Toque de queda

Jorge Milanes Despaigne

La fortaleza San Carlos de la Cabaña durante la fería anual del libro. Foto: Caridad

Junto con un grupo de amigos que están de visita en La Habana me acerco a la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña.  Cuenta la historia que el monarca español miraba desde los balcones de El Escorial buscando esta majestuosa construcción erigida para defender la Villa de los ataques de piratas.

Es tradicional desde hace muchos años la ceremonia del cañonazo.  A las 9 de la noche, una escuadra de milicianos, vestidos con uniformes de la época colonial, marcha representando la antigua costumbre del toque de queda.

Son muchos los visitantes que llegan para ver lo atractivo que resulta ver expulsar la bala de pólvora de un centenario cañón.

En la taquilla, un cartel anuncia que entrar cuesta 8 pesos cubanos a partir de las 6 de la tarde.  Observo a la vez que pago las entradas, una oferta para los extranjeros.  No sé si podrá darse cuenta de la circulación de monedas en Cuba, pero puedo afirmarle que por solo 1 CUC, el visitante tiene derecho a la entrada, más un líquido incluido.

Mis amigos y yo pasamos de largo, ya adentro, alguien comienza a apagar las luces.  Un valiente de los reclutas canta a viva voz el sentido de la tradición, lo hace de un modo teatral, mientras la escuadra de oficiales armados con arcabuces se acerca en una marcha a ritmo del tambor.

Nos apresuramos a alcanzar un puesto donde poder visualizar el evento, pero llegamos un poco tarde.  Hay mucha gente reunida para ver el espectáculo.  Otro intento nos conduce hacia un costado de la Fortaleza, donde las escaleras suben a la parte alta.  Pero un hombre nos impide el paso, nos solicita la boleta que incluye, además de un trago, algo que no dice el cartel de la entrada:

Lo siento, sin la boleta de 1 CUC no pueden subir al mirador. Sucede que este cobro estaba encima del precio normal de entrada.

Jorge Milanes

Jorge Milanes: Soy animador turístico y relacionista público. Hace 45 años que nací en un pequeño pueblo costero del este de la Habana llamado Cojímar. Me gustan mucho los viajes y las aventuras, ya conozco bastante sobre mi país y me gustaría conocer otras naciones. Disfruto leer, cantar, bailar, la alta cocina y hablar con gente interesante, que brinde sabiduría y alegría.


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