Para qué estamos listos los cubanos

Francisco Castro

Foto: Kate Forrester

Hace poco tuve el privilegio de asistir a la presentación especial y debate del filme “Memorias del desarrollo,” del realizador cubano radicado en Estados Unidos, Miguel Coyula, inspirado en la novela homónima de Edmundo Desnoes.

Esta presentación se realizó en el espacio de debate “Ver para creer,” de la Asociación de cine, radio y televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.  El debate se realizó con la presencia del realizador y algunas personalidades de la intelectualidad cubana.

El relato de esta película se entrega mayormente a través de asociaciones de imágenes, sonidos y textos, que la afilian al pastiche de la plástica y a un lenguaje de cine puramente digital, lo que hace que muchos de sus discursos pasen inadvertidos en un primer visionaje.

Sin embargo, no pasan inadvertidas algunas líneas temáticas que se acercan a la realidad histórica y social de Cuba, desde los 60 hasta los primeros años del siglo XXI, o sea, la etapa de la Revolución en el poder.

Críticamente el cineasta disecciona, con un escalpelo, esta realidad, muestra sus entrañas, las más escondidas, las que poseen el tufo del error, de la verdad jamás contada, y logra exponernos un cuerpo increíble y admirablemente humano. Sí, la Revolución fue traída y es desarrollada por humanos, y como tal yerran, tanto como triunfan.

La película no se detiene solo en Cuba. Analiza también la historia y la sociedad estadounidenses, lugar en el que se exilia el protagonista -porque, a pesar que reconoce los grandes logros de la nueva estrategia cubana, también vio los resbalones, y se cansó de que le dictaran lo que tenía que decir y hacer. De modo que el filme se convierte en una especie de gran autopsia que arroja resultados, si no esclarecedores, al menos que horadan el camino a la duda, al diálogo, al entendimiento.

El debate transcurrió por superficies planas y poco resbalosas, quizás porque la mayoría del público especializado no se identificó plenamente con el conflicto de desarraigo e inadaptación del personaje protagónico. Pero un comentario llamó mi atención, ya que indagó en la posible recepción que pudiera hacer un espectador medio, del discurso que la película ofrece, con un lenguaje quizás un tanto ajeno a lo que está acostumbrado. Y cuestionó el hecho de que la película no fuera a ser aceptada en el próximo Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, debido a que los cubanos no estamos preparados para recibir un discurso como ese.

Luego de más de medio siglo de educación gratuita y de alta calidad; de publicar la más selecta literatura cubana y universal (y la menos selecta también, por supuesto); de acceder a información actualizada por diferentes medios de comunicación; de haber comenzado el ambicioso proyecto de convertir al pueblo en el más culto del mundo; luego de todo eso, ¿para qué estamos listos los cubanos?

¿Cuándo vamos a poner en práctica toda la teoría que hemos inculcado?, ¿cuándo vamos a ver el fruto de tantos años de esfuerzo?, ¿cuándo dejaremos de subestimarnos?

O quizás, la pregunta deba ser: ¿cuándo perderemos el miedo?

Francisco Castro

Francisco Castro: Todo se vuelve más simple cuando uno cruza la línea de los treinta años. Que no significa que sea más fácil, sino más bien, todo lo contrario. Ahí estoy yo, del otro lado de la línea, tratando de averiguar, con lo poco que sé de arte, política, economía…, vida, cómo seguir sin romper algunos juramentos que parecían esenciales, cómo no claudicar, cómo hacer de los años vividos, un faro hacia el futuro.

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