Enfrentando la COVID-19 en Cuba

Por Rosa Martínez

Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES – Son escasamente las 10 de la mañana, pero ya trabajé muchísimo en la revisión de una tesis, que es mi tarea de turno de los últimos tiempos.

Cuando cantó el gallo del vecino, hacía tiempo que mi viejo cuerpo estaba frente a mi laptop, señalando incongruencias en el trabajo de diploma que examino esta semana.

Aunque el día apenas comienza, mis ojos se resienten las casi 5 horas frente a la pc. La mente pide seguir, pero el cuerpo dice no. Como diría Edith Massola, tengo que coger un 10.

Aprovecho el descanso para comunicarme con algunos familiares y amigos de otras provincias, de quienes hace varios días no tengo noticias.

Comienzo con un primito que vive en Ciego de Ávila y es trabajador de la Salud. Su puesto actual es en el enfrentamiento directo a la pandemia.

Llevo dos días sin trabajar, me dice.

Su voz suena suave como de costumbre, pero siento algo raro en su tono.

¿Qué sucedió? ¿Tuviste algún problema?, le pregunto alarmada.

Estoy con dolor de garganta y también tuve fiebre. Como estaba realizando PCR a personas sospechosas de Covid-19, me ordenaron quedarme en casa hasta que me hagan el test dentro de dos o tres días.

¿Y mi tía?, le inquiero.

Esa es mi mayor preocupación. Para mi mamá, con sus diabetes, hipertensión y otros achaques sería letal ese maldito virus. Espero que sea una falsa alarma, principalmente por ella.

Aunque los dos estábamos preocupados, saltamos de ese a otros temas más agradables. Lo hice con toda intención, era preciso darle fuerzas y enchufarle algo de optimismo. En nada ayuda adelantarse a los acontecimientos, ¿verdad?

Después de conversar con mi primito de Ciego, contacté con un gran amigo, antiguo compañero de trabajo, que hace un año más o menos se mudó para Santi Spíritus.

Cuando atendió mi llamada se encontraba en medio de un molote, según me contó. Imagínense, una cola para pollo. Había marcado desde temprano, pero ni siquiera sabía si le tocaba, pues el producto sería vendido por la libreta, mas no tenía idea si le correspondía a su bodega o no.

Pero cómo vas a estar esperando sin estar seguro. ¿El coronavirus te ha vuelto loco?, le digo medio en broma medio en serio.

Rosa, quién no lo está un poco con toda esta situación, me responde…

De Santi Spíritus, doy un salto largo y llego a la provincia de Mayabeque, donde vive otra primita, una muy cercana, por cierto.

Con Leti sí no paso más de 3 días sin hablar. Ella está sola luchando con su hija adolescente que parió recientemente. Desde entonces sus días de madre soltera y ahora abuela, han sido más que grises.

Toda su familia es de aquí del Oriente del país. En Mayabeque solo tiene a su hija jovencita y ahora su nieta.

Su antiguo esposo hace mucho se desentendió de las dos. Lo único bueno que hizo el sinvergüenza aquel fue dejarla quedarse en la casa que él había heredado de sus padres. Aunque a veces le recuerda que está ahí porque él quiere, ella sabe que no se atrevería a ponerla en la calle.

Ante la escasez de todo tipo que hay en las tiendas cubanas y la imposibilidad de permanecer días enteros en colas, no le ha quedado más remedio que vender las pocas cosas de valor que le quedaban.

Hay que guayar duro, me dice. Con lo vendido he podido comprar a sobreprecio principalmente pollo, aceite, jabón y detergente.

Duele en el alma conocer por todo lo que ha estado lidiando y no poder hacer mucho.

Leti y yo crecimos prácticamente juntas. En casa de mis abuelos maternos compartimos no solo el cariño de preferencia de esos viejos amorosos, sino también los juguetes, una camita pequeña, los sueños y alegrías.

Cuando ella se mudó para la entonces Ciudad de la Habana, creí que perdía un pedazo de mí, uno muy querido. Pero nuestro cariño no se desvaneció con la distancia, por el contrario, cada visita de ella era un momento especial esperado cada verano.

Sin tener grandes posibilidades se empeñaba en dar a la mayoría un detallito traído directamente desde la capital del país. Casi ninguno de nosotros había ido a La Habana y cada regalo era un pedazo de Habana que se quedaba con nosotros y un pedazo de ella también.

Cuando se divorció hace 3 años su vida cambió por completo. Se vio obligada a sustentar solita a su única hija y su casa, que afortunadamente conserva.

Nos tocó a nosotros ayudarla económicamente hasta que enrumbó su vida con un nuevo trabajo, un negocito particular, que comenzó a mejorarle la vida poco a poco.

Cuando las aguas parecían volver a su nivel, su joven hija increíblemente ocultó un embarazo y cuando vino a abrir y cerrar los ojos ya estaba parida.

La mala suerte fue tal que dio a luz justamente en marzo, pocos días después de que se informaran de los tres primeros casos de covid-19 en el país.

El resto de la historia, ya ustedes se la pueden imaginar. Sin recibir ingreso alguno durante toda la cuarentena por ser cuentapropista, con las escaseces de todo tipo que se han multiplicado en los últimos meses al igual que los precios, mi prima ha tenido que ser prácticamente una fiera para subsistir y dar de comer diariamente a sus mujeres.

Desgraciadamente, la historia de Leti es una entre muchas. De esa manera o en peores condiciones tratan de sobrevivir contra este terrible virus la mayoría de las personas del planeta. El enfrentamiento a la covid-19 es una batalla por la vida, pero en Cuba esa frase tiene un significado verdadero.

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Rosa Martínez

Rosa Martínez: Soy una colaboradora más de Havana Times, profesora universitaria y madre de dos niñas bellas y malcriadas que son mi mayor felicidad. Mis grandes pasiones son leer y escribir y gracias a HT puedo cumplir con la segunda. Espero que mis escritos contribuyan a tener una Cuba más inclusiva más justa. Espero que algún día pueda mostrar mi rostro junto a cada uno de mis posts, sin temor a que me llamen traidora, porque no lo soy.

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