Lista de espera a la eternidad

Alfredo Fernández

De la película Lista de Espera.

En un lugar de La Habana de cuyo nombre, a pesar de mí, me tengo ahora que acordar, ocurren a diario los hechos. “La lista de espera de la terminal de ómnibus Nacionales”.

Resulta que  allí llevaban durmiendo, dos días con sus noches, una madre con su pequeño niño  que quería viajar a la provincia de Las Tunas a pasarse el día de las madres.  De repente, desde un altoparlante alguien llamó a la lista en que tres días atrás la madre se había anotado.

La joven mujer ante la concreción del hecho de viajar tuvo una alegría muy similar a la de un atleta que acaba de ganar un oro olímpico; ya que por fin se le haría realidad el difícil sueño de trasladarse hasta la distante provincia oriental sin antes haber reservado previamente el boleto.

De manera que una vez que la joven tuvo los pasajes en sus manos casi llora de la emoción.  Atrás quedaba una cola repleta de personas con mucha menos suerte que ella, quizás hasta tendrían que esperar tan señalado día en la mismísima terminal y apuntados en una “Lista de espera” lejísimo de sus seres queridos.

Por suerte, de lo único que no se carece en la “Lista de Espera” habanera es de compañía.  Estando  allí usted jamás experimentará sensación de soledad; pues si es de noche, estará acompañado de muchas personas, “ambulantes” sin hogar, que utilizan el local de dormitorio.

Durante el transcurso del día bien puede ser que algún tren desviado de La Estación Central  de Ferrocarril arribe a la ciudad por el mismísimo andén de “La lista de Espera.” volviéndose el espacio un sitio mucho más bullicioso de lo acostumbrado.

Por otra parte,  la oferta gastronómica en el local es en ambas monedas, corriendo, como ya es costumbre, la parte más lamentable a cargo de la nacional.

El salón no es climatizado pero tampoco se puede decir que éste carezca de ventilación, pues cada vez más su techo es menor, volándose pedazo a pedazo, ante el más mínimo viento, de manera que si lloviera mientras ocurre su interminable “espera.” usted podrá disfrutar de verdaderas cataratas artificiales, cortesías éstas de nuestro  Ministerio de Transporte.

En fin, el viaje bien pudiera decirse que empieza toda vez que usted arriba a la “Lista de Espera” con la intención de trasladarse  a otra
ciudad. La Lista de espera, por sus inconvenientes y  demoras, me recuerda a aquellas “diligencias” decimonónicas que recrearon muy bien los “Western” norteamericanos, donde una madre con su niño pequeño, era automáticamente al abordar el carruaje, un ser frágil y vulnerable, en un viaje que por su sufrimiento, parecía durar una eternidad.

 

Alfredo Fernandez

Alfredo Fernandez: No me fui de Cuba, pues uno no se marcha de donde nunca ha estado. Luego de gravitar por 37 años en esa extraña isla, logré pisar tierra firme, sólo para comprobar que no he llegado a ninguna parte. Quizás y nunca perteneceré a sitio alguno. Ahora vivo en Ecuador, pero por favor, no me crean del todo que ando donde digo, mejor localícenme en la Cuba de mis sueños.

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