Cuestionando a Honduras

Por Ben Anson

HAVANA TIMES – Mi amado difunto abuelo y yo solíamos ver películas juntos cuando era niño. Películas de absolutamente todo tipo. Desde el cine negro francés hasta las realizadas para la televisión británica en los años 80 y 90.

Recuerdo una antigua y maravillosa película titulada “El juego más peligroso”. Se realizó en 1932 y fue protagonizada por grandes estrellas del pasado como Joel McCrea y Leslie Banks. El personaje de Bank era el infame y sádico pícaro Conde Zaroff, un ruso loco pero encantador obsesionado con la caza. El mismo dice una serie de frases memorables durante un punto inicial de la película: “¡La caza estaba empezando a aburrirme! Cuando perdí mi amor por la caza, perdí mi amor por la vida, por el amor”…

Hace poco estuve debajo la ducha, mientras el agua tibia recorría todo mi cuerpo. Jadeé levemente y me di cuenta de que “Honduras estaba empezando a aburrirme”.

Nunca pensé que llegaría ese día, nunca pensé que sería yo quien pronunciaría esas palabras. Este ha sido un lugar más que especial para mi corazón y mi alma desde mi primera visita a los dieciocho años. Ahora tengo veinticinco. El tiempo vuela … especialmente cuando estás enamorado de Honduras.

Sin embargo, a veces estos pensamientos son fugaces, los he sentido antes.

“Dicen que Ends* (el barrio) te ama, luego te odia, luego te vuelve a amar”. Kano, rapero / actor británico jamaicano en su sencillo “T-shirt Weather in The Manor”.

* “Ends” es un término de jerga acuñado por los jóvenes británico-caribeños en Inglaterra. Es el equivalente de “the hood” (el ghetto) para sus contrapartes afroamericanas.

Lo menciono porque Honduras tiene una forma de amarme, odiarme y luego amarme nuevamente. Por supuesto, soy yo quien lo ama y lo odia. Un barrio o un país son totalmente indiferentes a nuestros sentimientos. Sin embargo, supongo que el atrevido Kano y yo sabemos a lo que nos referimos.

Cabe mencionar que la pandemia y los dos huracanes (Eta y Iota) no han ayudado en nada. La nación ha sufrido terriblemente, y se nota. Nunca antes había mirado ni pensado en Honduras como lo hago hoy. Esta sensación surgió de la noche a la mañana. Me desperté un día y comencé a ver las cosas de manera diferente. Lo que solía motivarme ya no lo hace.

Sí, muchas personas siguen siendo tan sociables, amistosas, serviciales, amables, acogedoras y nobles como lo fueron desde que llegué aquí. Sin embargo, los aspectos negativos están comenzando a pesar más que los positivos. Las pequeñas cosas me afectan. Y cuando las pequeñas cosas nos afectan, estamos a punto de perder el control ante el más mínimo problema. Lo explicaré.

Me siento verdaderamente cansado de caminar por las calles y se me queden mirando. Permítanme decir que no soy el “más blanco”, ni mi cabello un rojo o rubio sorprendente. Mis rasgos castaño-oscuros son compartidos por muchos latinos. Sin embargo, hablando francamente, quizás yo sea más “latino” que los residentes del oeste de Honduras. Su herencia autóctona no se puede negar. Pero cualquier cosa alta y blanca se mira aquí como si fuera el Coronavirus en patineta.

Peor aún, hay imbéciles que te gritan porque saben una o dos palabras en inglés. Constantemente te paran desconocidos en la calle y te dicen “¡qué pasa hermano!” o “eh, mano, ¿de dónde eres – ¡¿Alemania !?”

“No, no soy de la puta Alemania, ¿y qué más da?”

Me atrevo a desafiar al individuo más paciente a mantener una sonrisa después de lidiar por años con escenas como la siguiente. Estaba encajado en un asiento terriblemente pequeño en un autobús abarrotado de gente (hablaré de esto en un momento). Me sometí a un espantoso viaje de doce horas desde la costa del Caribe hasta las tierras altas occidentales. Mi ventana estaba abierta. Sentí por un momento escuchar a alguien desde muy atrás dirigiéndose a mí en inglés. Pero tenía un terrible dolor de cabeza y estaba muy cansado. No había espacio ni para mis piernas ni para mi en ese minibús caluroso, ruidoso, super abarrotado y diminuto. Por lo que ignoré los sonidos y me quedé quieto.

