El teléfono y la rebambaramba

Jorge Milanes

Edificio de La Habana. Foto: Ihosvanny

Yo no tengo problemas con el teléfono, pero conozco las vicisitudes de mucha gente que no tiene este aparato en sus casas y que resulta tan necesario en esta era moderna.

El mes pasado, un compañero mío vino con la noticia de que a su zona de residencia había llegado la asignación de teléfonos.  Él había entregado su planilla y tuvo la suerte de que se lo otorgaran.  Bueno, la suerte no, sino el mérito por ser su padre combatiente internacionalista.

Con todo, en el barrio se armó la rebambaramba.  Hubo gente que se fue a los piñazos, otra que sacó trapos sucios: «Fulano no baja al trabajo voluntario.” «Mengano vende comida pá la calle sin impuesto», «Esperanceja no tiene mérito ninguno»; en fin, lo que había allí era «un quítate tú pá ponerme yo.”

Sin embargo, lo más tremebundo ocurrió días atrás.  La llamada de una de las oficinas de la Empresa telefónica de Cuba puso en alerta a la población.  Había que ir a las 4 de la tarde al Supermercado, lugar donde se iba a efectuar el contrato de los nuevos clientes en el servicio de telefonía fija.

La noticia corrió de boca en boca y pronto se reunieron más de noventa personas en el portal de ese Supermercado que sabe de infinitas colas, casi desde su construcción.

Me contó además que una vecina corrió a avisar a su madre.  Ante la inesperada información, esta última titubeó, pero agradeció la carrera de la exhausta mujer, aun sin estar segura de ir al Supermercado hasta no convencerse de que era cierto.  En verdad intuía que podía tratarse de una broma.

Al rato, la vecina volvió a la casa y gritó: 

_ ¡Es mentira!¡Hoy es 28 de diciembre!¡Día de los Inocentes!…

Jorge Milanes

Jorge Milanes: Soy animador turístico y relacionista público. Hace 45 años que nací en un pequeño pueblo costero del este de la Habana llamado Cojímar. Me gustan mucho los viajes y las aventuras, ya conozco bastante sobre mi país y me gustaría conocer otras naciones. Disfruto leer, cantar, bailar, la alta cocina y hablar con gente interesante, que brinde sabiduría y alegría.


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