Mi padre

Por Osmel Almaguer

Mi padre es una bella persona; compartidor, solidario, inteligente, sincero y dueño de un sinnúmero más de virtudes humanas. No obstante, tiene un defecto que lo opaca: se encoleriza demasiado fácil y hasta llega a agredir -verbalmente- a quien lo contradiga  en ese momento.

Por eso, hoy mi padre vive solo. Mi hermana abandonó la casa y se fue a vivir con mi madre, quien se divorció de él hace como 19 años.

Solo le quedo yo, aunque a decir verdad tampoco he resistido vivir bajo su mismo techo. Por eso construí mi casa, gracias a su propia ayuda, al lado de la suya.  Con él viví mis primeros 25 años, hasta aquel día en que peleamos porque quería gobernar cada detalle de mi vida y hasta de la habitación en la que dormía junto a mi novia.

Como no transigí, amenazó con golpearme y dijo que si quería seguir viviendo en su casa tendría que seguir todas sus órdenes. Yo, que siempre he rechazado todo lo que tenga que ver con la violencia y las imposiciones, recogí lo que pude y me marché junto a mi madre.

El apartamento de mi madre es demasiado pequeño. Por eso pronto volví a casa de mi padre, con la condición de que me mudaría pronto a una casa que construiría a un costado de la suya, cosa harto difícil para un joven en la Cuba actual, no obstante lo logré.

A pesar de que su carácter le ha hecho perder muchas cosas importantes en la vida, mi padre ha mejorado muy poco. A veces pienso que se gusta a sí mismo, aunque estoy seguro de que se lamenta y sufre.

Cuando yo era un niño me decía que mi hermana, mi madre y yo, éramos la razón por la que él permanecía en la capital, ya que el resto de su familia vive en Holguín.

Quien sabe si su forma de ser se deba los 25 años que pasó en el ejército, en el que se desempeñó con altos grados militares y cargos importantes. Allí sí que no se discuten las órdenes.

Él era artillero terrestre, y sus últimos años de trabajo los pasó como profesor, hasta que le llegó el retiro de sorpresa, 13 años antes de que le tocara, cuando vino el Período Especial.

Otra razón que podría explicar su comportamiento fue esa oscura niñez, de la que a veces nos cuenta, con la mirada como aún estuviera en Holguín, su tierra natal.

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