No estaba de humor para charlar. Luego lo escuché de nuevo, y sí, alguien me estaba gritando. Escuché ‘señor’ muy claramente. Como no había ninguna necesidad de que me gritaran en ningún idioma, elegí seguir ignorando al idiota que lo hacía. Lo volvió a hacer, por tercera vez.

Una adolescente sentada a mi lado, sonrió nerviosamente y me tocó el muslo izquierdo antes de murmurar “le hablan”. “Están hablando con usted”. Balbuceando, poniendo los ojos en blanco y escupiendo “hijueputa”, volví un poco la cabeza. Entonces capté la mirada de un joven fornido que gritó “señor, ¿puede cerrar la ventana? ¡Hace mucho frío aquí, gracias!”

Algunos pueden pensar, bueno, tenía frío y fue educado a pesar de gritar y asumir que hablaba inglés solo por ser blanco. TODOS los hondureños lo hacen, no creo que hayan oído hablar de lugares como Eslovenia y Polonia. Sin embargo, se vuelve aburrida la necesidad de mostrar a todo un autobús que hablan inglés.

Probablemente, solo sea otro cabrón deportado. Alguien que se fue a los EEUU, se unió a una pandilla, traficó drogas y prostituyó niñas. Luego lo atraparon y fue enviado de vuelta a casa. Todos esos jóvenes con ese mismo acento callejero del sur de California, Texas, Louisiana, Nueva York o Florida fueron deportados por algo malo. Luego de años conociendo a estos individuos enviados a casa por golpear a sus esposas, robar, negociar, prostituir, etc., me siento en condiciones de asumir esta actitud.

Posteriormente, en un puesto de control, se bajan los hombres y son registrados por los soldados en busca de drogas y armas. Ahí tuvo el descaro de acercarse a mí y explicarme lo que estaba pasando. Confieso haber perdido la paciencia con un “¡Deja de hablarme hijueputa!”

Estos puestos de control también son un buen ejemplo de la pura estupidez que se ve a diario en Honduras. Los soldados solo registran a los hombres. Esto teóricamente significa que todas las mujeres y niñas en estos autobuses pueden llevar armas, drogas, etc.

Sin embargo, nadie dice nada, al igual que cuando los minibuses están peligrosamente llenos de gente, como sardinas en lata. Eso ocurre porque el conductor y su ayudante quieren ganar la mayor cantidad de dinero posible. Si el ayudante te dice que dejes al hijo de un extraño sentarse en tu regazo – entonces él o ella se sentará. No bromeo, lo he visto.

Les importa un carajo y, con toda sinceridad, en momentos como estos extrañas el primer mundo. Nadie se queja. Como me dijo un guitarrista de San Pedro Sula “los hondureños son los más obedientes, conformistas y cobardes que existen”. Sus palabras, no las mías.

También escuchas de todo de la gente aquí. Debido a la ignorancia, mala educación y falta de humanidad, escucharás conclusiones como estas en conversaciones tenebrosas. Un viejo vecino mío intentó suicidarse antes de Navidad, pero fue rescatado por los bomberos antes de saltar por un balcón. Sorprendido después de escuchar esto, le pregunté a varios amigos y conocidos si habían oído la noticia. Todos esos jóvenes respondieron con “qué idiota”, “qué perdedor”, “está loco, olvídalo” y “bueno, me importa un carajo, no es mi familia”.

Por lo tanto, si en mis momentos oscuros decido tomar tan terrible decisión, se dirían las mismas cosas sobre mi suicidio. Me hizo pensar …

Lo peor que escuché fue un comentario de un joven (si se le puede llamar así) después del asalto, ataque y asesinato a una estudiante universitaria en un autobus. Sucedió hace unos años por asaltantes enmascarados y armados. Su foto apareció en primera plana en los periódicos.

“Qué extraño realmente que la violaran. Ni siquiera era sexy “.

