Pensando sobre Cuba

María Matienzo Puerto

Naturaleza cubana. Foto: Caridad

Cuando era niña e iba a la escuela recuerdo que tenía unos amiguitos que eran Testigos de Jehová y que sus padres no les permitían usar pañoleta o saludar la bandera. Nosotros nunca lo entendimos del todo y a veces, escondidos en el baño, jugábamos a que ellos probaran a ver cómo se veían con el uniforme completo.

En quinto grado tuve una amiguita que debía ir vestida de blanco porque estaba de iyabó (renacer en la religión yorubá) y ella, aunque llevaba la salla roja, el resto —short, pulover y camisa— eran completamente blanco, incluido un gorrito que le cubría la cabeza.

También recuerdo haber pasado la primaria con una niña que la madre era homosexual y aunque todos lo sabíamos —no sé porque vía nos llegó esa información clasificada— ella compartía los mismos espacios con las demás alumnas. Sufría las mismas vejaciones que el resto y se nos defendía por igual, de las manos de los varones.

Aunque ellos de alguna manera eran diferentes, nosotros, los otros niños, sin comprender demasiado los porqué, a penas lo notábamos. Ahora creo que si a alguien le debemos esa actitud, era a nuestros maestros.

Los castigos (aunque no estuviéramos de acuerdo en aquel momento) eran justos y sin excesos; no había deferencias de tipo económicas, culturales o politicas. Nuestros padres podían ser lo que quisieran que las consecuencias no las sufríamos nosotros.

El conocimiento era para todos; o sea, a la escuela íbamos a aprender y aunque después de muchos años me he cuestionado algunas cosas, en aquellos momentos no había nada que me impidiera ver en el aula un lugar al que siempre quería llegar; o en la directora y la maestra, además de respeto, comprensión y paciencia.

Creo no fui tan privilegiada; sin embargo, tuve un huerto escolar; fui a campamentos de pioneros (Tarará y el Celia); me vacunaron y lloré; practiqué natación y acampé en las afueras de la ciudad, lejos de mi mamá; fui exploradora y aprendí, en un círculo de interés algunas manualidades. Uff! Un montón de cosas buenas y enriquecedoras para contar.

Las prohibiciones siempre estaban relacionadas con las impuntualidades, los incumplimientos de las tareas, las malcriadeces, la violencia y la mala educación.

Creo que después de este recuento me siento vieja porque veo que todo ha cambiado y no quiero juzgar en qué dirección nos dirigimos o si es bueno o malo lo que está sucediendo. Sé que todo se mantiene en movimiento, que los tiempos cambian y con ellas las personas y los valores.

Me habían contado que el Cotorro (municipio periférico de Ciudad de La Habana) era un tanto radical en cuanto a pensamiento se refiere, pero mi perplejidad es demasiado intensa cuando veo que la bienvenida de una escuela, que además lleva el nombre de nuestro Héroe Nacional José Martí, tenga un cartel perfectamente rotulado que diga algo así como: Si no vienes a  estudiar, a hablar y a pensar en Cuba, NO ENTRES.

Solo me pregunto: ¿Existe una sola manera de pensar Cuba? ¿Qué clase de enseñanza es la que se pretende, la de la homogeneidad, la de un pensamiento único, la que no admita cuestionamiento alguno o la diversidad de pensamiento y acción? ¿Estoy malinterpretando lo que leí?  Porque ya han pasado unas horas y aún me siento confundida.

Maria Matienzo

Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una mariposa venida de África y descubrí que estaba viva desde hacía treinta años. A partir de entonces construí mi vida mientras dormía: nací en una ciudad mágica como La Habana, me dediqué al periodismo, escribí y edité libros para niños, me reuní en torno al arte con gente maravillosa, me enamoré de una mujer. Claro, hay puntos que coinciden con la realidad de la vigilia y es que prefiero el silencio de una lectura y la algarabía de una buena película.

Un comentario sobre “Pensando sobre Cuba

  • Hola me gusta tu forma de pensar, solo quería ayudarte a saber porque Los Testigos de Jehová no hacen el juramento a la bandera, esto esta tomado de un libro titulado “Razonamiento, a partir de las escrituras”:
    ¿Realmente tienen significado religioso tales símbolos y ceremonias patrióticos?“[El historiador] Carlton Hayes señaló hace mucho tiempo que el rito de la adoración a la bandera y el prestar juramento en la escuela estadounidense es una observancia religiosa. […] Y el hecho de que estos ritos diarios son religiosos ha sido por fin confirmado por el Tribunal Supremo en una serie de causas.” (The American Character [El carácter estadounidense], Nueva York, 1956, D. W. Brogan, págs. 163, 164.) “Las banderas primitivas eran casi exclusivamente de carácter religioso. […] El estandarte nacional de Inglaterra por siglos —la cruz roja de San Jorge— fue religioso; de hecho, parece que siempre se procuraba la ayuda de la religión para dar santidad a las…

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Iglesia de Miramar, La Habana, Cuba.  Por Renwin Jacob (Trinidad y Tobago).  Cámera: Canon EOS 60D

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