Paraísos

Leonid López

Hoy le he escrito a un amigo que no veo hace años. No era alguien cualquiera, me dolió mucho su partida de Cuba para no volver. Ahora lo recupero aunque sea solo reconstruyéndolo con frases de e-mail.

Este correo que le he enviado me parece mejor, por ser un testimonio de cariño verdadero, que cualquier cosa que hoy les pueda narrar de mi vida. Son solo extractos de lo que siento algo inconexos, así son mis días. Por suerte todavía sigo incompleto y buscando sentidos igual que mi amigo, escarbando en busca de mejores razones para vivir. Este artículo hoy es para celebrar mi amistad con Frank.

Frank:

Ahora es sábado aquí, 10:45 AM y mi mujer está para unas conferencias en la universidad donde trabaja. No se como, siendo tan inteligente, se fijo en este ignorante tercermundista que soy yo. Debe ser que le parezco muy buena persona porque ni lindo soy.

Acabo de llegar de un hotel donde pasamos la noche ella y yo para celebrar su cumpleaños y el hijo que quizás venga en camino. Por primera vez viajo de regreso a la casa desde tan lejos solo, cambiando de estación de metro, que aquí es tan complicado y todo los cartelitos en japonés, y mira no me perdí. El hotel estaba lujosísimo (claro lo cojimos en rebaja por el quinto aniversario del hotel) pero me sorprende que muy pronto ya yo caminaba por él como si viviera ahí.

Es que uno en Cuba desarrolla, si no se es un estúpido, un sentido para ir en busca de lo esencial, que en ese momento era pasarla lindo con mi esposa que es tan buena compadre. No se de donde viene esa habilidad de discernir lo de verdad dentro de lo deslumbrante-mierda cuando uno fue tan pobre, debe ser que uno se rodeó de buenas personas y buenas ideas.

Recuerdo en Cuba cuando hablaba con mi amigo Manzur (que vive en España ahora) de alguna muchacha en plan conquista el siempre cerraba la conversación con la pregunta ¿filosofea?  que era lo mismo que ser buena y a la vez ser inquieta buscadora de la verdad, y entonces ya sabíamos al responder si valía o no la pena el esfuerzo de darnos.

Así éramos los que nos quisimos en Cuba, generación sin nada en el horizonte que para llenar ese hueco se inventó paraísos y dioses y fe que les nombraran y dieran curso. Del esfuerzo que implica crear ese mundo grande salido completamente del alma, nacieron algunos bichos increíblemente buenos y sabios.

Después que te fuiste yo logré  tener un grupo de amigos. De ese grupo solo queda en Cuba  Erasmo y un socio que es canadiense aplatanado que no sabe que hace allá. Mi esposa conoció a ese grupo y se enamoró de ellos por lo buenos e inteligentes, cosa rara que esa mezcla se de en cualquier lado del mundo.

Después de que se fueron todos de Cuba ella logró que la Universidad le financiara el proyecto de visitar a todos esos amigos en cada país por el que se desperdigaron haciendo un documental y para nuestra felicidad lo logró.

Nuestra porque fue de nuevo a Cuba a entrevistar a la familia de los emigrantes y a los que se quedaron. Fue entonces que la conocí porque el tiempo que ella estuvo antes en Cuba yo estaba un poco perdido del grupo.

Aunque lleve solo cinco meses fuera de Cuba y no tengo otro plan que el de estar al lado de mi mujer, ya me doy cuenta, ya lo sabía desde antes, que ese tipo de gente no aparece más. Como dice mi amiga Seegrit que vive en Arizona, deberían darse muchas condiciones de nuevo en un mismo paquete.

En fin quedamos esparcidos y sin casi tiempo ni energías para entregarnos simplemente. De todo esto se, de todo esto sabía. Lo único que sobrevive es la palabra quedamos. Como ya practicamos tanto en Cuba tratamos de hacer lo de siempre, dar sentido en el vacío.

Eso queda y eso hacemos bien y por suerte trae frutos buenos como mi linda esposa o tú Dayami y todo los paraísos echados por tierra que ahora sabemos su apariencia real y coño eso es muy importante, saber carajo, saber para poder tocarte el cuerpo y sentir algo que viene de ti y que tienes el orgullo de que te ha mantenido firme en la bondad y en la buena vista para las buenas razones.

Ahora no solo puedes saber si de verdad eres bueno e inteligente, sino que puedes saber si eres, si estás, si quieres ser otro mejor, si quieres ser en los otros. Perder compañeros de

Trinchera (que son los amigos que no se van de la cabeza aunque se confundan, que son el mejor bolsillo donde poner lo hallado y la mejor fuente que renueva las buenas inquietudes) es el precio.

Nunca vas a responderte con seguridad a la pregunta de si vale la pena o no. Yo respondo por ti, confía de nuevo en mí, en las lágrimas que ahora se me salen. Yo te respondo que si vale la pena porque en la tragicomedia que vives eres un gran actor y ahora puedes vaciarte de dudas y llenarte del orgullo de haber sobrevivido bueno el holocausto y que con las cenizas has construido un nuevo paraíso donde eres tu el que nombra todas las bestias y todas las cosas y insuflas tu amor para dar vida.



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Cabo San Lucas, Baja California, México. Por Ray McCloud Hensley (EUA). Cámera: Google Pixel

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