Pirámides en Cuba, pirámides de Egipto

Graham Sowa

El mercado de Cuatro Caminos. Foto:en.wikigogo.org

HAVANA TIMES – A las 24 horas de llegar a Cuba, casi tres años atrás, llegué  a las siguientes conclusiones sobre la sociedad cubana en general: se puede fumar en cualquier lugar, incluso en el aeropuerto y en transportes públicos, gritar desde grandes distancias es una forma de interacción social aceptada, y no se acepta delatar a quien robe algo de su trabajo, no importa lo obvio que sea.

Esta semana, el presidente Raúl Castro, en un momento de sincera introspección cultural, alertó a todos los cubanos de que su gobierno estaba dispuesto a intentar restaurar la honestidad, la decencia, el decoro, y la sensibilidad en la sociedad cubana.

El plan que tiene para ello se apoya únicamente en la política económica para redistribuir la riqueza de la clase estafadora a la clase obrera.

Desde que comenzó el Período Especial, y la consiguiente promoción del turismo como solución a la economía post-soviética, los trabajadores recompensados ​​ más generosamente son aquellos que tienen muy poca responsabilidad, o infringen la ley.

Es a esto a lo que se refieren los cubanos cuando hablan de la “pirámide invertida.

Las personas que toman trabajo de gran responsabilidad, no tienen tiempo libre para trabajar en otro sector que paga en moneda dura (por lo general el turismo), ni su trabajo les da acceso a mercancías que puedan llevar a casa (por la puerta trasera) y revender.

El hecho de que la pirámide quedara invertida es, en primer lugar, una gran metáfora arquitectónica por el fracaso absoluta de la planificación estatal.

Desde que comenzó el Período Especial, y la consiguiente promoción del turismo como solución a la economía post-soviética, los trabajadores recompensados ​​ más generosamente son aquellos que tienen muy poca responsabilidad, o infringen la ley.

Durante los anteriores veinte años la sociedad cubana, actuando lejos de la “línea del partido” oficial, ha apartado la pirámide socioeconómica, bloque a bloque, y la montaron otra vez al revés. Todo el mundo participa, aunque les guste o no.

Para ilustrar lo anterior: el mes pasado estaba comprando huevos cerca de Cuatro Caminos, un gran mercado de La Habana. Como en el puesto estatal no había huevos, tuve que comprarlos en la calle, a un revendedor de huevos que los había adquirido ilegalmente con  anterioridad.

En algún momento durante nuestra operación tuvimos que escondernos detrás de una escalera oscura, porque el vendedor  estaba siendo vigilado por policías vestidos de civil.

No quiero tener que comprar huevos como si estuviera comprando cocaína, mucho menos de alguien que se aprovecha de los demás para subir el precio de un producto básico del que dependen  millones de personas como fuente de proteína. Pero estoy obligado a participar en esto, de lo contrario no habría huevos para mí.

Si hasta los huevos son un elemento del mercado ilegal, es evidente que el Estado ha perdido el control de una parte considerable de la economía, no importa cuán profundo y brillante sea la planificación centralizada.

Ahora el presidente Castro quiere corregir los errores corrigiendo la pirámide.

Los primeros movimientos de los últimos años han sido lograr que la actividad económica, que previamente era ilegal, esté bajo la regulación gubernamental.

Esto incluye la lista de las actividades económicas privadas aprobadas, que van desde la apertura de puestos de venta de limonada hasta la venta de automóviles y casas, incluyendo la más reciente propuesta de permitir a los trabajadores formar colectivos.

Pero si realmente el objetivo es acabar con la pirámide invertida, el gobierno tendrá que perseguir a los que evaden las leyes y continúan socavando la economía popular.

Si hasta los huevos son un elemento del mercado ilegal, es evidente que el Estado ha perdido el control de una parte considerable de la economía, no importa cuán profundo y brillante sea la planificación centralizada.

La política del buen policía, haciendo más espacio en la economía para diferentes tipos de actividades, deberá combinarse con la rutina del policía malo, que castiga a las personas que se niegan a seguir las nuevas reglas.

El proceso será una tarea a largo plazo.

La pirámide tendrá que ser desmontada y reconstruida bloque a bloque. Se necesitará de un trabajo pesado, especialmente cuando se trate del fenómeno de la doble moneda.

Incluso si todo en la economía funcionara bien, esto no es garantía de que las prácticas sociales cubanas de encender un cigarrillo en cualquier lugar, conversar a gritos, y robar en el centro de trabajo, cambiarán para mejor.

En mi opinión, por torpe que parezca, esta pirámide invertida tiene una base profunda que no se rompe con solo cambiar la economía.

Por supuesto, con tanto hablar de las pirámides, parece lógico consultar con Egipto cómo se puede avanzar. Pero mirando las noticias recientes de ese país del norte de África, dudo que muchos en el gobierno cubano tengan interés en seguir su ejemplo.

 


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