La dolorosa purga de la colonialidad

…el capitalismo moderno/colonial ha entrado en una fase de estancamiento y decadencia. Ya no produce, ni producirá más empleo, ni más salario, salvo precarizado y flexibilizado. Un nuevo horizonte está emergiendo en donde se pasa de la simple resistencia a la creación de formas alternativas de vida.  -Aníbal Quijano

Erasmo Calzadilla

Los países con las más grandes reservas de crudo ya han pasado el pico de producción.

HAVANA TIMES — Desde las luchas independentistas hasta la actualidad el debate político cubano* ha girado en torno a la pregunta “¿qué ruta seguir para dejar atrás el colonialismo e insertarnos satisfactoriamente en la modernidad?”

La Revolución del 59 pretendió hacer de Cuba un país soberano, independiente, escolarizado, industrializado, próspero, democrático, civilizado… moderno.

La deriva marxista-leninista durante la segunda mitad del siglo intentó ser un atajo, quemar algunas etapas para alcanzar lo antes posible la merecida y hasta ahora negada modernidad.

El proceso de reformas promovido por Raúl Castro busca la prosperidad vía liberación de las fuerzas productivas; o dicho de otra forma, retornar a la senda extraviada de la… modernidad.

Con el fin de la guerra fría parecía que, libre ya de trabas, la humanidad avanzaría paulatinamente hacia el desarrollo y el progreso. Los pocos focos de resistencia caerían ante las presiones del mercado, la fuerza persuasiva de los medios de comunicación y el discreto encanto de la vida moderna.

Hacia la segunda década del siglo XXI ya es evidente: las cosas no han salido como los optimistas esperaban.

El 4×4 de la civilización occidental está empantanado en el lodazal de un pozo de petróleo abandonado. Propulsar semejante artefacto, tan descomunal y sofisticado como ha llegado a ser, precisa de un plus de energía creciente que ya no está disponible.

Ahora mismo un grupo importante de países está siendo “expulsado” de aquel paraíso con trampas que fue la modernidad. No hablemos de Haití o Somalia, esos pobres que nunca vieron su cara bonita; otros como Siria, Irak, Egipto, Libia, Venezuela, Cuba, Ucrania, Grecia, México tocaron la estrella con la punta de sus dedos y hoy se alejan a toda velocidad.

Dos puertas de salida

Los hechos recientes nos enseñan que existen al menos dos maneras de abandonar el proyecto civilizatorio occidental; dos vías perfectamente diferenciables y con consecuencias sociales muy distintas: una en que el Estado colapsa y otra en que se hipertrofia.

En el primer caso podríamos incluir a Irak, Siria, Libia, Yugoslavia; Ucrania y México se acercan peligrosamente. Los señores de la guerra, las mafias, las naciones, las etnias, las provincias u otros actores que luchan por el poder terminan quebrantando la hegemonía del Estado; la región se torna convulsa, ingobernable y frágil ante vecinos malintencionados.

Cuba, Venezuela, tal vez Egipto y Rusia han tomado una senda contraria: ante las amenazas y agresiones el Estado se fortalece pero la democracia, esa flor tan frágil, no sobrevive al conflicto.
En abstracto diríamos que ambas vías son caras opuestas de un mismo fenómeno; en la concreta señalar que la segunda, porque no implica guerra, es menos terrible para la gente.

Entre los que salen de la modernidad vía Estado hipertrofiado algunos, como Venezuela y Cuba, se hacen llamar socialistas (estilo paternalista), defensores del pueblo. Creo que algo de cierto hay en ello.

Pero no quiero detenerme a discutir sobre ello; prefiero detenerme en otro aspecto. Resulta que, a causa de sus “virtudes” intrínsecas y por las agresiones que sufre, la economía de los “socialistas” suele ser de poco vuelo. Eso que parece una debilidad del sistema se convierte en fortaleza desde la perspectiva de un cataclismo civilizatorio inminente. Porque el que menos tenga, el acostumbrado al aislamiento y la escasez, menos perderá y menos sufrirá. Ya lo decía Fidel Castro: “nuestro pueblo es el más preparado del mundo para afrontar una crisis”.

Conclusión

El sueño bonito de la modernidad se aleja irremediablemente. Como buenos adultos que somos nos toca afrontar la realidad y buscar la manera menos desastrosa de aterrizar.

¿Existirá alguna tercera vía, algún modo de evitar el caos sin recurrir al Leviatán? ¿Algún pueblo, nación o comunidad antigua o contemporánea que nos sirva de referente.

Si regresamos al pasado y hay chance de escoger, preferiría vivir estilo Taino o fugitivo en un palenque; nunca de colono y de ninguna manera esclavo o siervo de algún señor feudal. Pero a mí no me hagan mucho caso, yo soy un poco díscolo.

 

Erasmo Calzadilla

Erasmo Calzadilla: Qué difícil me resulta introducirme en público; lo he intentado muchas veces pero no me sale. Soy más menos lo que aparento en mis post, añada algunas cualidades impresentables y revuelva; con eso debería bastar para un primer acercamiento. Si quiere profundizar un poco más pídame una cita y espere respuesta.


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