El Fantasma del “Comunismo” Camina por La Habana

Esteban Diaz

Me ha ocurrido con bastante frecuencia, al dialogar con cubanos, llegar a congeniar bien en lo referente a la necesidad de un mayor desarrollo social y político en Cuba. Esto se produce cada vez más frecuente y me hace sentir en sintonía con parte del pueblo trabajador cubano, ya que en su gran mayoría lo son.

Se tocan temas que busquen aumentar:

  • La lucha contra la burocracia nacional.
  • La participación de los trabajadores en las decisiones relacionadas con el rumbo del país.
  • La combinación de la agricultura y la industria; medidas a hacer desaparecer gradualmente las diferencias entre la ciudad y el campo.
  • La industrialización para disminuir las importaciones que liquidan la economía nacional.
  • Las informaciones en todos los medios de comunicación en lo referido a los problemas de la vida cotidiana de todos los trabajadores y demás grupos sociales; junto con todos acontecimientos actuales de los procesos revolucionarios del mundo, en mayor medida desde las bases de las organizaciones de los trabajadores.
  • La colectivización de la economía.
  • etc., etc…

En general me quedo satisfecho al participar en ciertos debates junto con los cubanos, claro esta, que lo que yo expongo arriba lo he organizado a forma de conclusiones, pero en síntesis, todo ronda por la mismas ideas.

A nadie, que este familiarizado con la teoría marxista, le sorprendería estas conclusiones para el desarrollo de un país socialista.

Lo cierto es que no son las conclusiones las que sorprenden a la mayoría de los cubanos, sino, el hecho que les confiese que, ¡OOOOH, HORROR!!! soy comunista.

Este hecho ha sido causa de alarma por parte de la mayoría de los cubanos a la hora de acercarme a ellos.

Esto no hace más que confirmar el desprestigio que se ha creado alrededor de este movimiento político, y no es más que la tergiversación creada por el estanilismo con sus conductas burocráticas, cambiando elcentralismo democrático por el centralismo burocrático y verticalismo absoluto que destruye una verdadera democracia proletaria.

Pero no hay que confundir, el pueblo no esta en contra del marxismo, sino de los que llevan sus banderas y boicotean sus teorías con sus prácticas inconsecuentes.

En medio de tanta fobia “organizada” solo me queda la práctica revolucionaria del trabajo de hormiga, seguir acercándome a los trabajadores y aprender mutuamente con ellos.

Pero si no logramos romper la barrera subjetiva y objetiva que separa la teoría de la praxis nos perderemos en el empirismo.

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