Entre cola y dolor

Por Rosa Martínez

HAVANA TIMES – Señores, el Covid 19 no es cosa de juegos ¿por qué no lo entienden de una buena vez?, digo entre dientes mientras me separo lo más que puedo de la señora delante de mí. La que me sigue, al parecer, está en sintonía, pues hace lo mismo; se las arregla para, en medio del tumulto, mantener una distancia de un metro, tanto de mí como de todos los que la rodean.

El virus ha acabado con la vida de más de 39 000 humanos en todo el mundo, los enfermos llegan hasta 814 000, en Cuba sigue aumentado el ritmo de contagio, el próximo en padecerlo podría ser cualquiera de las más de 100 personas que esperamos desesperadamente comprar dos paquetes de pollo, o uno al menos.

En mi Guantánamo, hasta ahora, hay un solo caso positivo de coronavirus, pero quién quita que ahora mismo, entre nosotros, haya más personas que lo estén encubando sin síntoma alguno, ya sean un llegado del exterior de hace 10 días o más o un familiar de este; con la cantidad de gente viajando a cada rato para comprar ropa y regresando a los tres días, quién puede sentirse seguro.

Mi corazón me dice una cosa, pero la lucha por la supervivencia es mayor y, a duras penas, me mantengo firme en la cola.

Intento olvidar toda la preocupación que nubla mis pensamientos, y entablo una conversación amena con una señora que conozco de los alrededores de mi trabajo. Ella usa nasobuco y yo también, pero aun así nos mantenemos alejadas.

De momento alguien intenta colarse y se forma la de san Quintín: me empujan hacia la puerta de la pequeña tienda y cuando vengo abrir los ojos hay casi una docena de personas encima de mí. La policía insiste en mantener el orden, pero la gente hace poco caso.

Es casi mediodía y el calor es excesivo, no solo se exacerban los ánimos, también los olores. Lo que menos me preocupa ahora son los olores fuertes, pero sí las gruesas gotas de sudor que corren por varias caras.

Dios mío ¿qué hago aquí?, me pregunto horrorizada. Debo desaparecer de todo aquello.

Me viene a la mente la caravana de la muerte en Italia. No despedirse de los muertos ha de ser peor que la muerte misma. Pero si soy sincera, debo decir que me preocupa tres cominos que el virus encuentre refugio en mi cuerpo, con lo cabeza dura que soy, creo hace falta más que un virus para matarme -o será que no me importa mucho… Pero no, no vivo sola, y claro que mi familia sí me importa. Tengo dos hijas; también están mis viejos, uno es diabético y el otro es hipertenso y terco, además.

Me voy pal carajo de aquí

Vamos, pasa ya, dice la que va detrás de mí…

No sé qué hacer. A estas alturas ya, irme sin pollo… Entro, cojo los dos paquetes que me tocan, pago, salgo volando, regreso a casa.

Al llegar, me recibe el cartel que puso la mayor de mis hijas que dice: cuando pase todo esto nos volveremos a abrazar.

Me meto allí con ropa y todo y me enjabono una y otra vez, no encuentro cuando parar… intento eliminar toda suciedad exterior; la interior, bueno, esa es más difícil de quitar.

Rosa Martínez

Rosa Martínez: Soy una colaboradora más de Havana Times, profesora universitaria y madre de dos niñas bellas y malcriadas que son mi mayor felicidad. Mis grandes pasiones son leer y escribir y gracias a HT puedo cumplir con la segunda. Espero que mis escritos contribuyan a tener una Cuba más inclusiva más justa. Espero que algún día pueda mostrar mi rostro junto a cada uno de mis posts, sin temor a que me llamen traidora, porque no lo soy.



Un comentario sobre “Entre cola y dolor

  • Cola y mucho dolor, coincido que las personas en cuba no le están dando la seriedad del problema, tanto nos han idiotizado es preocupante no solo en los jóvenes, sino en los adultos.

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Silueta, Holetown, Barbados.  Por Darric Taylor (Barbados).  Cámara: Samsung Galaxy S8

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