí eran totalmente raras.

Sigilosamente comenzaron a llegar de nuevo las comparaciones con Cuba. Quería pensar que, al menos en algo tan importante, yo ya tenía una certeza. Quería mostrar a mi esposa el verdadero valor de la amistad y con ello, también sigilosamente, mi gran altura moral.

Sucedía que los amigos de mi esposa siempre mantenían cierta distancia para dejar entrar al otro en cualquiera de sus asuntos, mostrando y dando siempre de sí solo una parte. Así pensaba yo, o quería pensar.

Me fue doloroso aceptar que tenía que romper esa certeza, que estaba instalado en el mundo real donde debía abrir de nuevo mis horizontes, aceptar que ninguna idea de este, que tan seguro apuntalé en mi ser, podía sobrevivir a la vida donde se construye y mata, la vida real fuera del planeta Cuba. Es duro crecer dentro de un cuerpo adulto en el que ya queda poco espacio y ganas para construir.

Mis amigos desperdigados por el mundo me escriben de vez en cuando, hemos conversado por teléfono y mantenemos la esperanza de un día reunirnos aunque todos sabemos que el mundo será otro y otros nosotros.

Todos, con mas de 30 años, sentimos que las puertas de un camino cierto están lejos, pero mientras pisamos, al menos, tierra cierta, con toda la incertidumbre que en ella está sembrada. Cada uno en sus propios paraísos comienza a recoger frutos. Yo los escucho reír y padecer desde lejos y me gusta imaginarme como Snoopy. Niño sabio, siempre sobrio, acompañando a sus amigos, cada uno tan diferente, en cada uno de sus tramas y alegrías y regresando siempre feliz a su pequeña casa como si el mundo ya se hubiera acabado y comenzara al otro día. Me alegra ver que como Snoopy, a pesar de tanta diferencia alrededor, ya no hago comparaciones.

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Cortando el cerdo.  La Habana, Cuba.  Por Mike Pobega, EUA. Nikon J5

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