Yo sí conocí a Hilda Oates

Dariela Aquique

Hilda Oates en Maria Antonia

HAVANA TIMES — Leyendo el post de mi colega Yusimí Rodríguez, dedicado a la excelsa figura de las tablas cubanas Hilda Oates Williams, con respeto, no me queda otra que disentir en algunos de sus apuntes.

En primer lugar no puede hacerse una glosa de alguien, por la visión que nos da un documental de media hora sin sondear otras fuentes, porque estaríamos haciéndonos eco de la visión del documentalista. Y que además como ella bien señala: (…) es un documental bastante convencional.

Quizás porque yo tengo unos años más de vida y estuve 16 de ellos trabajando como teatrista, haya tenido más oportunidades que mi camarada de acercarme a la obra de Oates (en vivo).

Todavía recuerdo como me emocionó aquella función en el teatro Martí de Santiago de Cuba, cuando el grupo Teatro Irrumpe en 1990 trajo a mi ciudad la primera versión teatral de Dos Viejos Panicos, de Piñera, bajo la batuta de Roberto Blanco y magistralmente interpretado por Hilda junto a Omar Valdes.

O como lamenté hasta hoy, haber llegado tarde a aquella función en el Mella durante el Festival Internacional de Teatro de La Habana, 1993; donde solo alcancé a escuchar como retumbaba en la sala su inigualable voz, diciendo el ultimo bocadillo: ¡….oh mar, oh mar devuélveme mi perla!

El desempeño actoral de la Oates, como le decían sus cofrades, no se limitó a la María Antonia de Eugenio Hernández Espinosa, o la Electra Garrigó y la Tota de Virgilio Piñera, ni a la Santa Camila de La Habana Vieja, de José Ramón Brene, ni a la madre de Bodas de sangre, ni al Poncia de La casa de Bernarda Alba, ni a la Yerma, ni a la Mariana Pineda de García Lorca, ni y a muchos roles más y a la naturaleza efímera del teatro. También se inmortalizó en el cine cubano, en filmes como Maluala (Sergio Giral-1979), Cecilia (Humberto Solás-1982), Patakín (Manuel Octavio Gómez-1982), y Habanera (Pastor Vega-1984). Asimismo en las novelas para la televisión Las honradas y El año que viene.

Si el cine y la televisión, por sus estándares estéticos no le permitieron hacer grandes protagónicos, en cambio el escenario le saldó esa deuda, porque Hilda Oates interpretó a casi todos los más grandes personajes de la escena nacional y mundial. Pero mejor aún, ella era de las consideraba que no existen personajes pequeños ni grandes, sino grandes o pequeños actores o actrices.

Por eso creo que Hilda Oate logró consagrarse, más allá de cualquier intento de discriminación que su color de piel y su avanzada edad pudieran motivar.

Integró grupos teatrales como el Conjunto Dramático Nacional, el Grupo Ocuje, el Teatro Popular Latinoamericano, el Teatro Político Bertolt Brecht, Teatro Estudio y la Compañía de Teatro Irrumpe. Fue dirigida por los más grandes managers del teatro en Cuba, como Vicente Revuelta, Raquel Revuelta, Berta Martínez, Roberto Blanco, Héctor Quintero, José Antonio Rodríguez, Armando Suárez del Villar y Nelson Dorr.

Se presentó en teatros de México, Venezuela, Colombia, Guadalupe, Estados Unidos, Canadá, España, Rusia, Bulgaria, Francia, Portugal y Gran Bretaña.

Su procedencia humilde y el haber sido sirvienta en una casa de blancos no fueron nada comparado con el insuperable talento que le abrió las puertas de una Escuela de actuación, coincidentemente junto a otras dos negras Elvira Cervera y Zoa Fernández, también consideradas grandes actrices de la escena y los medios cubanos.

Varios premio en festivales y concursos. El otorgamiento de la Medalla Alejo Carpentier del Consejo de Estado. Las Distinciones por la Cultura Nacional y la Raúl Gómez García del Sindicato Nacional de Trabajadores, abalaron su carrera. Pero la mayor ofrenda fue otorgarle en 2004, a solo cinco años de instituido el Premio nacional de Teatro, el más importante reconocimiento que se concede a los exponentes del quehacer teatral cubano por el conjunto de su obra.

Nacida en la pródiga tierra de Guanabacoa, igual que Ernesto Lecuona, Ignacio Villa (Bola de Nieve) o Rita Montaner, Hilda Oates estaba destinada al éxito. Medio siglo de carrera y el sentido aplauso del público, por anónima que sea la profesión teatral, no podrían hacerla jamás una desconocida.

A la generación de mi colega y a los más jóvenes, les basta con leer algunos números de las revistas Tablas o Conjunto. O solo acercarse a cualquier teatrista o un habanero asiduo al teatro y preguntar por Hilda Oates.

 


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