Africa, lágrimas y yo

Rosa Martinez

Foto de Sergio Leyva del artículo: “Cubanos visitan el hogar de sus ancestros”.

HAVANA TIMES — Nací rebelde, contestona, dominante, pero también sensible y llorona. Mi papá siempre me decía que mis lágrimas no pegaban con mi carácter, que yo era demasiado fuerte para que llorara con tanta facilidad.

Y aunque me prometía una y otra vez que no lloraría más, siempre había algo que me sacaba las lágrimas. Algo dentro de mí era más fuerte que mi deseo.

Si no era la muerte de una mascota querida, era el maltrato sufrido por algún amiguito, o cualquier otra cosa que me causaba dolor y me hacía llorar con facilidad.

Hace poco lloré mucho, llore con el post  “Cubanos visitan el hogar de sus ancestros en Africa”. Lloré por el rencuentro,  por los recuerdos de mis antepasados negros, por los que trajeron desde África a sufrir en esta tierra y por los que quedaron allá.

Lloré por los maltratos y sufrimientos a los que fueron sometidos mis tatarabuelos y los que estuvieron antes que ellos, y la discriminación que llegó después a mis abuelos, padres y un poco a mí.

Lloro por los que en Sierra Leona y otras partes de África no vivieron la desdicha de la esclavitud, pero el temor que la trata de esclavos les sembró en la sangre y el alma los dejó en el atraso, la miseria.

Se los digo amigos, por más que lo intento siempre tengo una razón para llorar, no importa cuanto luche para evitarlo, mis lágrimas siempre encuentran n un motivo para brotar.

 


One thought on “Africa, lágrimas y yo

  • el 11 julio, 2013 a las 10:37 pm
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    Rosa:

    Hay veces que me invade una pena similar a la tuya, cuando evoco a mi bisabuela paterna Goya, que buena parte de su juventud la vivió como esclava. Gente como ella fueron los que no lo pensaron dos veces para irse detrás de las tropas de Maceo en cuanto éste pasó por Mantua, en su caso cargando con hija pequeña (mi abuela). Fueron los que pusieron esperanzas en la República y a los pocos años vieron hacerse añicos el sueño, cuando “Tiburón” Gómez mandó a sus soldados a aniquilar a los “negros revoltosos” en Oriente, y se instauró de forma permanente en nuestro imaginario popular el miedo y el desprecio por el negro. Son los que hoy nos inspiran a sus descendientes a mantenernos alertas, sabiendo que esta lucha no se ha terminado – dígase lo que se diga en las tribunas – y que el camino será largo, muy largo. Pero, ojo, me parecen más productivas la voluntad y la perseverancia que la lágrima.

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