Caníbales Urbanos

Regina Cano

Colosos inalterables en el lento proceso de morir.

La Habana se va convirtiendo poco a poco en una ciudad transparente.

Hay lugares en que muestra sus huesos; el esqueleto de edificios que se insinúan hacía adelante, hacia atrás o hacia los lados.

Entre la sorprendente maravilla de equilibrio se aprecia el implacable paso del calendario que gana terreno cada vez más, poniendo al descubierto vigas oxidadas de principios del siglo 20, con las aleaciones respetuosas a la permanencia de aquellos tiempos.

Con su concreto duro a pesar de las acostumbradas violaciones del salitre y este clima, que nos demuestra como el envejecer sobre pilares fuertes alarga la vida.

Colosos inalterables en el lento proceso de morir y que la acción de muchos acelera, pues desde el barrio donde existen estos grandes y fuertes edificios o casas, aparecen siempre caníbales que extraen los materiales que pueden ser usados para el sostenimiento de viviendas y negocios propios y ajenos.

Así poco a poco desaparecen las puertas, las ventanas, bañaderas, zócalos, vitrales, tazas de baños y lavamanos, losas de pisos, pasamanos de escaleras, columnas y vigas de metal y hasta los ladrillos.

En ocasiones a pesar de las advertencias de posibles derrumbes, en los que han salidos lastimados algunos, se continua esta labor de muerte por sustracción, llevada a cabo por asaltantes nocturnos. Algunos le echan la culpa (no siempre real) a la migración de orientales hacía la capital.

Esta sustracción ha sido una de las fuentes para la reparación y construcción de nuevos hogares obteniendo los materiales a través de la compra o extracción por propio esfuerzo. En Cuba, muchos se consideran capaces de derribar o construir una pared aunque no sepan exactamente si la vivienda se sostendrá en el futuro.

En esas nuevas construcciones usted puede descubrir, entre un montón diverso de otros materiales, restos de trabajos de herrería o ventanas venecianas que ya nadie produce, o una puerta de pivote, o mamparas, que recuerdan las antiguas casas habaneras que ya no existen, o bideles y bañaderas destinados a otros usos como la jardinería o instaladas en el exterior para bañarse opcionalmente.

Recorriendo barrios de la periferia o (los mal llamados) marginales, hasta en los barrios de mejores condiciones habitacionales, se puede ver el nuevo uso de verjas y vitrales de medio punto con flores relumbrantes de plomo.

Poco a poco se van destruyendo construcciones que luego se declaran irreparables y son derrumbadas o caen por sí mismas. Quedando después en su lugar, parques o nuevas inversiones con fines comerciales que no son comparables ni adaptables a la arquitectura del entorno circundante.

Todo lo que va destruyendo un patrimonio en algún momento salvable por mantenimiento, pero que al final se convierte en una perdida irrescatable que ha contribuido a que esta ciudad se vea cada día más transparente.

Regina Cano

Regina Cano:Nací y he vivido durante toda mi vida en La Habana, Cuba, la isla de la que no he salido aún y a la cual amo. Vine a esta realidad un 9 de Septiembre. Mis padres escogieron mi nombre por superstición, pero mi madre me crió fuera de la religión que profesaba su familia. Estudié Contabilidad y Finanzas en La Universidad de La Habana, profesión que no desempeño por ahora y que decidí cambiar por hacer artesanías, algo de cerámica y estudiar un poco sobre pintura e Inglés. Ah! Sobre la foto; me identifico con los preceptos Rastafari, pero no soy una de ellos, solo tengo este gorro que uso de vez en cuando, pero les aseguro que no tenía una foto mejor.

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