Los hondureños todavía tienen el descaro de culpar de todo a los colonizadores españoles que vinieron hace más de quinientos años. Todo lo que la mayoría sabe decir es: “Los españoles vinieron aquí y nos dejaron sin nada”.

Recientemente fui a la ciudad natal del más célebre escritor hondureño Ramón Amaya Amador. Es un individuo muy “anti-blanco”. Sus obras históricas fueron tan prejuiciosas que dudo que cualquier editorial Occidental lea más allá de los primeros capítulos. Especialmente ‘El Señor De La Sierra’.

Al comienzo del libro, las tribus hondureñas nativas se reúnen prometiendo no matarse más entre sí. Sí, antes de que llegaran los españoles, muchos indígenas amerindios se violaban, saqueaban y asesinaban entre sí. Necesitan unirse contra su enemigo común, el hombre blanco. Al aceptar, hacen las paces, consiguen que decenas de mujeres jóvenes semidesnudas (que así aparecen para la gratificación masculina) les sirvan comida y bebida. Luego un jefe da su hija a Lempira (héroe nacional indígena) para que disfrute de la virgen. y acepta su hermoso gesto de lealtad.

Como le dije a mi mejor amigo hace un tiempo, “no estabas exactamente haciendo nada antes de que llegaran los españoles”. No apruebo ni por un segundo la violación masiva, el saqueo y asesinato de la América Latina por las fuerzas europeas. Sin embargo, si los hondureños no eran santos en aquel entonces, ciertamente hoy todavía no lo son.

Existen pueblos enteros como Tela en la costa del Caribe, donde la mayoría no trabaja. Se sientan a esperar a que sus familiares trabajadores les envíen dinero desde el extranjero. No levantan ni un dedo. Una abogada me explicó una vez: “sabe que a muchas chicas jóvenes aquí les envían dinero hombres extraños en Internet a cambio de fotos y videos desnudas. No trabajan por un salario promedio. Pueden obtener rápidamente trescientos dólares de algún viejo gringo en Canadá por la Western Union “.

“En Honduras nos gusta el sexo y el dinero, el dinero fácil”, dice Jorge un contador. La generación joven padece de esta mentalidad. Algunas personas me han dicho que me busque una ‘mamita’ y me relaje …

Honestamente, si en algún momento de este año, alguien me dice en cualquier idioma “Hola Ben, tenemos esto para ti aquí, ven”, ciertamente lo meditaré y quizás iré. Sin embargo, siendo británico y con toda esta ridícula y suicida decisión del Brexit más la pandemia, parece mucho más fácil decirlo que hacerlo …

Quizás las cosas aquí empiecen a mejorar en unas pocas semanas, nunca se sabe.

Me gustaría terminar diciendo, los hondureños son y quizás siempre serán mis mejores amigos. Sin embargo, es la naturaleza humana pasar por cambios de pensamientos, sentimientos y fases. Les deseo a ellos y a su país lo mejor porque solo aquí se me permitió e incluso se me celebró por ser yo. Uno no puede simplemente cantar canciones de alabanza sin cesar. No obstante, esta es una publicación centrada en opiniones personales y confieso que han sido mis opiniones últimamente. Viva Honduras y que sus aspectos negativos disminuyan gradualmente.

Lea más del diario de Ben Anson aquí.

Ben Anson

"En el momento en que salgo (de un avión), noto que todo en mi cuerpo y en mi mente se reajusta para mí". Así lo comentó Gabriel García Márquez, cuando hablaba de su relación con el Caribe. Él sintió la conexión física y mental más fuerte posible con esta parte del mundo, y consideró que era "sepulcral" e inmensamente "peligroso" para él abandonar esa zona. Solo aquí "Gabo" se sintió "bien" con él mismo. Honduras hace eso conmigo -precisamente lo mismo que el Caribe hizo por Márquez. Una nación resplandeciente, pero problemática, de la que decididamente no he podido separarme desde 2014. Por lo tanto, trato de capturar su esencia a través de la palabra escrita.


2 thoughts on “Cuestionando a Honduras

  • el 27 enero, 2021 a las 4:19 pm
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    Así me dicen fijate.

  • el 15 enero, 2021 a las 2:26 pm
    Permalink

    Time to move on? Creo que Guatemala es más interesante

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