Cuba en Marcha

Foto tomada en Cojimar: Irina Echarry

Por Irina Echarry

HAVANA TIMES – Varias personas angustiadas me han comentado más o menos esta idea: “si pudiera les diría que no salgan a la calle ese día, es muy triste lo que va a suceder, los van a masacrar, será todo el poder del Estado sobre civiles indefensos”.

Obviamente se refieren a la Marcha Cívica por el Cambio, la iniciativa convocada por el grupo Archipiélago para el 15 de noviembre en varias provincias del país.

Y es lógico que el miedo reine en una sociedad donde un partido determina a su antojo la vida de todos los ciudadanos; donde querer libertad de expresión es sinónimo de ser mala persona y disentir te cuesta la libertad, el trabajo, la tranquilidad y hasta las amistades.

Como es habitual, el gobierno/partido no ha sabido lidiar con una convocatoria surgida espontáneamente desde la sociedad civil, y ha desatado toda una campaña de descrédito, acoso, despidos laborales, amenazas, interrogatorios, mítines de repudio y acusaciones de todo tipo hacia los integrantes de Archipiélago.

Cada día los medios oficiales publican algo negativo sobre sus principales figuras, sin importar cuán burdo lo hagan. Así, han manipulado videos, audios, han hilvanado (mal) los capítulos de una telenovela barata para desacreditar, por ejemplo, a Yunior García, uno de los coordinadores.

Es sorprendente cómo apelan al absurdo para ligarlo al gobierno de Estados Unidos, aunque el propio Yunior ha declarado que ningún gobierno tiene que ver con la marcha ni con el grupo.

Incluso “desenmascaran a un agente encubierto” para que diga su testimonio carente de argumentos, sin pruebas objetivas, y hacen el show mediático a golpe de lagrimitas y palabrería hueca.

Muy pocos se creen ese ridículo, pero el gobierno continúa aferrado a su viejo discurso de incriminar a Estados Unidos, opacando la iniciativa ciudadana y minimizando nuestra inteligencia.

Han estirado la cuerda y alegan “provocación” o “injerencia en los asuntos internos del país”, pero resulta que son cubanos quienes quieren el cambio y la iniciativa está respaldada por otros miles de cubanos más que viven dentro y fuera de la isla. El gobierno no esperaba que la idea de la marcha calara tanto y tan rápido entre la población. 

Las redes sociales, los periodistas independientes y los activistas se han encargado de reafirmar lo que era un secreto a voces: la casta dirigente privilegiada vive por encima del pueblo que los mantiene en el poder. Y la gente está indignada, no solo viven mejor que todos nosotros, sino que no lo ocultan, en un contexto de carencias y precios desorbitados.

La llamada “tarea ordenamiento” -con sus estantes vacíos y la inflación ascendente- vino a abrir los ojos de muchos.

Después del 11 de julio la vida en Cuba es diferente. Se nota en las calles, en las colas, donde quiera que haya más de una persona, aunque el discurso oficial hable de alegría e intente dar una imagen de continuidad; la gente no es la misma. Las exageradas condenas a los manifestantes de julio (incluyendo varios menores de edad) no hacen más que enardecer, enfadar y entristecer al pueblo.

Ahora mismo muchos países dirigen su mirada hacia Cuba, así como la Unión Europea y la Oficina de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Dentro de la Isla se han pronunciado a favor de la marcha varios sectores de la ciudadanía. No se trata de poner bombas en un cine ni asaltar una unidad militar, es una caminata pacífica, algo que ocurre en cualquier rincón del mundo con asiduidad.

Si la marcha sucede o no, ya nos trajo algo maravilloso. Ha puesto a los del alto mando a temblar, y al resto de los cubanos a pensar, a observar críticamente la habitual maquinaria obsoleta desplegada por el gobierno contra quienes osan pensar distinto, solo para mantenerse en el poder y seguir disfrutando de los privilegios que este otorga.

Incluso, hay quienes no están de acuerdo con la marcha y se asombran del performance gubernamental para obstaculizarla.

Lo que más lacera el tejido social es la doble moral, las personas que no creen ya en la revolución, pero le siguen el juego para no perder el trabajo o la escuela, para no “señalarse” en la cuadra. Y lo peor es que algunos son capaces de hacer horrores sin distinguir entre familia, amigos, vecinos o enemigos reales.

Ojalá no ocurra la masacre que algunos vaticinan.

Cuando es tan grave que las personas piensen, imaginen otros modos de vivir, exijan respeto a tener derechos, reclamen la libertad de quienes están presos injustamente o caminen en contra de la violencia; indiscutiblemente es necesario un cambio.

Lea más del diario de Irina Echarry aquí.

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.


2 thoughts on “Cuba en Marcha

  • el 13 noviembre, 2021 a las 1:06 pm
    Permalink

    Me espero, como siempre, las hordas que ellos llamaban en su prensa oficialista “masas enardecidas”.
    Mas incivil y primitivo es imposible de imaginar. Cuando la realidad supera la imaginacion, ahi aparece Cuba.

  • el 13 noviembre, 2021 a las 10:18 am
    Permalink

    Aunque no haga marcha ya hay algo, nunca será como antes del 11J, ese día se rompió el encanto ficticio de una revolución apoyada por todo el pueblo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *