Memorias de un huracán

Por Sara

HAVANA TIMES – Por su condición geográfica Cuba es blanco directo de huracanes y tormentas tropicales que azotan al Caribe del 1 de junio al 30 de noviembre. Casi me parece que estoy escuchando uno de los spots propagandísticos que exhibe la televisión acerca de esta época del año, donde se hace gala y se alardea de toda la seguridad que se le brinda a los pobladores y a sus pertenencias durante el paso de estos fenómenos atmosféricos. Lo cual en su gran mayoría se queda solamente en eso, un show televisivo para vender al mundo una falsa seguridad.

Hace unos días conversaba con una amiga que acudió a una de las zonas más afectadas por el último huracán que azotara la isla, el cual a su paso arrastró viviendas, arrastró alimentos, vestimentas, arrastró los sueños, las pocas esperanzas… dejando destrucción material y moral de un pueblo sumido ya en la miseria extrema.

La localidad de Guanima, zona costera del municipio de Alquízar en la provincia de Artemisa, fue la seleccionada por un grupo de jóvenes para entregar un donativo, recopilado entre amigos, conocidos y otros tantos que se sumaron a la humana tarea de compartir algo con quien lo ha perdido todo. Por esta zona el mar reclamó terreno arremetiendo con furia sobre el poblado, destrozando y arrastrando todo a su paso. Los pobladores habían sido evacuados, (obligados a salir de sus hogares) debido a las condiciones climatológicas.

Milagros, una señora habitante relata que, al regresar, muy pocos encontraron sus casas en pie, de algunas quedaba una habitación, de la mayoría solo los recuerdos. “Entre los mismos vecinos resolvimos”, decía Milagros, “construimos con lo que dejó el ciclón unos cuarticos y ahí estamos”. “Han sido noches durmiendo en el suelo o sobre algunas cobijas, lo poco que nos ha quedado está demasiado mojado aún de agua de mar”. Cochones, ropa, algún equipo electrodoméstico, todo en esos momentos era agua y sal.

Tras el paso del huracán Ian, muchos países enviaron donativos a Cuba, entonces me pregunto ¿Dónde están? ¿Quién es la autoridad encargada de hacer llegar estos suministros a los damnificados? Milagros también se lo pregunta, cada segundo, cada día, cada noche cuando tiene que acostar a su nietecita de 4 años en un catre para luego ella acomodarse como puede en el suelo. La hija de Milagros salió una noche de casa, le dijo: “mami, cuídame a la niña que yo las mando a buscar”; se subió en una embarcación rústica buscando un sueño lejos de la realidad cubana, buscando escapar. La hija de Milagros no pudo escapar del mar…

Los pobladores recibieron atentamente a los jóvenes que les fueron a socorrer con algunas provisiones. Andrés, anciano vecino de la comunidad, contaba, “qué bueno que vengan ustedes muchachos y nos entreguen las cosas de su propia mano”; “han traído otras cosas antes, donaciones igual, yo mismo ayudé a bajar unas cajas de jabones y de aceite, de las cuales nunca nos dieron nada. Entre la delegada y otros cuadros funcionarios encargados de la distribución se los repartieron todo. Nosotros no alcanzamos a nada”.

Entonces pregunto yo ¿Dónde está la humanidad, ¿dónde quedó la solidaridad de ayudar a los necesitados? ¿o es acaso que esto solo se aplica fuera de las fronteras de Cuba, rodeados de cuanta propaganda mediática pueda existir?

Ahí quedó Milagros, su nietecita, Andrés y otros tantos a los cuales Ian les arrebató el techo, les arrebató las ganas. Se quedan en las ruinas de lo que alguna vez fuera su comunidad, se quedan pescando para sobrevivir, para brindar alimento a familiares, se quedan pescando sueños.  

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Sara

Sara es emprendedora, valiente, adora asumir retos, es optimista. Amante de los animales y defensora de las causas justas y la libertad.

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