Círculos y “Círculos” infantiles

Irina Pino

Un círculo infaníl estatal. Foto: radiorebelde.cu
Un círculo infaníl estatal. Foto: radiorebelde.cu

HAVANA TIMES — Cuando mi hijo cumplió el año yo no tenía trabajo, sin embargo, por una funcionaria que conocía mi esposo conseguimos el Círculo Infantil. Esto fue a finales de los noventa, todavía no existían los círculos particulares autorizados. Posteriormente comencé a trabajar.

Pero aún con 14 meses, el niño no caminaba, tampoco se admitían párvulos, como en décadas anteriores, por lo que tuve que esperar a que caminara y mantuviera la estabilidad.

Cuando ingresó en la institución estatal, fue bastante complicado, pues no se adaptaba y había que recogerlo a las 12 del mediodía, se la pasaba llorando, extrañándonos. Lo cual es normal en los pequeños que se despegan de sus hogares.

La atención de las cuidadoras, o “las seños”, como les dicen usualmente, no era nada pedagógica, solían gritarle a los chicos y algunas le daban nalgadas, claro sin que los padres lo supieran. A veces cuando llegaba a recoger a mi hijo, notaba que le habían lavado la cabeza, lo cual me desagradaba; una de las advertencias que le había dicho a una de aquellas cuidadoras fue que no lo bañara, y menos aún le lavara la cabeza. Ella me decía que no, que simplemente se la había mojado con un paño para refrescarlo.

Un día que llegué de improviso lo vi: tomaban a los niños que estaban un poco sucios y los metían de cabeza en unos lavaderos del patio para bañarlos con agua fría, luego los secaban con cualquier toalla. Mi hijo se enfermaba con frecuencia, y tuvo una crisis diarreica que hubo que tratarle con secnidazol, medicamento que por aquella época solo se vendía en moneda convertible.

En mi trabajo me enteré que en un círculo se había ahogado un niño por accidente, al meter su cabecita en un cubo de limpiar que se hallaba en un salón. En otro se descubrió que se robaban la comida de los niños, dándoles la mitad de la ración que les tocaba. Aunque ninguno de estos hechos salieron en la prensa, me conmovieron, e hicieron que siempre estuviera alerta, hasta llegué a hacerle regalos a la educadora para que cambiara su actitud con mi hijo y estuviera pendiente de él. Esa mujer lo asustaba, se notaba que él le tenía miedo, ya que en cuanto se la mencionaba ponía cara de que en cualquier momento rompería a llorar.

Por otro lado, las pésimas condiciones de uno de los salones del piso superior, que tenía las ventanas y puertas rotas, constituían un peligro para los infantes. En varias ocasiones hablé con la directora y le expliqué de aquella situación, pero siempre me daba evasivas, alegando que apenas tenían presupuesto para reparar la edificación. Paralelamente, donde se ubica este círculo, situado en la calle 5ta Avenida y 20, Miramar, zona de embajadas, se observaba la diferencia con los otros inmuebles, arreglados y pintados.

A los niños los dejaban jugar en el patio, pero en realidad no les ponían a realizar juegos didácticos para su aprendizaje. Retozar y correr era casi todo lo que hacían.

Hace poco visité un círculo particular, donde cuidan a la hija de una amiga, y pude ver como esa trabajadora llevaba su negocio. La disciplina, los juegos didácticos, la extrema limpieza del local, que incluye quitarse los zapatos en la puerta (los niños tienen sus propio calzado en aquel espacio), las hermosas láminas en las paredes, juguetes, mesitas con sus sillas, libros de colorear, y muchas más condiciones que ella ha creado para la buena estancia de los pequeños, hacen que los padres estén dispuestos a costear los 15cuc mensuales.

Les enseña educación formal: dar los buenos días y las gracias, compartir entre ellos los juguetes, normas de convivencia para el desarrollo futuro. Además, se hacen concursos de canciones, juegos, y se recitan poemas.

Allí, no es solo cuidar, sino enseñar valores espirituales. A los niños les encanta estar en ese ámbito de amor, incluso los fines de semana les preguntan a sus padres si pueden ir a la casa de tía Elena, como cariñosamente la llaman.

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.


One thought on “Círculos y “Círculos” infantiles

  • el 11 noviembre, 2014 a las 8:12 pm
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    Y si vieras os círculos infantiles de los altos funcionarios del Estado que pensarías?

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